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miércoles, 4 de mayo de 2016

La batalla por el Castillo de Itter y la histórica jornada en que Aliados y Alemanes pelearon en el mismo bando

¿Es posible que el ejército norteamericano y la Wehrmacht alemana hayan participado de una batalla de la Segunda Guerra Mundial como... aliados? La respuesta y la situación dada, seguramente, te llegará a sorprender y -por supuesto- a interesar. Enterate cómo fue uno de los más extraños y no tan difundidos episodios de la mayor contienda bélica que enfrentó la humanidad.

 El Castillo de Itter.


La batalla se libró el 5 de mayo de 1945, justo cinco días después de que Hitler (siempre de acuerdo a la historia oficial) se suicidase en su bunker berlinés, y dos días antes de que el Alto Mando Alemán se rindiera incondicionalmente en Reims, Francia (no obstante, algunos restos del Ejército Centro Alemán seguirían resistiendo hasta el 11 y el 12 mayo). En una apartada colina cerca de Itter, en Austria, se encontraba el castillo medieval bautizado con el mismo nombre. Y sería en la defensa de este castillo donde por primera (y probablemente única) vez en su historia el ejército de los Estados Unidos se encontró defendiendo un castillo medieval. Pero no sólo eso. No es esa precisamente la gran particularidad. Es que en esa oportunidad, el ejército norteamericano contó con la ayuda de prisioneros franceses, miembros de la resistencia austríaca y lo que es más extraño todavía, de soldados alemanes de la mismísima Wehrmacht.

Por el bando de los norteamericanos participaron el 23º Batallón Blindado de la 12ª División bajo el mando del teniente John C. Lee Jr. Los 14 prisioneros eran grandes personalidades, políticos, miembros de la resistencia, sindicalistas e incluso deportistas, encarcelados allí por los nazis tras la invasión de Francia de 1940. Allí estaban los antiguos primeros ministros Edouard Daladier y Paul Reynaud, la hermana mayor de Charles de Gaulle, y el jugador de tenis Jean Borotra, entre otros destacados. Lo curioso del caso es que a su ayuda acudieron soldados antinazis del ejército alemán (quienes posiblemente viendo lo que se avecinaba, decidieron cambiar de bando).
¿Pero contra quién luchaban entonces esos soldados? El "enemigo" era en este caso nada menos que la 17ª División de Granaderos Panzer de las Waffen-SS. El desarrollo de los acontecimientos parece -sin exagerar en lo más mínimo- sacado de una película de Hollywood.

Todo comenzó el 2 de mayo, cuando en el castillo se suicidaba el último comandante de Dachau, Eduard Weiter. Al día siguiente Zvonimir Cuckovic, uno de los prisioneros en el castillo, miembro de la resistencia comunista yugoslava, consiguió escapar llevando un mensaje del comandante de la prisión. Con él llevaba una misiva escrita en inglés que debía entregar al primer americano que lograra encontrar. Se dirigió a Innsbruck, que está a unos 64 kilómetros de allí y esa misma tarde llegó a las afueras de la ciudad donde se encuentró con la avanzadilla de la 103ª División de Infantería norteamericana, informando sobre la existencia del castillo y también de los prisioneros. El 4 de mayo y viendo que Cuckovic no regresaba, el comandante de la prisión Sebastian Wimmer decidió abandonar el castillo seguido de sus hombres de las SS pero los prisioneros lograron tomar el control como así también las armas dejadas por los nazis. El prisionero checo Andreas Krobot llegó hasta la localidad de Wörgl (abandonada por la Wehrmacht pero reocupada por las SS) y contactó finalmente con la resistencia austríaca. Así, logra ver al mayor Josef Gangl, comandante de lo que queda de una unidad de la Wehrmacht que, desobedeciendo las órdenes de retirada, se une -inesperadamente- a la resistencia.

El Capitán Lee y el Mayor Gangl.


Gangl y sus hombres defendieron a los austríacos de las posibles represalias de las fuerzas de las SS, y así se movilizaron calle por calle, puerta a puerta, además de conseguir llegar hasta la pequeña unidad de 4 tanques Sherman, del 23º Batallón Blindado comandado por el capitán Lee que se encontraba estacionado en Kufstein, unos 13 kilómetros al norte de allí, con una gran bandera blanca en busca de ayuda. Lee obtuvo el permiso del cuartel general para acudir en misión de rescate en ayuda de Gangl y lo hace con sólo 14 hombresa su disposición y un tanque que se suman a Gangl y sus diez soldados de artillería alemanes. Una auténtica aventura que podría llevarlos al desastre. A mitad de camino se enfrentaron a un grupo de las SS a las cuales terminaron derrotando. Una vez en el castillo cayeron en la cuenta de que los franceses han organizado la defensa liderados por un oficial de las Waffen-SS que se ha quedado para ayudarles. Lee colocó su tanque Besotten Jenny bloqueando la entrada principal, y a sus hombres en posiciones claramente defensivas, pero a pesar de que ordenó a los prisioneros franceses ocultarse, estos se sumaron valientemente a la defensa. En la mañana del 5 de mayo llegó el ataque de las Waffen-SS con una fuerza de entre 100 y 150 hombres (la defensa consistía en 25 soldados más los prisioneros franceses).

