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jueves, 3 de marzo de 2016

Adhesiones argentinas a Hitler desde la "Deutsch Österreichische Vereinigung in Sudamerika"

Acto en el Luna Park de Buenos Aires celebrando el Anchluss en 1938.

Podían estar a la vuelta misma de la esquina, ser esos buenos vecinos a los que cualquiera saludaba en el barrio sin advertir en ellos nada en especial. Podían ser compañeros de trabajo, conocidos de conocidos, amigos, personas que incluso uno desearía llegar a conocer, gente común y corriente a los que se le podía estrechar la mano y compartir una charla -cafecito mediante- acomodados en la mesa de un bar. 
Podían ser maestros, doctores, carniceros, pintores o lo que uno pudiera llegar a imaginar. Podían ser madrazas y mujeres abnegadas encargándose del hogar familiar. Podían ser caballeros que gastaban la suela de sus zapatos sobre las mismas aceras de Buenos Aires y se quitaban el sombrero respetando el paso de las bellas damas del lugar. Sin embargo entre ellos compartían una manera de vivir, un pensamiento particular y -en cierta medida- un modo de ver las cosas que no siempre pusieron a la vista de los demás.

Podían ser los mismos que pasaron obediente y orgullosamente por la "Deutsch Österreichische Vereinigung in Sudamerika"  (Unión Austro-Alemana en Sudamérica) con sede en Buenos Aires para dejar estampada su firma apoyando el "Anchluss"  (la invasión de la Alemania nazi de Hitler a Austria) que tuvo lugar el 12 de mayo de 1938. Bajo el lema de "un pueblo, un Reich, un líder", no dudaron ni un instante en enviarle su apoyo incondicional al Führer, para que supiera que en estos confines del mundo tenía mucho más apoyo del que muchos pudieran siquiera llegar a sospechar.
Basta con ver la dirección de sus domicilios para comprender que, efectivamente, eran como cualquier otro hijo de vecino porteño más...

El 10 de abril de 1938, el multitudinario acto celebrado en el estadio "Luna Park" de Buenos Aires, le demostraría a propios y a extraños que los nazis también eran capaces de reunirse de manera masiva fuera de sus expandidas fronteras (de hecho fue la mayor reunón Nacionalsocialista  fuera de Alemania en toda la historia), con 15.000 brazos derechos en alto para darle el sí al mismísimo Adolf Hitler desde la lejana capital de la siempre amigable Argentina.

Marcelo D. García
Historias Lado B



Libro de la Unión Austro-Alemana en Sudamérica con adhesiones 
de argentinos de orígen austríacos apoyando la invasión nazi a Austria. Mayo de 1938.
(Hacer click sobre la imagen para agrandarla)




sábado, 30 de enero de 2016

El "Ángel de Budapest" que engañó a Hitler y se enfrentó al Generalísimo Franco

Ángel Sanz Briz, el diplomático español que -engañando a Hitler y desoyendo a Franco- 
salvó a miles de judíos del Holocausto.

Ángel Sanz Briz, nacido en Zaragoza el 28 de septiembre de 1910, fue un español que tras estudiar Derecho e ingresar en la Escuela Diplomática, se enroló en las tropas franquistas apenas iniciada la Guerra Civil Española en 1936, tras lo cual -y una vez finalizada la misma tres años después- fue destinado por el gobierno español a Egipto como Encargado de Negocios de la embajada de su país.
Pero en realidad, fue mucho más que sólo eso.
En 1942, a sus 32 años de edad, contrajo matrimonio con Adela Quijano y Secades y recibió su segundo destino como encargado de negocios, pero en esa oportunidad asignado a la embajada española en Hungría, un Estado aliado a las potencias del Eje, en donde -sin embargo- aún no se había llevado a la práctica criminales medidas de exterminio de judíos y otros como las que ya estaban en marcha en toda la Europa ocupada por los nazis.(1)

Pero todo cambió drásticamente en marzo de 1944 cuando la Alemania de Adolf Hitler  invadió Hungría y fue el propio Adolf Eichmann quien se trasladó a la ciudad de Budapest para supervisar personalmente los nuevos  planes de exterminio de la comunidad judía del país, donde fueron asesinados durante el holocausto unos 565.000 judíos por los nazis.(2)
El 25 de junio de ese mismo año, Sanz Briz -poniendo en riesgo su propia vida ante las nuevas autoridades de la ocupación nazi- envió una carta informando secretamente a Madrid de las disposiciones anti-judías; algo de lo que (se supone) no estaba debidamente al tanto el Generalísimo Francisco Franco.
De todos modos, nadie se movió demasiado -excepto él mismo- y en el transcurso de apenas dos meses, unos 500 mil judíos fueron expulsados de sus hogares y deportados. Sin embargo, Sanz Briz no se dio por vencido ni mucho menos.

