lunes, 16 de octubre de 2017

Las mentiras del 17 de octubre

“Si el coronel Perón no fue parte del plan para su remoción, en un esfuerzo por hacerlo un mártir y por lo tanto más agradable para los votantes civiles, entonces su remoción será para mejor de los argentinos. Pocos sucesores podrían tener sus talentos demagógicos”.
Artículo de Arnaldo Cortesi, 
“New York Times”, 11 de octubre de 1945.

Perón da inicio a una de las más grandes farsas de la historia argentina: el 17 de Octubre de 1945.


Por más de 70 años, un aura romántica y misteriosa envolvió a hechos y protagonistas del histórico 17 de Octubre de 1945. Presionada, y en un claro intento de presentar los hechos como una espontánea demostración popular en favor del supuestamente detenido coronel Juan Domingo Perón, la dictadura fascista filo nazi argentina, se verá obligada a reinventarse mediante una insospechada movida destinada a simular un cambio para que nada cambie en realidad. Desde las sombras, y con el aporte de millones ingresados clandestinamente al país por los nazis, el "Día de la Lealtad" peronista fue pacientemente orquestado y se transformó en una de las más grandes farsas de la historia argentina. Todos los detalles, en este fragmento de uno de los capítulos de mi libro "La agente nazi Eva Perón y el tesoro de Hitler" (Sudamericana - 2017).


(...) Apenas había pasado un día desde el quincuagésimo cumpleaños de Perón, cuando el 9 de octubre un grupo de camaradas de la guarnición de Campo de Mayo exigió su renuncia ante Farrell, dando inicio una de las mayores operaciones de engaño de la historia argentina con una movida magistral que pretendió simular un cambio para que nada cambiara en realidad. En la designación de Oscar Nicolini al frente del Ministerio de Correo y Telecomunicaciones (llegado por recomendación de Eva Duarte), cierto sector del ejército creyó ver el primer intento de Perón por lograrlo.
La idea era simple: desde su puesto Nicolini podía manipular el recuento de votos de un futuro proceso electoral que Perón ya comenzaba a planear en su propio beneficio, siendo ese el detonante para que oficiales del ejército representados por el General Eduardo Ávalos presionara a Farrell pidiendo la dimisión del cuestionado vicepresidente y super ministro de la Nación.
Claro que detrás de la movida había un plan perfectamente orquestado, ya que -pese a verse obligado a renunciar- el 10 de octubre Perón pudo despedirse de “sus” trabajadores frente a la Secretaría de Trabajo y Previsión no sin antes anunciar un masivo aumento de sueldos y la implementación del salario mínimo vital y móvil, operación extrañamente coronada con el discurso del “renunciante” transmitido a través de la radio por el propio Nicolini en cadena a toda la Nación; para luego pasar por la Jefatura de la Policía Federal despidiéndose figuradamente del Coronel Filomeno Velazco y retirándose poco después con la más maravillosa música que hasta entonces habían escuchado sus oídos: no era la voz del pueblo argentino; sino la de los adictos agentes policiales que lo despidieron al grito de ¡viva Perón!.
Acto seguido, emisarios antiperonistas visitaron a Hortensio Quijano (Ministro del Interior) presionándolo para que relevara de la jefatura policial al filo nazi Velazco; sin advertir que –en otra hábil maniobra- se designaba en su reemplazo al Coronel Aristóbulo Mittelbach, otro fiel ladero de Perón.


Perón y Farrell activan la conspiración. Fieles seguidores de Perón.


Mientras el 11 de octubre el pueblo tomaba las calles reclamando por el mantenimiento de las conquistas sociales a punto de ser arrebatadas bajo la consigna de “fuera los nazis del gobierno” con el firme propósito de exigir la entrega del mismo a la Corte Suprema de Justicia; también había quienes estaban debidamente advertidos de la movida, entre ellos Arnaldo Cortesi (corresponsal del “New York Times” en Buenos Aires) encargado de hacer una acertada lectura de la situación al escribir “que el remedio -su forzada partida en manos del grupo de oficiales del ejército de quienes había derivado su poder- sea mejor o peor que la enfermedad peronista que él ha infligido al pueblo argentino, queda por verse. Si el coronel Perón no fue parte del plan para su remoción, en un esfuerzo por hacerlo un mártir y por lo tanto más agradable para los votantes civiles, entonces su remoción será para mejor de los argentinos. Pocos sucesores podrían tener sus talentos demagógicos” [1].
Su descripción de los hechos iba en perfecta  sintonía con lo expresado en un documento enviado por el Departamento de Estado norteamericano a funcionarios de la embajada y agentes del FBI apostados en Buenos Aires en el cual se informaba que “el fracaso en eliminar intereses e influencia de las potencias del Eje y una actitud benigna y simpatizante para con un reestablecimiento de la organización alemana y su influencia en las repúblicas americanas, son factores importantes en este análisis” –agregando que- “organizaciones argentinas y ciudadanos a título personal han expresado su condena a los abusos en contra de los derechos constitucionales y las libertades civiles. A importantes agentes nazis, de los cuales el Departamento (de Estado) posee abundante evidencia incriminatoria, se les ha permitido permanecer libres a pesar de las repetidas protestas hechas por este gobierno para que sean arrestados”.