El general francés Maxime Weygand (a la derecha) y su esposa abandonando el castillo el 5 de mayo de 1945.



Al llegar la tarde las cosas no iban demasiado bien para los defensores, que habían visto como las SS destruían el tanque. Por fortuna para las 4 de la tarde llegaron los refuerzos del 142º Regimiento de Infantería, que consiguió reducir a los atancantes y hacer más de 100 prisioneros nazis. Gangl murió durante el combate a manos de un francotirador, fue nombrado héroe nacional en Austria e incluso le dedicaron una calle en Wörgl colocándole su nombre.
Esta batalla está considerada la más extraña de toda la Segunda Guerra Mundial, ya que es la única en que soldados aliados y alemanes lucharon juntos contra un enemigo común. Tal vez haya sido, incluso, la fuente de inspiración que luego daría lugar a la famosa película "La Fortaleza" dirigida en 1969 por Sydney Pollack.



Artículo original: http://www.labrujulaverde.com/2015/12/cuando-aliados-y-alemanes-lucharon-juntos-en-la-segunda-guerra-mundial-la-batalla-del-castillo-itter


domingo, 20 de diciembre de 2015

El "Titanic del aire" que cayó en Rocha trasladaba "oro nazi"

Compartimos en "Historias Lado B" un muy interesante artículo de "El País" de Uruguay en donde -una vez más- se demuestra que las huellas de la Alemania nazi en Uruguay no se agotan en la batalla del Graf Spee o la boda de Josef Mengele en Nueva Helvecia.

Momentos en que "Lionel de Marmier" se preparaba para partir hacia Montevideo.  (Foto: Archivo)


El siniestro aéreo de la pasada semana (El artículo original hace referencia a Marzo de 2015) en Laguna del Sauce (Uruguay) evocó otro accidente ocurrido hace 70 años en la Laguna de Rocha. Allí, el hidroavión francés "Lionel de Marmier" debió hacer un amerizaje de emergencia, el 31 de octubre de 1945, tras la pérdida de uno de sus seis motores.
El imponente hidroavión, conocido en la época como el "Titanic del aire", trasladaba de incógnito, entre una delegación de diplomáticos aliados, a ex funcionarios nazis y lingotes de oro con destino a los lagos del sur de Argentina, reveló a El País el hijo de uno de los rescatistas, José Aldunate.

El padre de Aldunate administraba una estancia ubicada en las cercanías de la Laguna de Rocha. Luego que acuatizó el hidroavión, ayudó a llevar a tierra a algunos de los 46 pasajeros que iban a bordo. Como hablaba fluidamente francés, enseguida entabló amistad con el comandante del vuelo, André Chatel, según contó su hijo.
Chatel le entregó al administrador de la estancia, como obsequio por su ayuda, un elemento de última tecnología que llevaba el hidroavión, y que Aldunate conservó durante décadas en un cofre-fort. Su padre se lo legó en 1974, diciéndole que era "un secreto de Estado".

El vuelo del hidroavión "Lionel de Marmier" fue un acontecimiento en la época, y su accidente en Rocha motivó crónicas internacionales. A bordo, entre los pasajeros, figuraban diplomáticos, intelectuales y cineastas, entre otros. Uno de ellos era el poeta y diplomático brasileño Vinicius de Moraes (de 32 años entonces). También viajaban el ministro adjunto de Uruguay en Washington, Ramón Píriz Coelho, su esposa boliviana Ballón de Píriz, y el hijo de ambos, Ramiro, de 10 años (el único niño a bordo), quien décadas después, fue embajador en Egipto.
Una crónica del experto aeronáutico Juan Maruri, publicada en la página web de Historia y Arqueología Marítima, reseña que el 23 de octubre de 1945, de noche, el hidroavión despegó de Biscarosse (Francia) e hizo escala en Mauritania. Al día siguiente partió hacia Río de Janeiro, donde arribó sin incidentes el 25 de octubre. En la entonces capital brasileña subieron varios pasajeros. También se unió un grupo de periodistas que iba a filmar el vuelo. La investigación de Maruri documenta que el "Lionel de Marmier" —así llamado en honor de un as de la aviación francesa— era un aparato de 57,93 metros de largo y 43,46 de ancho por 5,66 de altura. Pesaba 75 toneladas y alcanzaba una velocidad de crucero de 320 kilómetros por hora. Después de seis horas de vuelo desde Río, el avión llegó a Rocha. Luego de un fuerte estruendo, un motor cayó al vacío. Una de las tres palas de las hélices se introdujo en el fuselaje. El impacto causó la muerte del periodista brasileño del diario OGlobo, Pedro do Amaral Teixeira, y amputó ambas piernas al cineasta francés Georges Emile Ansel, quién falleció en un hospital de Montevideo.