Así, su trabajo y desempeño como diplomático en Budapest estuvieron clarmente marcados por un profundo análisis de su propia conciencia, dado que -debido la "neutralidad" española en la Guerra-por supuesto que no estaba obligado en lo más mínimo a tomar una iniciativa tan arriesgada y peligrosa como la de refugiar a la mayor cantidad de judíos posibles en sus casas de acogida de la legación española, incluso poniendo dinero de su bolsillo y exponiendo su pellejo. Como las instrucciones recibidas desde Madrid fueron en la mayoría de las veces ambiguas, Ángel Sanz Briz se atrevió a desconocerlas y redoblar la apuesta. De hecho, el alarmante silencio de Madrid equivalía -a todas luces- a un dejar hacer a los nazis ocupantes.
Hitler y Franco, pese a todo, serían burlados.
El "Ángel de Budapest", tal como en adelante se lo conocería, siguió insistiendo a través de correspondencia a Madrid sobre el preocupante estado de cosas. Así, anotó en reiteradas oportunidades a sus superiores que "No obstante, en la nota verbal de referencia no se hace mención al hecho de que entre las 500.000 personas deportadas había un gran número de mujeres, ancianos y niños perfectamente ineptos para el trabajo y sobre cuya suerte corren en este país los rumores más pesimistas" (3), tras lo cual agergaría que "conseguí que el Gobierno húngaro autorizase la protección por parte de España de 200 judíos sefardíes (...) Después la labor fue relativamente fácil, las 200 unidades que me habían sido concedidas las convertí en 200 familias; y las 200 familias se multiplicaron indefinidamente, con el simple procedimiento de no expedir salvoconducto o pasaporte alguno a favor de los judíos que llevase un número superior al 200".

Al final del camino, las vidas de judíos salvados por el "Ángel de Budapest" fueron 5.000.
En cualquier caso, el valiente diplomático siempre obró por cuenta propia, aún sabiendo sobre las posibles posteriores consecuencias.
Años más tarde apareció en Washington un documento, escrito por Sanz Briz en el año 1946, en el que dejó claro que había actuado de motus propio y que siempre y en todos los casos, la respuesta oficial del gobierno de Franco fue la de mirar hacia otro lado y darle vía libre a los nazis. Sobre los posibles motivos por los cuales el Generalísimo jamás se decidió a matarlo ante semejante falta de lealtad y obediencia, el diplomático guardó un profundo e infranqueable silencio hasta el mismísimo final de sus días.
Como fuera, Sanz Briz continuó su carrera diplomática y posteriormente fue destinado a las ciudades de San Francisco y Washington (en Estados Unidos), Lima, Berna, Bayona, Guatemala, La Haya, Bruselas y -finalmente- Pekín.
El 9 de marzo de 1973 Ángel Sanz Briz, su secretaria, Aurora Aranaz, y el catedrático de Filosofía Iñaki Preciado Idoeta, convertido en su traductor personal, abrieron la embajada en Pekín. Sanz Briz a sus 63 años era de los más veteranos del escalafón diplomático y fue el primer embajador español en China. Se presentó como voluntario para aquella plaza por motivos -según él dijo- meramente personales.(4)
En 1976 fue destinado a Roma como embajador de España ante la Santa Sede, donde falleció el 11 de junio de 1980.
Se fue de este mundo sabiendo que todo había valido la pena (incluso el riesgo) y que con la suya, había salvado tantísimas otras vidas más.


Marcelo D. García
Historias Lado B



Referencias:
(1): Lacruz, José. «El ángel de Budapest». El periódico del Estudiante. El Periódico de Aragón. Consultado el 2008.
(2):  El destino de los judíos de Europa - El exterminio de los judíos de Hungría - Yad Vashem.
(3): Sella, Joan (25 de mayo de 2012). RTVE, ed. «Sanz-Briz, El Ángel De Budapest». RTVE. Consultado el 9 de agosto de 2012.
(4): Galarraga, Naiara (10 de marzo de 2013). El País, ed. «El traductor de la China de Mao». Consultado el 5 de abril de 2013.
Artículo consultado:
http://elpais.com/diario/2010/10/03/necrologicas/1286056801_850215.html


domingo, 14 de junio de 2015

Sigmund Freud sugirió que Adolf Hitler fuera tratado de niño por problemas mentales

Según un estudio reciente, en 1895 Sigmund Freud habría recomendado que el futuro Führer, entonces de 6 años, fuera internado en un instituto de salud mental para ser tratado por su conducta patológica.

Sigmund Freud y Adolf Hitler.

La pesadilla de Hitler.
INVESTIGACION / El psicoanálisis
Monstruos y abismos invadían cada noche los sueños del pequeño Adolf.