¿Premonición? "Mañana llega Perón", avisan los simpatizantes peronistas durante el 16 de Octubre.


En esas complicadas circunstancias, el 12 de octubre nada pudo evitar la masiva protesta popular congregada frente al Círculo Militar; un hecho que inflamó los ánimos amalgamando a las Fuerzas Armadas contra los manifestantes mientras el variopinto espectro político se reunía con los representantes del régimen en busca de una salida consensuada tratando de evitar situaciones que luego se pudieran lamentar.
Mientras Vernego Lima vociferaba desde los balcones del Círculo Militar que “Todos los culpables de este estado de cosas serán castigados, empezando por Perón” y la jornada culminaba con refriegas generalizadas, heridos, detenidos y la muerte del Dr. Eugenio Ottolenghi a manos de la policía properonista; Perón y Eva encontraban refugio en una isla del Tigre, retirándose del centro mismo de la escena para mantener estratégicos encuentros con dirigentes gremiales con quienes acordaron la organización de un gran movimiento de agitación.
La casa [2] era propiedad de Rodolfo Freude, hijo de Ludwig Freude y cuñado del agente nazi Werner Koennecke (muy relacionado al Banco Germánico y testaferro de Himmler en la Argentina), integrantes de un tándem conocido por los más allegados como la “clique Freude-Perón”, cuyo principal objetivo en esa coyuntura fue el de construír la nueva imagen del militar y hacerlo más agradable para los votantes civiles” en una hábil jugada que estaban más que dispuestos a concretar.
Las primeras consecuencias de esas reuniones fueron el anuncio de la detención de Perón en la prisión militar de la Isla Martín García y la llegada de Juan Fentanes a la Secretaría de Trabajo y Previsión, cuyas posibles medidas presagiaban la pérdida de todas las conquistas sociales hasta entonces alcanzadas y la idea oculta de “hacer sentir la ausencia de Perón”, situación que llevó a que los dirigentes de la CGT (Confederación General del Trabajo) se reunieran determinando los próximos pasos a seguir dejando expuestas dos posturas claramente diferenciadas.
Si bien todos coincidían en la necesidad de reclamar por el mantenimiento de las conquistas sociales, la gran diferencia entre los sectores radicaba en que la postura oficial representada por el secretario general Silverio Pontieri no mencionaba -en ningún punto del documento- a Perón reclamando su regreso, mientras que los únicos que apoyaban al militar “desplazado” eran los sindicatos identificados como “autónomos” liderados por Cipriano Reyes; situación sanjada con el triunfo de la posición oficialista que convocó a un paro general para el día 18. Sin embargo Perón y sus adeptos en la central obrera acordaron por su lado una movilización para la jornada del 17.
El 16 de octubre se inició el “operativo retorno” cuando grupos organizados del gremio de la carne encabezados por Reyes marcharon desde Berisso y Ensenada a Buenos Aires pidiendo por el regreso del “detenido” Perón, mientras por su lado el gobierno orquestaba otra movida asegurando su presencia en el mismísimo lugar de los candentes acontecimientos trasladándolo entre gallos y medianoche desde el presidio de Martín García al Hospital Militar en la Capital Federal.


Primeras horas de la tarde del histórico 17 de Octubre de 1945.