El comandante Chatel y pasajeros, poco después de arribar. (Foto: Archivo El País)


El "regalo".
Dos semanas más tarde, tras cambiar de lugar un motor y quitar otro para equilibrar las alas, el hidroavión voló hacia Montevideo y luego continuó su ruta hacia Buenos Aires.
Antes de reanudar su viaje tras solucionar la pérdida de uno de motores, Chatel le entregó al padre de José Aldunate un tubo que contenía un chaleco salvavidas de fabricación alemana, con la mejor tecnología de la época.
"El comandante le dijo a mi padre: Le entrego este obsequio con mucho cariño, con mucho peligro. Y cuidado con quién habla sobre lo que contiene el tubo", relató Aldunate.El padre de Aldunate abrió el regalo del comandante francés. Observó que el chaleco salvavidas contenía un tubo de oxígeno insertado en los pliegues, y una boquilla para aspirar oxígeno. En el acople ubicado al lado de la llave de salida del oxígeno, se aprecia claramente, tallado en el hierro, la cruz svástica, según las fotografías brindadas por Aldunate a El País. Otra foto del chaleco muestra al dorso el sello de fábrica: "Schwimmweste (chaleco salvavidas, en alemán). Anferderz FL 30164-2". En la conversación, el comandante francés reveló al padre de Aldunate que el hidroavión trasladaba hacia el sur argentino a varios funcionarios alemanes del recién derrotado Tercer Reich, y un cargamento de oro, aseguró Aldunate. Maruri, ex piloto militar y civil, consultado al respecto por El País, quedó sorprendido por esta historia.
"¡Es imposible lo que me está contando! ¡El hidroavión fue enviado a América por el propio Charles de Gaulle!", héroe de la resistencia en la Segunda Guerra Mundial. Maruri, sin embargo, desconocía la existencia de estos documentos facilitados a El País por Aldunate.
Refugio. Un libro del periodista argentino Abel Basti señala que, después de la finalización de la guerra en 1945, hubo una fuga de jerarcas nazis hacia el sur argentino.
Ayer (Nota: por el 23 de marzo de 2015), el diario Clarín consignó que un equipo de arqueólogos de la Universidad de Buenos Aires (UBA) dijo haber descubierto edificaciones ocultas levantadas para albergar a enviados de Hitler durante la Segunda Guerra Mundial.
Los investigadores encontraron varios objetos que indican que las construcciones se llevaron a cabo hacia la primera mitad de la década de 1940. Entre los hallazgos más trascendentes se cuentan monedas alemanas de entre 1938 y 1944 y porcelana alemana de aproximadamente esos mismos años. Los arqueólogo de la UBA creen que la jerarquía nazi nunca utilizó estos refugios porque cuando llegó a la Argentina se dio cuenta de que podía vivir en las ciudades, sin esconderse.


Artículo original: 
http://www.elpais.com.uy/informacion/titanic-aire-que-cayo-rocha.html



viernes, 17 de octubre de 2014

Recordando el 17 de Octubre de 1945: Fase 2 del Plan...

Las cosas y los acontecimientos históricos cambian de acuerdo al cristal con que se miren. Conmemoración por el 69º Aniversario del 17 de Octubre de 1945, el inicio de la Fase 2 del Plan.


lunes, 28 de enero de 2013

Mikhail Gorbachov, Margaret Thatcher y la trama del asesinato de Rudolf Hess en Spandau

El 17 de Agosto de 1987 Rudolf Hess era encontrado ahorcado con una cuerda en su celda de la prisión de Spandau, en Berlín. La extraña muerte de aquel solitario nazi preso desde 1946 en la cárcel bajo custodia de los Aliados se vio rodeada de varios sucesos (como mínimo) inquietantes. Los cambios de guardia en la prisión, la "visita" de agentes de la CIA, el SAS, la idea de Gorbachov, el comentario al presidente de Alemania, la comunicación con Ronald Reagan y... un "oportuno" llamado a Margaret Thatcher. "Suicidaron" a Hess. ¿Por qué? Aquí la historia...

Mikhail Gorbachov, Rudolf Hess (preso en Spandau) y Margaret Thatcher.