Un muchachito austríaco de seis años y gesto desafiante, el mentón elevado y la mirada firme, las piernas abiertas, los brazos cruzados, algo diferente del resto de sus compañeros de colegio, cambió con el tiempo la historia de Europa.
Hijo de Alois, un funcionario de aduana, y de Klara, una sufrida ama de casa, en 1895 Adolf Hitler no representaba nada, para el poder de Guillermo II en Alemania ni para el de Francisco José I, monarca del imperio austrohúngaro. Después de todo, sólo se trataba de un pequeño escolar que suficientes problemas ya tenía en su casa como para preocupar a tan importantes personajes que en aquellos días continuaban decidiendo el destino de gran parte del mundo, ya que sus guerras y reconciliaciones, sus tratados y sus ambiciones tenían un impacto profundo más allá de las fronteras, hasta ultramar.
Una reciente investigación realizada en Londres por el escritor de televisión Laurence Marks, que tuvo la colaboración de John Forrester, estudioso de Sigmund Freud y su obra, indica que el padre del psicoanálisis recomendó en 1895 que el pequeño Adolf fuese internado a los seis años en un instituto de salud mental para niños de Viena.
Conductas impropias para un chico normal de clase media austríaca y horribles pesadillas nocturnas que se repetían cada noche llevaron al médico de la familia Hitler, el doctor Ernest Bloch, a consultar con un especialista para saber qué hacer con el paciente que soñaba con monstruos malignos, caídas hacia abismos profundos y negros como la noche y persecuciones en las que invariablemente era capturado y azotado hasta desear la muerte. Metódico como la mayoría de sus compatriotas, el doctor Bloch, de origen judío, dejó constancia en varios escritos hallados por Marks, de la consulta realizada a otro judío, el propio Freud, que fue terminante en el diagnóstico: "internación y tratamiento". Pero la inflexibilidad del padre, Alois, fue más fuerte que los desvelos de la madre, Klara, y el destino marcado por voluntad paterna, es decir, que su hijo llegara a ser, como él, un funcionario del Estado, impidió que el niño fuese tratado con resultados que bien podrían haber alterado el curso de la historia mundial.

Adolf Hitler ni fue internado ni recibió tratamiento alguno y años después revelaría, en el reflejo escrito más fiel de su pensamiento político y de la forma en que él interpretaba su propia biografía, Mi lucha (Mein Kampf) : "La camaradería que mantenía con muchachos robustos, que era frecuentemente motivo de hondos cuidados para mi madre, pudo hacer de mí cualquier cosa menos un poltrón".
En los años de más temprana formación, la conducta de Hitler no ocasionaba penurias más que a su familia, especialmente a su madre. Según Allan Bullock, historiador y autor de una importante biografía del Führer , publicada en 1952, la crisis psicológica sólo hizo eclosión en la vida de Hitler entre 1907 y 1908, a la edad de 18 años, cuando fue rechazado dos veces por la Academia de Artes de Viena. El nunca aceptó la justicia de aquella decisión de las autoridades de la academia, algo que quedó también reflejado en Mi lucha : "Aún hoy no me explico -escribió- cómo no me di cuenta antes de que tenía vocación para la pintura. Mi talento para el dibujo se hallaba tan fuera de duda que fue uno de los motivos que indujeron a mi padre a inscribirme en un colegio de enseñanza secundaria, pero jamás con el propósito de permitirme una preparación profesional en ese sentido." El frustrado pintor austríaco siguió intentando desplegar aquel talento que, como muchas otras habilidades tales como la oratoria y la capacidad de liderazgo, él consideraba natural. Y hoy, diversos coleccionistas de Europa mantienen entre marcos los paisajes urbanos pintados por Hitler casi hasta el fin de sus días. La sensación de que existía una suerte de conspiración en su contra, en este caso para impedirle consumar su futuro de artista, era coherente con las viejas y aterradoras pesadillas de la infancia temprana. Las persecuciones nacidas en su mente eran más peligrosas para los otros que para él mismo. Aunque esto sólo se sabría años después.
Sin embargo, el investigador Marks señala el principio del daño psicológico de Hitler mucho antes que Bullock, y ubica su origen en el maltrato que recibía del padre. "Le gustaba humillar a su hijo. En una muestra de rebelión, Adolf, entonces de seis años, trató de escapar de su casa durante la noche, saltando por una ventana. Se desvistió para salir con menos ruido, pero quedó enganchado. Su padre lo oyó y trajo al resto de la familia para que se rieran de él. Adolf lloró durante tres días", relató.

Sigmund Freud y Adolf Hitler.



Marks está convencido de que Alois se negó a seguir el consejo dado por Freud, esto es, internar a Adolf para un tratamiento psiquiátrico, sólo para evitar que cualquier examen médico pudiese delatar el maltrato, que también era físico. Fue una decisión que cambiaría el futuro.
Como es de suponer, dada la profesión de Marks, toda esta investigación será la base de una obra de teatro en el West End de Londres, y ya hay quienes hablan de una película. Pasado más de medio siglo desde el fin del horror hitleriano, ya no son los hechos -indubitables- sino sus causas lo que se trata de dilucidar. Esa búsqueda también se manifestó hace pocos meses en Buenos Aires, cuando especialistas de todo el planeta reunidos en el Congreso Mundial de Neurología intentaron analizar posibles razones neurológicas en la patología de Hitler, que se daba por descontada.
El historiador Bullock, de todas maneras, dice que las teorías sobre los orígenes de la insania mental, e incluso la existencia cierta de esa enfermedad, aún lo intrigan. Se pregunta: ¿fue Hitler realmente un enfermo mental, y en caso de que lo haya sido, qué lo hizo capaz de acumular semejante poder, a pesar de ello?

"Vaya a cualquier asilo para locos y seguramente encontrará a alguien que cree tener una misión especial de conquistar el mundo. Esas personas no llevan adelante esa supuesta misión. La pregunta por responder es: ¿cómo hizo Hitler para ponerla en práctica?", dice, sin que hasta el momento alguien haya aventurado una respuesta irrefutable.