A primera hora del 17 de octubre, el diario “Crítica” denunció desde su portada que “grupos aislados que no representan al auténtico proletariado argentino tratan de intimidar a la población”[3] anticipando los primeros ataques violentos perpetrados por peronistas tal como luego fue replicado en las páginas del “New York Times” dejando claro que “el Coronel Perón, quien hace sólo ocho días fue echado del gobierno argentino por el ejército y fue enviado como prisionero a la Isla Martín García, protagonizó un sensacional regreso hoy y confirmó quién es el “hombre fuerte” en Argentina. (…) Un gran grupo atacó al Diario Crítica, cuyas sirenas se hicieron oír en toda la ciudad en un infructuoso esfuerzo por atraer la atención hacia sí y conseguir ayuda. La policía, sin embargo, no se veía por ningún lugar”.[3] 
Poco después fue Arnaldo Cortesi (corresponsal del diario norteamericano) quien hizo otra acertada pintura de los acontecimientos al asegurar que el avance de los grupos armados peronistas le hizo recordar la “Marcha sobre Roma” de los “Camisa Negra” de Benito Mussolini.
Como fuera, el momento tantas veces esperado, finalmente había llegado.
Arreglos de última hora y febriles reuniones llevaron a Farrell a salir al balcón de la sede de Gobierno para anunciar el glorioso regreso de Juan Domingo Perón. Cuando faltaban cinco minutos para que terminara la noche del 17 de octubre de 1945, el abrazo sentido entre el Presidente de facto y el “regresado” Coronel le puso broche de oro a la monumental farsa para tomar el control y perpetuarse solapadamente en lo más alto del poder.
Claro que si algo faltaba para dejar expuesto lo ingenioso del plan, allí estaban -por supuesto- las palabras del propio militar. “Ya para entonces” -dijo Perón-  teníamos preparada a la juventud. No podíamos perder ninguna elección, eso estaba clarísimo. Cuando la noche del 17 de octubre llegué a la Casa de Gobierno, le dije a Farrell: ¡Vamos, llame de una vez a elecciones, hombre! ¿O quiere que nos arruínen la revolución?” [4] 


La dictadura y sus "nuevas formas". Perón asume la Presidencia de La Nación en 1946.


La histórica jornada culminó –figuradamente- cinco días después cuando Perón y Eva Duarte estamparon su firma en un modesto registro civil de la ciudad de Junín convirtiéndose en matrimonio que selló su “lealtad” frente a Dios en la ciudad de La Plata pocos días después.


Fragmento del capítulo 9 "Lealtad a Perón", del libro "La agente nazi Eva Perón y el tesoro de Hitler" (Marcelo García - Sudamericana - 2017)
Link del libro:




[1]  Artículo publicado en “New York Times” – Arnaldo Cortesi – 11 de octubre de 1945.
[2]  El mismo lugar en donde previamente los agentes del FBI descubrieron una de las estaciones de radio clandestinas.
[3]  Diario Crítica  - 16 de Octubre de 1945.
[4] Las memorias del General” – Tomás Eloy Martínez – Planeta – Argentina – 1996.

viernes, 6 de octubre de 2017

El lado B de la historia peronista: nota sobre "La agente nazi Eva Perón y el tesoro de Hitler" en TVShow.com.uy

El portal de noticias de Uruguay, tvshow.com.uy (Sección del diario El País), publicó un breve e interesante comentario sobre el libro "La agente nazi Eva Perón y el tesoro de Hitler" (Marcelo García - Sudamericana - 2017).




El lado B de la historia peronista.

Tiene un subtítulo tan ganchero como su título: “Los archivos desclasificados de Hoover. La trama de los acuerdos y traiciones de la Alemania nazi y la Argentina de Juan Domingo Perón”. El periodista Marcelo García debuta con un libro que, como es su costumbre, intenta revelar el lado B de la historia. A sabiendas del material con el que cuenta, García deja que los documentos hablen por él.

Link:
https://www.tvshow.com.uy/libros/libros-andan-redaccion-8.html

martes, 26 de septiembre de 2017

sábado, 9 de septiembre de 2017

Artículo sobre "La agente nazi Eva Perón y el tesoro de Hitler" en el Blog de la Historia


Publicado bajo el título "Eva Perón, considerada una agente nazi", el jueves 7 de septiembre de 2017 en El blog de la Historia. http://www.elblogdelahistoria.com




Eva Perón, considerada una agente nazi.

Bajo el título de “La agente nazi Eva Perón y el tesoro de Hitler”, Marcelo García nos ofrece un libro que no tiene desperdicio.
Aunque el libro es bastante fuerte y directo, y también hay que tener presente que toca dos de los temas más icónicos de la historia del siglo XX. Por un lado, el mayor ícono femenino de Argentina y por otro, el nazismo y la figura de Hitler. Ofreciéndonos una interesante tesis, aunque también arriesgada. No obstante, este libro tiene más que fundamentos. El autor a recogido cientos de documentos desclasificados del FBI para poner en pie su teoría.