Breve introducción sobre Rudolf Hess:
Cuando Rudolf Hess culminó el famoso "vuelo de la paz" estrellando su avión en suelo escocés el 10 de Mayo de 1941, nunca (jamás) pudo imaginar cómo sería el final de su vida muchos años después. Siempre creyó fervientemente que el relato de su vida culminaría de manera sensiblemente distinta. La historia del viaje que Hess, lugarteniente de Adolf Hitler, hizo hacia Inglaterra en plena Segunda Guerra Mundial es uno de los más grandes enigmas de todos los tiempos. Los intentos de negociar la paz directamente con Winston Churchill y pasar a la historia como el nazi que lograba "darle aire" a Hitler en el frente occidental para que pudiera desplegar su maquinaria bélica en el frente opuesto con la "Operación Barbarroja", o sea la invasión alemana a la Unión Soviética, no parecía para Hess algo descabellado. Sin embargo, víctima de una red de espionaje y (tal vez) de sus propios errores y una buena dosis de ingenuidad, Hess, se eyectó de su avión de combate y cayó en paracaídas en territorio enemigo para ser capturado y nunca más recuperar la libertad. Desde aquel día de 1941 hasta 1945, Rudolf Hess estuvo encarcelado por los británicos y cuando la guerra llegó a su final (oficialmente); se sentó en el banquillo de los acusados en la farsa los juicios de Nüremberg, siendo condenado a cadena perpetua.


 Mikhail Gorbachov y Richard von Weizsäcker

Prisión de Spandau (Berlín, Alemania)


La idea inesperada de Mikhail Gorbachov:
Todavía no había acabado la Tercera Guerra Mundial Guerra Fría, cuando Mikhail Gorbachov, el líder de la Unión Soviética, concibió una idea que podría haber generado una conmoción de ribetes inusitados a nivel mundial. Como golpe propagandístico audaz y muy inteligente de su parte, Gorbachov planeaba liberar a Rudolf Hess de la prisión de Spandau en 1987 y para lograrlo debía ir tejiendo una trama que le permitiera hacerlo sin inconvenientes cuando los carceleros a cargo fueran precisamente los soviéticos. Cabe recordar que la prisión de Spandau era custodiada en diferentes turnos por militares de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y la Unión Soviética, distribuyendo de mamera equitativa los turnos de guardia de la prisión y sus internos. En 1987 Rudolf Hess era el único preso alojado en Spandau, tras la liberación de Albert Speer en 1966 lo cual daba al presidio un aspecto casi fantasmal con un interno consumido por los años y una artrosis que apenas si lo dejaba caminar por los espaciosos jardines de la cárcel. Un ejército de soldados Aliados custodiaba los sombríos días de Hess en el presidio alemán y así las cosas Gorbachov debía "arreglar"  la liberación del nazi para el momento en que la guardia estuviera en manos de los suyos.
El plan resultaría impecable para la propaganda rusa: uno de los nazis más emblemáticos, un enemigo acérrimo del comunismo, liberado por sus propios enemigos en un gesto de buena voluntad y (en definitiva) de acercamiento entre las partes. Gorbachov quedaría en la historia como un ferviente defensor de los derechos humanos y sería recordado por todos los tiempos como un símbolo inequívoco de paz en la Tierra. Los norteamericanos no lo hubieran podido hacer. No les interesaba tampoco (y ni que hablar de los ingleses). La idea inesperada de Gorbachov era, sin más vueltas, inmejorable.

Alemania se entera del plan:
Richard von Weizsäcker era desde 1984 (y lo fue hasta 1994) el presidente de la República Federal de Alemania (la Alemania Occidental "compartida" por los Aliados) y para ese mismo 1987 tenía prevista una visita oficial a la Unión Soviética, por lo cual las comunicaciones diplomáticas entres los dos países estaban a la orden del día. En una de aquellas comunicaciones, Gorbachov le informó a Weizsäcker sobre su idea para liberar a Hess y dar un golpe de escena que nadie podría llegar a imaginar. La noticia no cayó en saco roto y, de inmediato, Richard von Weizsäcker se convertía en un nuevo protagonista de este increíble thriller histórico...

Rudolf Hess en Spandau, Ronald Reagan y Richard von Weizsäcker.


Un llamado urgente a Estados Unidos:
Richard von Weizsäcker demoró tan sólo cuatro minutos en levantar un teléfono y conseguir comunicación directa con Ronald Reagan, presidente de los Estados Unidos de América. Acababa de recibir información confidencial, de primera mano, de boca de su propio ideólogo y las consecuencias podrían llegar a ser tremendas para los Aliados y, muy en particular, para los ingleses. Había que avisarle a Margaret Thatcher...