Las investigaciones realizadas por Laurence Marks pusieron al desnudo ciertas curiosidades. Por ejemplo, que Adolf Hitler nunca olvidó al médico de su familia. Cuando, en 1938, Alemania invadió y anexó Austria, Martin Bormann recibió instrucciones precisas del máximo jerarca nazi: preservar a Ernest Bloch, otorgándole un salvoconducto para huir a Suiza.
En definitiva, Hitler le salvó la vida a un judío, a pesar de que el judaísmo era el centro de su teoría fantástica acerca de las razas, y el blanco principal de la furia homicida que desató en Europa. Precisamente él, un enemigo demencial de los judíos, estuvo a punto de no quedar en la memoria como el autor intelectual y material del mayor genocidio en la historia europea, y haber sido un anónimo pintor de brocha gorda, o bien un oscuro funcionario del Estado austríaco, merced a la intervención bien intencionada de dos judíos: Ernest Bloch y Sigmund Freud.

Pero no fue así. El mundo lo sabe.

Por Leonardo Freidemberg
(c) La Nacion



Artículo original:  
http://www.lanacion.com.ar/209311-la-pesadilla-de-hitler


miércoles, 27 de mayo de 2015

El alemán de la daga

El alemán de la daga.


Era una tarde cálida, una jornada apacible y relajada como tantas otras en las que aquellos melancólicos alemanes -que solían disfrutar de las comodidades del "Edén Hotel" enclavado en la tranquilidad y privacidad de las serranías cordobesas de La Falda- se reunían para recordar los buenos viejos tiempos y, de paso, hacer nuevos planes para un futuro mejor. Cerca del reducto de los Eichhorn, la paz también se encontraba en "El chorrito", un idílico paraje surcado por cascadas y manatiales que hacían las veces de un improvisado y bendito balneario en donde mitigar el calor de la provincia mediterránea; un maravilloso lugar de reunión donde los camaradas aprendieron -e hicieron propio- el arte y la sana costumbre del asado y un vasito de vino. La foto es un buen retrato de aquellos días de finales de 1950.
Con el sol del mediodía clavado sobre sus cabezas y vestidos como para otra ocasión, los germanos del "Edén" posaban felices y despreocupados para la posteridad. Uno de ellos -el de la izquierda- con coqueto sombrero y campechana pose de manos en la cintura, deja al descubierto el cinto del que se asoma, orgulloso, brillante y filoso, un cuchillo. Los lugareños solían pedírselo -a don Ricardo- para cortar los jugosos costillares sobre la parrilla, pero el alemán lo portaba por motivos diferentes.
La filosa pieza era una daga de honor de las SS nazis y su poseedor, don Ricardo Klement (el de la izquierda en la foto de este artículo), era -ni más ni menos que- el jerarca nazi Adolf Eichmann.


Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Eichmann, que se hacía llamar Otto Eckmann, fue capturado por el Ejército de los Estados Unidos, que "desconocía" su verdadera identidad. En los albores de 1946 se "escapó" de la custodia del Ejército estadounidense y se ocultó en varios lugares de Alemania durante algunos años. En 1948 obtuvo un salvoconducto para escapar a Argentina, pero no lo usó inmediatamente.A principios de 1950, Eichmann estuvo en Ginebra, donde se hizo pasar por un refugiado llamado Ricardo Klement. Con la ayuda de un fraile franciscano de ideas fascistas, que tenía conexiones con el obispo Alois Hudal, obtuvo un pasaporte emitido por el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y un visado argentino, ambos documentos a nombre de "Ricardo Klement, técnico". El 17 de junio de 1950 salió en barco desde Génova y llegó a Buenos Aires el 14 de julio del mismo año. Vivió tranquilo y amparado en la Argentina hasta que el 11 de mayo de 1960 un comando clandestino del Mossad -servicio de inteligencia israelí- lo secuestró en un procedimiento irregular y violatorio de las leyes internacionales y soberanía argentina para llevarlo a Israel y -finalmente- condenarlo a muerte.


Marcelo García
Historias Lado B

lunes, 11 de mayo de 2015

Gerhard Bartels, el niño que Hitler usó para hacer propaganda nazi, rompe su silencio

En los últimos tiempos, no pocos han sido los que salieron a secar viejos trapitos al sol, intentando olvidar un pasado que -no siempre- pudieron manejar a su entera voluntad. Tal vez sea uno de esos casos el de Gerhard Bartels, este hombre que -cuando niño- fue llevado de las narices hasta los brazos del mismísimo Adolf Hitler como emblema del perfecto niño ario. No podemos juzgar los sentimientos y sensaciones de Bartels en aquella oportunidad, no es que se lo viera precisamente felíz junto al Führer, además de ser -claro está- sólo un niño y nada más. Otros en cambio, mayores que él por entonces, supieron (eso sí) disfrutar las mieles de sus simpatías nacionalsocialistas en los días en que serlo, para muchos, no estaba mal. Pero esa es una discución que quedará definitivamente para otra oportunidad. 
Entre tanto, una cosa llama poderosamente  la atención: el hecho de que Bartels, "invadido y asustado" por la "bestia" de Hitler, haya conservado y exhiba la fotogarfía que lo ha hecho célebre para toda la posteridad y no la haya quemado tratando de dejar todo eso atrás...
A continuación comparto este interesante artículo -para el debate- publicado originalmente en el "ABC" de España.