Tampoco hay que olvidar que en esta ocasión la temática de Eva Perón podría desconcertar incluso a sus más fieles seguidores. Tal como anuncia el autor, quizás debido fundamentalmente a la ambición desmedida hacia los tesoros nazis. También debemos mencionar que no es la primera vez que se habla de la perfecta connivencia del gobierno nazi y el peronista. Recordemos también, tal como menciona el autor en “La agente nazi Eva Perón y el tesoro de Hitler” que la formación académica militar de Perón era simpatizante del nacionalismo y de sus constantes viajes a ciudades europeas.

Resumen de la agente nazi Eva Perón y el tesoro de Hitler.
El autor nos habla del supuesto encuentro entre Evita y Hitler, en un viaje donde la protagonista también aprovecho para visitar varias entidades bancarias suizas. Gracias a Marcelo García podremos vivir un momento histórico plagado de luces y sombras, con muchos intereses políticos entre medio. Este escritor nacido en 1970, también es ilustrador y diseñador. Actualmente trabaja en Diario26, un portal periodístico pero además puedes visitar su blog HistoriasLadoB.blogspot.com.ar.

Fundamentos de la alianza Argentina-nazi.
Conocida como Evita, Eva Perón había realizado su viaje a Europa, supuestamente para fortalecer lazos diplomáticos y empresariales. Según los registros de muchos de los archivos suizos y las investigaciones de los considerados cazadores nazis, Evita estaba en realidad coordinando una red para ayudar a nazis a trasladarse a Argentina.

Por ello este libro que habla sobre la leyenda de las relaciones entre ambos personajes puede estar más que probada, aunque todavía existe interrogantes que deben contestarse. No hay que olvidar que los archivos suizos también indican que Suiza tampoco hizo nada por parar a los secuaces de Hitler o ayudar a colapsar al Tercer Reich. Y que esa antigua conexión suizo-argentino-nazi llegaría incluso hasta el presente. No hay que olvidar que el juez español Baltasar Garzón también saco a la luz la existencia de cuentas bancarias controladas por oficiales militares argentinos que dirigieron la llamada “Guerra sucia” que mato a miles de argentinos entre1976-83. En 1946, la primera oleada de fascistas derrotados se instalaba en la nueva Argentina y empezaron a saltar los rumores que los agradecidos nazis pagarían a Perón en agradecimiento, la campaña presidencial.

La figura de Evita con el nazismo.
Nacida en 1919 como hija ilegítima, Evita tuvo que prostituirse para sobrevivir pero quizás nunca pensara que llegaría tan alto gracias a sus amantes que sin duda le ayudaron a subir la escalera social. Pronto entraría en su vida el apuesto militar Juan Perón con el que se caso en 1945. Evita como segunda esposa, se convirtió en la "reina de los pobres", y la protectora de los descamisados, creando una fundación para ayudar a los más pobres. Pero los intereses inesperados que empezaron a llenar también su vida, le hizo también empezar a ayudar a los nazis. Sobre todo, por apoyar a su marido. El propósito secreto de su gran viaje a Europa apunta a la reubicación nazi.

Se sabe que la primera parada de Evita en su gira europea fue España, donde el Generalísimo Francisco la recibió con los brazos abiertos. La España de Franco fue una importante tapa temprana para los nazis que necesitaban un lugar para quedarse provisionalmente antes de continuar su viaje permanente hacia a América Latina o Oriente Medio. Para saber más te animamos a que leas el maravilloso “La agente nazi Eva Perón y el tesoro de Hitler” de  Marcelo García.



Link a artículo original:
http://www.elblogdelahistoria.com/2017/09/eva-peron-libros-considerada-una-agente.html


miércoles, 30 de agosto de 2017

Entrevista a Marcelo García en Radio Palermo FM 94.7 hablando sobre "La agente nazi Eva Perón y el tesoro de Hitler"


Entrevista a Marcelo García en el programa "Desbordados", por Radio Palermo FM 94.7, de Buenos Aires (Argentina) hablando sobre su libro "La agente nazi Eva Perón y el tesoro de Hitler" (Sudamericana - 2017).



Audio de la entrevista completa:

 

martes, 22 de agosto de 2017

Wilhelm Canaris y un refugio seguro para Adolf Hitler en la Argentina

Wilhelm Canaris, segundo piloto del buque alemán "Dresden", escapa de los británicos tras la épica batalla de las Islas Malvinas durante la "Gran Guerra". Un viaje digno de películas, lo pondrá cara a cara con Carlos Wiederhold, un encuentro que -en 1915- sentará las bases para que la historia culmine en 1945, con un protagonista impensado, en un curioso lugar: Adolf Hitler en la Estancia San Ramón, cercana a Bariloche, en la Patagonia de Argentina.