El "honor" británico en peligro:
Ronald Reagan no dejó pasar mucho más tiempo y casi tan rápido como cortó al teléfono con su par de Alemania Occidental, se contactó con la "Dama de Hierro", Margaret Thatcher, Primer Ministro de Gran Bretaña. La misma escena que se había venido dando durante la Segunda Guerra Mundial se repetía unos cuantos años después en otro escenario pero con situaciones similares. Estados Unidos y Gran Bretaña unidos (lógico y comprensible) contra su "verdadero enemigo": la Unión Soviética. Así como en 1945 norteamericanos, ingleses y franceses "dejaron" entrar solos a los rusos en Berlín para que "no encontraran" a Adolf Hitler (dada la red de protección también por ellos orquestada para la huída del tirano alemán); ahora no podían dejar que los soviéticos pasaran a la historia como los emblemas indiscutidos de la paz y los derechos humanos. Había que entrar en acción...

Prisión de Spandau y Margaret Thatcher.

Rudolf Hess en Spandau.


Hay que matar a Rudolf Hess:
Mikhail Gorbachov, ajeno a toda esa serie de comunicaciones entre los líderes de Alemania, Estados Unidos y Gran Bretaña, seguía adelante con su idea de liberar a Hess y para eso había elegido una fecha dentro del mes de Julio de 1987. Las guardias rotativas de Spandau permitirían que durante las jornadas de custodia a cargo de los soviéticos la liberación se llevara a cabo sin inconvenientes. El plan original de liberar a Hess durante Julio de 1987 súbita e inesperadamente fue modificado y se eligió como fecha de liberación la de Noviembre (fines de mes) del mismo año. La noticia de la libertad de Hess llegaría casi como un regalo de Navidad de la nación atea y, entonces, el puñal clavado en la espalda del mundo occidental sería todavía más filoso...
A sus 93 años Hess, si bien estaba muy desgastado físicamente y su complicada artrosis apenas si le posibilitaba movilizarse con mucha dificultad, tenía una memoria frondosa e intacta, por lo cual podía relatar con todo lujo de detalles todos y cada uno de los hechos de su vida incluyendo por supuesto la detención en Inglaterra desde 1941 hasta 1945 y los maltratos y torturas a las que había sido sometido por los británicos. Pero Hess podía hablar de cosas mucho más complicadas y comprometedoras (para Inglaterra) y por eso había que "silenciarlo" de alguna manera. 

Hess hablaría, sin dudarlo, de las negociaciones de paz que él mismo estaba entablando secretamente con los británicos en 1941. Churchill había dado directivas muy concretas al respecto y sus órdenes no daban lugar a dudas ni vacilaciones: había que engañar a Hess para que caiga en una trampa, hacerle perder tiempo a él y a Hitler para que se les viniera el invierno encima y la Alemania nazi se viera obligada a atacar en dos frentes simultáneamente (cosa que la debilitaría). Hitler no quería mantener dos frentes de guerra y por eso deseaba una paz (aunque sea ficticia y endeble) con Gran Bretaña. Hess, a sabiendas de eso, ideo su plan de paz y su famoso vuelo hasta Inglaterra. El tema crucial era en definitiva la mentirosa tratativa de paz generada por Churchill a través de una complicada red de espionaje, por lo cual (y a raíz de lo acordado en diferentes tratados) al mentir en medio de "gestiones de paz", Churchill era co-responsable de las consecuencias derivadas de los conflictos que esa mentira pudiera haber provocado. Dicho ésto, sólo resta decir que dadas sus engañosas tratativas de paz Churchill colaboró concretamente (entre otras cosas) para que el ataque alemán a Inglaterra fuera posible y para que en definitiva a Hitler "se le soltara nuevamente la cadena" e invadiera Rusia. De esta manera Churchill era co-responsable de (por lo menos) 20.000.000 de muertes en territorio soviético (además de las víctimas británicas). Dicho de manera mucho más simple: Churchill debió haber sido juzgado como criminal de guerra al finalizar la Segunda Guerra Mundial, cosa que (obviamente) no sucedió. Hess no se iba a quedar con la boca cerrada y al ser liberado estaría encendiendo otra vez la hoguera. Churchill sería ubicado en la historia en el lugar merecido y eso no iba a ser permitido.
Si Gorbachov planeaba liberarlo iba a ser muy difícil hacer que el nazi no hablara... Rudolf Hess debía morir.


Rudolf Hess en Spandau.