«Fui elegido porque obviamente encajaba con lo que Hitler pensaba que era un buen hijo ario», ha dicho.
Artículo de http://www.abc.es

Gerhard Bartels y su fotografía con Adolf Hitler.


Gerhard Bartels tenía la fisionomía perfecta del niño ario. Su tez blanca, ojos azules claros, y sus cachetes sonrojados representaban el ideal de hombre perfecto según Adolf Hitler, por lo que el dictador no dudó en usarlo para hacer propaganda nazi justo antes que empezara la Segunda Guerra Mundial. En los años antes del conflicto bélico, el rostro de Bartels apareció en postales, libros y material de campaña que ensalzaba al régimen nazi. Cuando fue fotografiado con el dictador, Bartels tenía solo cuatro añitos. Ahora, ocho décadas después, y cuando se celebran 70 años del fin de la II Guerra Mundial,el hombre rompe su silencio y habla sobre cómo fue su encuentro con el «Führer». Según rescata el «Daily Mail», Bartels ha recordado que a sus cuatro años sus padres le ordenaron que buscara su mejor ropa porque «iba a conocer al Fuhrer». «No me permitían jugar ese día con los otros niños para que no ensuciara mis ropas. No me gustaba nada de aquello, porque yo solo quería salir a jugar».

El día del encuentro con el Führer.



Bartels fue seleccionado, porque su tío, Isidor Weiss, era amigo de Hitler. Su rostro se usó para una campaña nazi que buscaba la adopción de niños arios. Weiss entabló amistad con Hitler durante la Primera Guerra Mundial. Los padres de Bartels eran dueños del hotel Alpenhof, ubicado al lado del Hotel bávaro Weiss, del que Hitler era un visitante regular. «Hitler era un gánster. Los nazis me usaron con fines de propaganda. Se me usó para mostrar el amor de Hitler por los niños. Pero todos los dictadores hicieron lo mismo, desde Mussolini a Stalin. Yo fui elegido porque obviamente encajaba con lo que Hitler pensaba que era un buen hijo ario», quien sigue trabajando en el hotel alpino. Bartels ha señalado que cuando conoció a Hitler no cumplió con las instrucciones de saludar con las palabras habituales «Heil Mein Führer». «Incluso a una edad tan temprana, en el fondo yo sabía que me estaban manipulando», ha dicho.


Gerhard Bartels y Adolf Hitler.


Heinrich Hoffmann, el fotógrafo personal de Hitler fue el encargado de hacer las instantáneas del pequeño, que recuerda de forma especial la fotografía que le hicieran en 1936. «Yo estaba feliz de ser fotografiado porque pensé que iba a tener una gran rebanada de pastel de manzana», ha dicho. Otras personas datan la fotografía en 1937. «Pero su fotógrafo se llevó todas las fotos y 80 años después sigo esperando ese trozo de tarta. Como muchas otras promesas de Hitler, lo que decía en el momento sonaba bien pero no era lo que él quería hacer», ha señalado.



CLICK AQUI para ver el artículo original.

domingo, 5 de abril de 2015

La Hiena de la Gestapo

¿Puede una heroína ser un monstruo? ¿Era Violette Morris lo primero o lo segundo? Aquí, la increíble historia de la "Hiena de la Gestapo", un personaje forjado a fuerza de dolor, desprecio, violencia y una inesperada oportunidad de ser alguien en la vida.

Violette Morris, "La Hiena de la Gestapo".


Nació en Francia el 18 de abril de 1893, y aunque haya dado la extraña sensación de ser un personaje de ficción, uno de esos que suelen verse en viejas películas del cine negro, Violette Morris fue un personaje real. Estremecedoramente real.
Hija menor de seis hermanos, pasó su adolescencia en la clausura del lúgubre convento de "L'Assomption de Huy" y -a pesar de reconocerse como lesbiana- una vez que pudo escapar de allí se casó con un hombre de apellido Gouraud en 1914. La vida no era sencilla para ella y la Primera Guerra Mundial la encontró en el frente francés como enfermera en la legendaria Batalla del Somme y como agente correo en la Batalla de Verdún, en donde también se destacaría como conductora de ambulancias entre bombas y disparos.
La contextura física, sus 68 kilogramos de peso y una altura de 1,66 metros le permitieron ser -además- una buena deportista, llegando a destacarse extrañamente para su época como jugadora de fútbol en el "Fémina Sports" entre 1917 y 1919, como así también en el "Olympique de París" desde 1920 y hasta 1926. Violette, así mismo, supo destacarse en levantamiento de pesas, boxeo, waterpolo y lanzamiento del disco, entre otras disciplinas. Su pasión por el riesgo, la aventura y la velocidad, también hicieron de ella una excelente conductora de motocicletas y autos veloces de su tiempo. Tras someterse a una pionera intervención por medio de la cual se hizo extirpar sus prominentes pechos, llegó a sostener que "lo que puede hacer un hombre, puede hacerlo Violette", la cual pasó a ser no sólo su frase de cabecera sino además su verdadera filosofía de vida.


Violette Morris, la deportista.