Adolf Hitler, Eva Braun, Estancia San Ramón y Wilhelm Canaris.


Hablar sobre las diferentes formas de infiltración y actividades nazis fuera de Alemania y -al mismo tiempo- hacer foco sobre lo que luego se daría en Sudamérica y muy puntualmente en la Argentina, implica dar una mirada a la verdadera semilla germinal: la llegada de influyentes alemanes que -de una u otra manera- se instalaron en el país y a determinadas condiciones y circunstancias sin las cuales todo hubiese sido imposible.

Si bien la lista es muy extensa, viene al caso detenernos en la historia de un descendiente de alemanes que -sin saberlo- estaba destinado a sentar base firme para una futura inmigración diferente. Su nombre era Carlos Wiederhold, nacido en la localidad chilena de Osorno en 1867, era hijo de un matrimonio de alemanes emigrados que viajó a Alemania para recibirse de arquitecto regresando a Chile en 1893, tras lo cual su espíritu aventurero lo llevaría a dejar de lado su profesión dedicándose a recorrer la Cordillera de los Andes desde donde cruzó a la Argentina descubriendo las bellezas del Lago “Nahuel Huapi” en la patagónica provincia de Río Negro. Wiederhold se dedicaría al comercio entre Chile y la Argentina importando distintos tipos de mercadería desde Alemania para luego distribuírlas por las zonas vecinas.

El crecimiento del negocio motivó su regreso a la Argentina tras lo cual, el 2 de febrero de 1895, fundó la ciudad de San Carlos de Bariloche.
Así mismo, y dada la escasa conexión del nuevo poblado con otras zonas del país como las pujantes Bahía Blanca o Buenos Aires, tiempo después estableció un ventajoso sistema de comercio directo con Alemania mediante la línea marítima alemana “Kosmos”, una de las más importantes de aquel entonces, logrando arreglos comerciales que le permitían -no sólo a él sino también a otros pioneros alemanes llegados a Bariloche- enviar sus productos hacia Alemania, haciendo el camino inverso hacia el puerto de Hamburgo en donde se instalaría uno de los principales “Nest” (Nido) de la Organización en el Exterior del NSDAP que controlaba a los primeros agentes partidarios enviados a Sudamérica.

La ciudad de Bariloche pasó a ser -entonces- el centro neurálgico de las actividades de los alemanes y sus descendientes en el sur del país. Sin embargo, el gran aporte de Wiederhold había sido el de fomentar y establecer un sistema de comercio directo entre Alemania, Chile y la Argentina y, al mismo tiempo, haber trazado una ruta segura para los alemanes que ya ponían proa hacia el extremo más austral de América, lo que resultaría de particular importancia e interés para la Alemania y la Argentina que estaban por venir. Como descendiente de alemanes que era y en reconocimiento a sus propios méritos dado el favorable circuito comercial que logró activar, el gobierno germano lo designó Cónsul General de Alemania en su Osorno natal, actividades que no le desagradaban en absoluto pero que, sin embargo, carecían de la vieja chispa aventurera de otros tiempos.

La “Gran Guerra” estaba en plena ebullición pero las acciones bélicas tenían como escenario a sitios muy lejanos de Chile, o eso era lo que al menos creía Wiederhold ya que -en agosto de 1915- recibió una visita que iba a convertirlo en impensado protagonista de la guerra que sentía tan lejana.
Quien se presentaba en el consulado alemán era Wilhelm Canaris, joven Segundo Piloto del crucero alemán “Dresden”, buque que se había unido a la Armada alemana del legendario Maximilian Graf von Spee en los inicios de la “Gran Guerra”. Tras una épica batalla contra los ingleses en cercanías de las Islas Malvinas, un complicado escape y el autohundimiento del buque alemán, la tripulación sería internada en la isla de Quiriquina desde donde Canaris lograría escapar. A partir de entonces, fueron los colonos alemanes del sur chileno quienes resultaron de gran ayuda para Canaris permitiendo que llegara sano y salvo hasta el Consulado alemán.