"Suicidan" a Rudolf Hess:
La muerte de Rudolf Hess a manos de los ingleses hubiese sido algo muy burdo (son tan delicados y detallistas los británicos...) y evidente, por lo tanto Margaret Thatcher recurrió a "mano de obra" norteamericana. Los soldados norteamericanos tendrían a su cargo el "cuidado" de Spandau en Agosto de 1987 y entonces la ocasión era más que propicia para que agentes de la CIA (Central Intelligence Agency) realizaran una inesperada visita a la prisión. Como los ingleses, además, son desconfiados (incluso de sus propios cómplices y secuaces) decidieron que "la Reina tendría ojos también dentro de Spandau" y enviaron a dos miembros del SAS (Special Air Service) para que "colaboraran" con sus amigos norteamericanos en la difícil tarea de "suicidar" a Hess. La entrada a Spandau de los agentes de la CIA norteamericana y el SAS británico se produjo entre la noche del 15 de Agosto y la madrugada del 16 de Agosto de 1987.
El lunes 17 de Agosto mientras Hess apenas si caminaba por los jardines de la prisión, los agentes se acercaron y pasaron una cuerda alrededor de su cuello con una sola y obvia intención: asesinarlo. Increíblemente Hess no murió en ese instante por lo cual fue llevado al interior de Spandau. Mientras era "asistido" Hess logró esbozar unas pocas y últimas palabras. Estaba identificando (ante un soldado norteamericano ajenos al "operativo") como únicos responsables del primer intento de asesinato contra su persona a los dos agentes del SAS británico.

Unas horas después era encontrado ahorcado en su celda. Una cuerda colgada del techo apretaba su cuello quebrado y sus débiles manos y endebles brazos carcomidos por la artrosis pendían inertes al costado de su frío cuerpo. Aquel viejo nazi de 93 años, increíblemente, había decidido suicidarse tras largos 41 años de prisión. Por las dudas de que "no pudiera con su cometido"... ingleses y norteamericanos colaboraron y haciendo gala de una filantropía humanitaria sin precedentes..."lo suicidaron" antes...

La historia oficial, sin embargo, dice que Rudolf Hess, de 93 años, con artrosis y grandes dificultades para movilizarse, había decidido subir hasta el techo de su celda, pasar una cuerda por un tirante y colgarse para cometer suicidio.

Richard Warren, el soldado norteamericano al que Hess les "marcó" a los agentes del SAS que había atentado contra su vida, había prometido escribir un libro relatando la historia, pero... lamentablemente un tiempo después decidió cambiar sus planes y se arrojó desde un piso 22.

martes, 24 de julio de 2012

El frustrado ataque nuclear alemán a Nueva York

Boceto del Horten Ho 18, el bombardero "Amerika" destinado a destruír Nueva York.


Navidad de 1944. Un llamado telefónico es recibido en la residencia de los hermanos Walter y Reimar Horten. Del otro lado de la línea, Siegfried Knemeyer, el lugarteniente de Hermann Goering en la Luftwaffe, convocaba de urgencia a la residencia del jerarca nazi a los Horten, los creadores de los prototipos de las "Alas volantes" que podrían haber cambiado el curso de la segunda guerra mundial y, consecuentemente, la historia de la humanidad.

Un poco de historia dentro de esta historia: cuando la primera guerra mundial llegó a su fin y Alemania se vio  pisoteada por el Tratado de Versalles, los germanos se vieron en una encrucijada que resolvieron rápidamente: o seguían inertes bajo el nuevo orden mundial establecido arbitrariamente por los aliados o bien se ponían creativos y en acción. Tomaron la segunda opción y en eso los hermanos Horten tuvieron especial protagonismo. Ante la imposibilidad de generar cualquier tipo de maquinaria, prohibición que incluía la negativa a usar aviones con motor de ninguna clase, los alemanes recurrieron a la creatividad de los Horten, quienes en definitiva fueron los creadores de las famosas alas delta. Sus primeros proyectos generaron desconfianza entre los expertos en aviación pero una vez que los nazis llegaron al poder, Goering decidió darles crédito y tomó sus ideas sobre las "Alas volantes". Así, tras el Ho 1 y las sucesivas evoluciones se llegó al Ho 9, que fue el precursor de los actuales aviones invisibles. De hecho, los materiales utilizados (antecesores directos de la fibra de carbono actual), como así también su especial pintura y su diseño, convertían al Ho 9 en un avión indetectable. A todo eso se le sumaba su propulsión a reacción y de esa manera se tenía un combo que podría revertir la situación negativa del Tercer Reich hacia el final de la guerra. Hitler y Goering creían en la victoria final a pesar de todo. Que los aliados estuvieran cercando Berlín  a finales de 1944 y principios de 1945, no significaba para ellos el final previsible y así las cosas apostaron por sus armas secretas para dar vuelta la historia hasta el último minuto. Muchas de esas armas secretas y super poderosas aún estaban en plena fase de desarrollo en los talleres alemanes en marzo / abril de 1945 y si los nazis hubiesen contado con algo más de tiempo, las cosas serían diferentes.

Walter y Reimar Horten.