Tras su divorcio en 1923, Violette Morris comenzó a vestirse como un hombre, sin llegarle a importar las voces contrarias e hirientes que escuchaba a cada paso que se disponía a dar. Tras hacerse conocida, la Federación Olímpica Francesa le negaría el derecho a participar en los Juegos Olímpicos de 1928 representando a su país argumentando que ella era la viva representación de un atentado contra la moral pública. Sin embargo, no  todos eran incapaces de reconocerle virtudes y darle oportunidades y, así las cosas, en 1935 fue contactada por un agente nazi de la Sicherheitsdienst (la agencia de inteligencia dependiente de las SS nazis) para darle nuevo sentido a sus días. En 1936, tras ser invitada por el régimen de Hitler a los Juegos Olímpicos celebrados en Berlín, pasó a ser muy considerada por los nazis, sobre todo por la valiosa información que solía aportar. ¿Venganza contra Francia? ¿resentimiento? ¿o simplemente un dolor inmanejable? tal vez un poco de cada cosa la llevaron a convertirse en una agente secreta tan temida como respetada, trabajando en pos de la victoria de Hitler en la Francia ocupada y siendo determinante a la hora de pasarle a los nazis información sobre la Línea Maginot, detalles técnicos sobre los tanques blindados franceses y los lugares desde donde operaba la resistencia en la ciudad de París. Gracias -en parte- a sus aportes, Hitler pudo ingresar triunfante en París en junio de 1940 para inmortalizarse poco después posando en una fotografía frente a la Torre Eiffel.
Violette Morris había caído rendida a los pies del nazismo y el nazismo, le daba -de manera inesperada-  su lugar en el mundo.


Violette Morris.


Su bravura y sus acciones legendarias le valieron ganarse el mote de "La Hiena de la Gestapo", infundiendo terror y respeto por partes iguales entre franceses y británicos, quienes la pusieron entre uno de sus principales objetivos. Winston Churchill, primer ministro británico, no dudaría un instante: había que eliminarla. La orden sería ejecutada por los franceses del "maquis de Surcouf", un importante movimiento de la resistencia francesa. El 26 de abril de 1944, era esperada por un pelotón oculto en la maleza mientras viajaba hacia la localidad de Beuzeville. La velocidad de su maltrecho Citroën le permitió escapar a las balas pero los francotiradores la aguardaron para cuando fuera la hora de su regreso. En esa oportunidad, los disparos dieron todos en el blanco.
Violette Morris murió, pero su increíble historia permanece como una de las más pintorescas y extrañas de la sanguinaria Segunda Guerra Mundial. Entre tanto, muchos se siguen preguntando ¿Puede una heroína ser un monstruo? ¿Era Violette Morris lo primero o lo segundo?

Tal vez alguien, algún día, lo dirá...


Marcelo García
Historias Lado B



miércoles, 1 de abril de 2015

Historia de Nazis, animales y dolor

La viuda del criminal nazi Walter Kutschmann, fundadora de una entidad "protectora" de animales que proclama la eutanasia y dona cámaras de gas a municipios.
Artículo publicado en Diario Crónica, Buenos Aires, Argentina - Domingo 16 de febrero de 1992. 
Copyright © Crónica.

Cámaras de gas, matanza de animales y ... la sombra de Walter Kutschmann...


Cuando la apertura de los famosos archivos nazis, más allá de unas pocas confirmaciones tales como la comprobada ayuda de Perón a los criminales se transformó en una desilusión para quienes tenían en ellos cifradas esperanzas, vuelve a aparecer en el tapete el nombre de uno de estos jerarcas muerto hace ya algunos años. En forma indirecta, es cierto, pero con un caso que lleva "su marca en el orillo" y que hace recordar viejos tiempos no deseados.
Asociación Amigas de los Animales (AAA), amparada en una dulce nominación, es una entidad que tiene fijada en sus estatutos la eutanasia como uno de sus pilares para "defender y proteger" a los pobres bichitos. No, es la única, lamentablemente, y de estas mismas páginas hemos denunciado ya a otras que se visten con la misma ropa. La particularidad de ésta, es que entre sus filantrópicas tareas incluye la de regalar a distintos municipios de la provincia de Buenos Aires -fundamentalmente del conurbano-, cámaras de gas y elementos para que aquéllos puedan cumplir sin Inconvenientes la "noble" misión de sacrificar animales.

¿Qué tiene que ver esto último con los criminales de guerra nazi? Que la fundadora de AAA fue la señora Geralda Baeumler de Olmo, quien no es otra que la esposa de Walter Kutschmann un integrante de la Gestapo que encontró asilo en la Argentina y que, a punto de ser extraditado, murió de un paro cardíaco. Nazis, animales, cámaras de gas, todo está unido por un circuito que parece no haber encontrado todavía su final y que sigue siendo alimentado por la mente de muchos que, tal vez, siguen añorando otras épocas.