Finalmente, Canaris estaba frente a Carlos Wiederhold  y allí –juntos- buscarían el modo más seguro para poner al joven teniente del “Dresden” de regreso a Alemania evitándole caer en manos de los británicos. El apuro y las necesidades de Canaris, sumados a la colaboración de los alemanes locales, más los contactos de Wiederhold, forjaron la llave con la cual el marino encontraría la ruta de regreso a su país. Fue así que -en octubre de 1915- también Canaris cruzaba las montañas de Los Andes emprendiendo un camino que, sin saberlo, estaba destinado a hacer historia. Del otro lado de la Cordillera –en Bariloche-, uno de los “fundistas” alemanes más influyentes y destacados que habían hecho prácticamente suya esa “tierra de nadie” era Christian Lahusen, ante quien pudo presentarse Canaris revelándole su verdadera identidad.
El joven marino se vio sorprendido dada la incontrastable similitud de aquel poblado con las comarcas de su añorada Alemania, reminiscencias que incluían a una población conformada casi en su práctica mayoría por alemanes o descendientes de los mismos. Wiederhold sabía muy bien con quienes habría de hacer contacto Canaris, de hecho fue Lahusen quien le daría refugio en uno de los  más importantes establecimientos de la zona: la “Estancia San Ramón”.


Vista aérea de la Estancia San Ramón, cercana a Bariloche.


El lugar, ubicado a unos 35 kilómetros de Bariloche, pertenecía desde el 5 de abril de 1910 al principado alemán de Schaumburg-Lippe y era administrado por el Barón Luis von Bülow, un influyente y acaudalado alemán que contaba entre sus amistades al Conde Karl Graf von Luxburg, quien había sido nombrado ministro plenipotenciario del Imperio alemán en la Argentina desde 1914 en coincidencia con el estallido de la “Gran Guerra”. Von Luxburg era miembro de la familia real alemana y daba forma a muchas de las decisiones a tomar en materia de política exterior del Imperio Alemán.
Años después, una vez llegados al poder, si bien los nazis se opondrían a que miembros de la nobleza integraran las filas del Partido, resultaría de vital importancia para el régimen de Hitler dado su dominio en el arte de la diplomacia internacional y sus contactos y conocimientos sobre la Argentina.

La “Estancia San Ramón” era el lugar más importante de toda la zona circundante a Bariloche y eso quedaba demostrado con el paso -por dentro de su propio terreno- de la única línea férrea que llegaba hasta allí (la del viejo Ferrocarril del Sud); por contar con los únicos caminos en condiciones de ser transitados por vehículos y con una pista de aterrizaje, algo poco común en centenares de kilómetros a la redonda. Gracias a von Bülow, Canaris se hizo de un pasaporte con el nombre falso de Reed Rosas -un supuesto viudo chileno que debería embarcarse hacia Holanda para ocuparse de una herencia familiar-  con el cual el marino alemán se abrió camino hasta las costas patagónicas del Océano Atlántico desde donde llegó hasta el Cabo San Antonio en el comienzo del litoral del Mar Argentino.

Allí, pudo hacer un rápido relevamiento de la zona vislumbrando las muy buenas posibilidades que brindaban las costas para emplazar futuras bases alemanas o en su defecto ser utilizadas como posibles zonas de desembarco, llegando luego a Buenos Aires desde donde zarpó a bordo del vapor “Frisia” –del Lloyd Holandés- con rumbo a la ciudad de Rotterdam.
La importancia del viaje de Canaris radicaba en el hecho de haber trazado una ruta segura partiendo desde Bariloche y atravesando la Patagonia argentina para llegar a las aguas del Atlántico, camino que 30 años después haría -en sentido inverso- un “ilustre visitante” que desembarcaba de un U-Boot alemán en las desoladas costas del sur de la Argentina y que también llegaría a instalarse durante un tiempo en la “Estancia San Ramón”, lugar que había sido vendido el 2 de marzo de 1928 a la “Sociedad Anónima de Industrias Rurales”, coincidentemente administrada por el mismísimo Christian Lahusen.

Ese “ilustre visitante” sería el mismísimo Adolf Hitler.

Con los años, Canaris llegó a ser almirante y jefe de inteligencia de la Marina Imperial y el ejército alemán durante los días de apogeo del nacionalsocialismo en Alemania. Fue jefe de la Abwehr y uno de los cabecillas en varias conspiraciones contra Hitler, principalmente la Operación Valquiria, llevada a cabo el 20 de julio de 1944, por la que fue condenado a la horca (también por conocer el secreto del futuro refugio del Führer en la Argentina).

Marcelo García


Referencias: “El Nazismo y los refugiados alemanes en la Argentina” - Carlota Jackish - Editorial de Belgrano – Buenos Aires – 1997.