Volviendo al llamado telefónico de Knemeyer a los Horten a finales de 1944, el mismo provocó la visita de los hermanos a la residencia de Goering para ser informados de los inminentes planes de la Luftwaffe. Hermann Goering fue directo al grano, sin rodeos. El jefe de la Luftwaffe les pidió que se pongan a trabajar en un poderoso bombardero, continuador del Ho 9, que reuniera las siguientes condiciones indispensables: Que sea un Ala Volante capaz de recorrer 11.000 kilómetros sin necesidad de reabastecimiento y que pudiera transportar una única bomba de 4 toneladas de peso. A los Horten les llamó mucho la atención el pedido. Los alemanes ya tenían casi listo al Ho 9 para ser ingresado a la línea de producción como los nuevos e invencibles bombarderos a reacción e indetectables, pero Goering le pedía, aún con la guerra perdida, la construcción de una única unidad con esas características.
El bombardero Ho 18 sumaba un elemento muy interesante: su pintura estaba recubierta por un pegamento especial a base de carbono que lo transformaba en una avión imposible de detectar por los radares aliados. Los planos preliminares estuvieron listos en enero de 1945 y para ese entonces se estimaba que la velocidad que alcanzaría una vez fabricado sería de 1.000 kilómetros por hora. Una vez que todo estaba listo para comenzar la producción, los Horten se enteraron los planes de Hitler y Goering: el bombardero Ho 18 debería despegar de una base secreta alemana, cruzar el océano Atlántico y dejar caer sobre la ciudad de Nueva York una bomba de 4 toneladas que destruiría por completo la ciudad norteamericana. Luego, el avión debería regresar de inmediato a Alemania, dando de un solo golpe un giro totalmente inesperado a la guerra. El avión se llamaría "Amerika" y lelvaría la bomba atómica.
Todo marchaba sobre rieles, pero los rusos entraron en Berlín y los nazis no lograron su cometido. Todavía resuenan las palabras de Hermann Goering tras ser detenido por los aliados: "Si la guerra hubiese durado unos meses más, los habríamos volado del mapa"...

Bombardero norteamericano B2.


Los planos del  Horten Ho 18 o "Amerika", terminaron tras la guerra en poder de los norteamericanos, como era de esperarse y más de 50 años después la USAF logró mostrarle al mundo entero su genial "creación", el bombardero B2 (tercera foto de este post). Cualquier parecido con el "Amerika" es pura casualidad...
Hacia fines de 2002, poco ante de morir en Buenos Aires, Argentina, tras su llegada en los años '50, un anciano Walter Horten no se sorprendió en absoluto viendo al nuevo bombardero invisible norteamericano. Él mismo, junto a su hermano, lo había creado a finales de 1944...

jueves, 22 de marzo de 2012

Conferencia de Yalta: el día que Roosevelt, Churchill y Stalin se repartieron del mundo

Churchill, Roosevelt y Stalin sonríen satisfechos tras repartirse el mundo en Yalta.

Yalta, península de Crimea, sur de Ucrania a orillas del mar Báltico. Febrero de 1945. La segunda guerra mundial estaba llegando a su fin, Adolf Hitler preparaba su escape disfrazado de suicidio y "Los Tres Grandes" se reunían para repartirse las pertenencias del difunto, cuando su cuerpo aún estaba caliente...
"Los Tres Grandes", como ellos mismos se hacían llamar, eran Winston Churchill (Primer ministro británico), Franklin D. Roosevelt (Presidente de Estados Unidos) y José Stalin (Dictador de la Unión Soviética) y se habían reunido con único y claro objetivo: repartirse el mundo de posguerra.
Atrás quedaban muchas de las atrocidades (propias y ajenas) de una de las peores guerras de la historia de la humanidad. Atrás quedaban las enormes diferencias aparentes en los campos de batalla entre más de uno de los tres protagonistas de esta reunión. No importaba ya si Stalin era un criminal con portación de poder absoluto, no importaba el cinismo y las mentiras constantes de Churchill y tampoco importaban los atropellos norteamericanos. Ese día, "Los Tres Grandes" estaban, en definitiva, delineando el "Nuevo Orden Mundial"...

Tras la conferencia de Yalta, los "vencedores" de la guerra determinaron entre otras cosas: una serie de acuerdos referidos a los nuevos límites de Europa, en especial los referidos a Polonia. También se decretó la creación de las Naciones Unidas, un organismo claramente hecho a medida y manejado por las potencias victoriosas y finalmente se determinó el "reparto" de Alemania, dividiendo al país en cuatro zonas, cada una dominada por tropas de Estados Unidos, Inglaterra, Francia y la Unión Soviética.