¿Olmo?
Hijo de un dentista berlinés, Kutschmann tuvo su primer puesto de mediana importancia dentro del ejército alemán como sargento de la Fuerza Aérea (Luftwaffe), lo que le valió pelear en 1937 en España, junto a las tropas del generalísimo Franco. Dos años más tarde, afiliado al partido nazi, ingresó en, la temida Gestapo para debutar en su tarea de asesino: fue el responsable de la muerte de 20 profesores universitarios y de 18 familiares de éstos.
Como premio a su falta de escrúpulos, fue puesto a cargo del control de un sector de judíos en Polonia y allí su misión fue mucho más "fructífera": la matanza de 1.500 personas llevó su indeleble sello personal.
Aplastado el nazismo y concluida la Segunda Guerra Mundial, Kutschmann logró fugarse hacia España y consiguió -mediante el pasaporte 59/47- una nueva identidad para viajar por el mundo: la de Pedro Ricardo Olmo, quien en realidad era un sacerdote español muerto varios años antes. Estas historias, en donde nunca parece estar seguro el verdadero nombre del personaje, continuarían también en la Argentina.
De acuerdo a registros argentinos, Pedro Ricardo Olmo nació en la ciudad Real España, hijo de Santiago y de Juana Andrés y estaba casado en primeras nupcias con Elizabeth Pospichil, libreta Nº 286.639, Acta 844, Tomo 4, Sección 20, del Registro Civil de la Capital Federal en el año 1948. El domicilio que daba era el de Sucre 2907, 2º "C", y posteriormente el de Calle 29, esquina 12, Miramar. Casualmente, estos dos figuraban en catastro a nombre de Geralda Baeumler.


Lugar donde vivió el nazi Walter Kutschmann en el brrio de Belgrano, Buenos Aires, Argentina. 
(Fotos: Marcelo García / Historias Lado B)


Claro que esto no suena tan extraño cuando uno conoce las "otras" primeras nupcias de Olmo o Kutschmann: con el número de libreta de matrimonio 59.196, Acta 844, Tomo 4, Seccional 20 del Registro Civil de la Capital Federal, aparecen unidos en matrimonio Pedro Olmo y Geralda Baeumler, cuya cédula de identidad es 6.860.375. Por lo menos es lo que esta última declaró en el estatuto de fundación de la AAA, labrado frente a escribano público en agosto de 1973, bajo el número 2069, folio 0186-45313. Un pequeño detalle, sin embargo, pone en duda todo el resto: consultados los archivos del Registro Civil, la libreta de matrimonio número 59.196 no existe.
Todo este cúmulo de mentiras llevó a que la Fiscalía, en la causa 328/75, le cancelara la carta de ciudadanía a Pedro Olmo y que mediante la causa 769, Juzgado Federal 5, Secretaría 13, fuera denunciado por infracción a la Ley 11.386 y falsificación. Asimismo tuvo otros tres procesos en los tribunales Civil y Comercial y Contencioso Administrativo. Pero también llevó a la Justicia a investigar a la ahora "protectora" de animales, Geralda Baeumler. Así se pudo determinar que la fundadora de la AAA nació el 11 de marzo de 1921 en Grossjasze, ahora Schonebeck (Elba), Alemania, y que es ciudadana americana con pasaporte Nº Z-158.238; expedido el 18 de julio de l962. Hija de Carlos Federico Ernesto y de Inés Emma Juana Dorette Kortmann, tiene la particularidad de poseer dos "primeras" fechas de ingreso a nuestro país: el 6 de febrero de 1964 y el 1º de febrero de 1965. Su definitiva vinculación con Kutschmann u Olmo quedó plenamente confirmada cuando la Fiscalía Federal en lo Civil, Comercial y Contencioso Administrativo, solicitó los datos filiatorios de ella, de Hanna Cristina Beate (quien resultó ser la hermana de Kutschmann), de Elizabeth Pospichil (quien figuraba como esposa de Olmo y de quien no se registraron datos filiatorios en Olmo y de quien no se registraron datos filiatorios en ninguna dependencia), de Isabel Pospichil, quien en realidad figura como casada con Ricardo Olmo, es de origen austríaco y no registra más datos filiatorios.
Toda esta telaraña de nombres, números de libretas inexistentes, falsos casamientos y datos entrecruzados, pudo mantener con dudas a algunos hasta que la suerte de Pedro Ricardo Olmo quedó echada: el 30 de junio de 1975, el cazador de nazis Simón Wiesenthal denunció en la ciudad de Viena la verdadera identidad de Olmo, quien por entonces se desempeñaba en la fábrica Osram.

Walter Kutschmann en el momento de ser detectado en la ciudad de Miramar, Argentina.


Olmo reconoció que en realidad él era Walter Kutschmann, pero escapó y su paradero volvió a ser un misterio hasta 1983. fecha en que Wiesenthal lo halló, esta vez en el edificio de la calle 29 Nº 599, en Miramar. El mismo que en los catastros figura como propiedad de Geralda Baeumler, que por entonces era Baeumler de Olmo. Experto en estas lides, Kutschmann volvió a escapar hasta el 14 de noviembre de 1985, en que fue atrapado por agentes de la Interpol en Vicente López.
A punto de ser extraditado para ser juzgado como criminal de guerra, el 30 de agosto de 1986 murió en el hospital Fernández a causa de una afección cardíaca. De acuerdo a las actas de la comisaría 21ª, el cadáver Nº 1.886, registrado en Unidad Coronaria, Cardiología, del hospital Fernández, cama 1.315, fue trasladado a la empresa de sepelios Ramburger. Quien lo retiró e hizo todos los trámites correspondientes para que luego fuera enterrado en el Jardín Evangélico Alemán, de Pablo Nogués, no fue otra que Geralda Baeumler de Olmo.