Pero por sobre todas las cosas, la reunión iniciadora del "Nuevo Orden Mundial" apuntaba a desactivar y desmembrar por completo al proletariado alemán, siempre tan proclive a ser el más ordenado y organizado de Europa...La "desnazificación" de Alemania era un buen pretexto para meter mano allí.
Resultará muy llamativa la tranza perpetrada por los líderes del comunismo y los amos capitalistas. Los aliados (que aunque suene increíble aún contaban en sus filas a Rusia...) acordaron dividir (repartirse) Europa en dos zonas de influencia: Europa oriental quedaba en manos de Stalin, quien se comprometió a mantener el capitalismo instalando gobiernos "de unidad nacional" en conjunto con las burguesías establecidas sin avanzar sobre la expropiación de bienes. Por el lado de Europa Occidental, todo quedaba bajo el ala norteamericana con el agregado de la reconstrucción de las zonas devastadas, también a cargo de Estados Unidos y sus empresas. Stalin por su lado se comprometió también a que los partidos comunistas de Francia e Italia frenaran automáticamente su lucha armada y colaboraran de alguna manera con la "reconstrucción" liderada por Estados Unidos y sus socios.
Con este impensado gesto, Stalin, desarticulaba absolutamente los incipientes procesos revolucionarios y obreros en esas zonas de Europa. Stalin firmaba de ese modo la "salvación" del capitalismo y se hacía cómplice (otra vez) de la "repartija mundial" que era la antesala de un nuevo negocio: la guerra fría.

jueves, 1 de marzo de 2012

Ferdinand Beisel: El Hitler que murió en Berlín

Ferdinand Beisel recorriendo la destrozada Cancillería del Tercer Reich.


Ferdinand Beisel era un hombre común, un alemán que, como tantos otros, veía con absoluta "normalidad" ser parte activa de las SS. Una tarde Beisel repitió el viejo ritual de ir a una cervecería con un grupo de amigos de toda la vida, esa misma vida que estaba por experimentar un giro absolutamente inesperado en cuestión de minutos. A Ferdinand Beisel se le ocurrió la "felíz idea" de imitar a Adolf Hitler a raíz de su enorme parecido con el Führer. El hecho hubiese pasado totalmente inadvertido de no ser por un pequeño detalle: unos jerarcas de la Gestapo estaban presentes en el lugar y no dudaron ni un instante en detener a Beisel por, según ellos, mofarse del conductor de Alemania. Beisel fue detenido pero fueron las mismas personas que lo llevaron a prisión quienes vieron algo positivo en aquel asombroso parecido con el Führer. En los días finales de la Segunda Guerra Mundial no estaba demás cubrirle las espaldas a Hitler y "mandar al frente" a un socias o doble. 
Cuando Ferdinand Beisel fue presentado a Martin Bormann, vice Führer, ya tenía asignada una nueva tarea en el alicaído Tercer Reich: a partir de ese momento era uno de los dobles de Adolf Hitler.

Ferdinand Beisel recorriendo la destrozada Cancillería del Tercer Reich.


Con el paso del tiempo Beisel estuvo muy atareado, sobre todo cuando el ejército rojo comenzó a cercar Berlín y cuando el final resultaba ya inexorable e irreversible. El interior del bunker de Hitler en Berlín era un hervidero. Reuniones secretas, gritos desesperados, intentos de suicidio y escape. Suicidios concretados, promesas de lealtad eterna, apretones de mano y la idea que flotaba en el aire del viciado espacio subterráneo: Hitler ya no estaba allí. Con el paso de los días los contactos visuales con el Führer se fueron espaciando hasta casi desaparecer de toda posibilidad e incluso los últimos colaboradores en recibir el saludo del líder alemán sostuvieron que en realidad su aspecto era diferente al habitual y que ni siquiera pronunció palabra al despedirse de ellos con un apretón de manos.

El entorno de Hitler (ya en viaje hacia Sudamérica) se encargó de "organizar" una última sesión de fotos del "Führer" observando los destrozos iniciales en la Cancillería del Tercer Reich. En las imágenes (las dos primeras de este post) se observa al supuesto Hitler que en realidad no es tal. El de las imágenes finales en la Cancillería es ni más ni menos que Ferdinand Beisel, el infortunado imitador de Hitler que cambió su destino para siempre aquella tarde en una cervecería al imitar al Führer.

El cuerpo muerto de Ferdinand Beisel. Los rusos lo exhibieron como el cadaver de Hitler.

Luego, lo conocido: el "suicidio" de Hitler en el bunker. Su cuerpo retirado de incógnito al patio de la Cancillería junto al de su esposa Eva Braun, la supuesta incineración y... la aparición de un cadáver que los rusos tomaron como el de Hitler (ver tercera foto). Hitler ya no estaba allí. El Führer alemán estaba seguramente embarcado en un submarino Tipo XXI surcando las aguas del Atlántico hacia un paraje lejano del sur argentino. El que había muerto era el pobre de Beisel.