"Protectora"
La historia, sus vericuetos y las derivaciones, eran imprescindibles para llegar a entender este presente en el que una entidad como la AAA (vaya coincidencia con la tristemente famosa Triple A de López Rega...) actúa con métodos tan íntimamente ligados a los que usó el nazismo. Tanto como que quedó demostrado que una sus fundadoras fue la esposa de uno de esos criminales.
El estatuto de fundación de esta particular asociación dice en el artículo 2º, inciso B, Propósitos de la Asociación: "Combatir por todos los medios, inclusive los legales (sic), los malos tratos a los animales". Asimismo, en el punto referido a las condiciones para aceptar a un socio, explican que "podrán ser admitidos como asociados todas las personas que estén de acuerdo con las finalidades y propósitos de la asociación, acepten la aplicación de eutanasia a aquellos animales que por razones de vejez, enfermedad o fuerza mayor, deban ser sacrificados".
Estos datos mueven a preguntarnos, también, un par de cosas: en primer término, si afirman que van a usar todos los medios "inclusive los legales" ¿cómo son los métodos ilegales que utilizan para combatir los malos tratos a los animales? Y en segundo lugar, cuál es el alcance de la definición "fuerza mayor" para aplicar la eutanasia. Vale recordar. que para otras entidades "protectoras" como ésta, el hecho de que un perro o un gato estuviera abandonado en la calle, era motivo suficiente para sacrificarlo en haras de que "no sufra los rigores del abandono". De todos modos, para que no queden dudas respecto del destino que en la A.A.A. les dan a los animales, entre sus directivas -hasta hace poco figuraba como delegada- Carmen Andreani de Acuña. Esta mujer, domiciliada en la calle Finochietto 1276 de esta Capital, estuvo estrechamente ligada a Clara Leloir de Menditeguy, famosa viuda que detrás de una filantrópica imagen asesinó durante años a miles de indefensos animales. Sin embargo, el colmo de la ironía se vio reflejado cuando en vísperas del Día del Animal del pasado año, la AAA distribuyó un comunicado que llevaba la firma de la mencionada Acuña, de Ruth Hasenclever (presidenta) y de Marta Appuhn-Beilicke (vicepresidenta), en el que destacaban y se "complacían" de informar que entre las mejoras que ellas habían obtenido para los animales, estaba la donación de "cámaras de gas enfriado y medicamentos para sacrificio eutanásico de animales".
Del mismo modo y para que no queden dudas, la nota de A.A.A. aclaraba que ellas "no apoyan ningún tipo de protectoras que por medio de cooperadoras instalen dentro de los centros antirrábicos, refugios para albergar animales abandonados".

No es, lamentablemente, la Asociación Amigas de los Animales la única de su tipo que se dedica a proteger matando. Por eso vale tenerla en cuenta para no acercarle perros o gatos que uno quiera que tengan un destino mejor que su asesinato. Deja, eso sí, un mensaje que no debe soslayarse: la estrecha vinculación con los métodos que hace más de 40 años utilizaron los nazis y hasta los nombres de quienes la promovieron. Nada es casual, ni siquiera la ideología de quienes comienzan con animales y nunca se sabe en qué van a terminar. (1)
Horacio Raña



Walter Kutschmann:  durante la segunda guerra mundial (izquierda)  
y caminando con nuevo aspecto físico por las calles de Buenos Aires (derecha).


¿Quién era Walter Kutschmann?
Walter Kutschmann (Dresde, Alemania: 24 de julio de 1914 - Buenos Aires, Argentina; 30 de agosto de 1986) fue un Untersturmführer de las SS y oficial de la Gestapo, sindicado como responsable de la masacre de 1.500 judíos polacos en Lviv, Polonia en 1941.(2)
hijo de un dentista radicado en esa ciudad hanseática, en 1928 se unió a las juventudes hitlerianas y en 1932 fue un militar en tierra en la Luftwaffe hasta 1936. Empezó estudios de Derecho; pero abandono la carrera uniéndose a la Legión Cóndor leales a las fuerzas de Francisco Franco en España participando en la Guerra Civil Española, donde después fue Tercer Secretario del Consulado Alemán en Cádiz.

Empezada la Segunda Guerra Mundial se trasladó a Leipzig donde fue enrolado en las fuerzas de seguridad policiacas al mando de Eberhard Schöngarth. Fue ascendido a Untersturmführer y fue oficial a cargo de un grupo de exterminio Einsatzgruppen que operó en Drohobycz, Polonia. Bajo su mando, Kutschmann ordenó el fusilamiento de 36 profesores en Lwów y luego de 1.500 intelectuales polacos en la región de Lviv, en Brzeziny y Podhajce en 1942. En 1944 fue trasladado a París bajo las órdenes del oficial de inteligencia de las SS Hans Günther von Dincklage donde se relacionó brevemente con Coco Chanel en la llamada Operación Modellhut.

Estando en Francia a fines de 1944, desertó para refugiarse en Vigo, España bajo la fachada de un monje carmelita llamado Olmos residente en Vigo, luego cuando el gobierno de Franco empezó a desconocer a los refugiados nazis en 1947, se amparó en la Red ODESSA y se trasladó por vía marítima en la motonave Monte Amboto bajo la apariencia de un monje católico arribando a Argentina el 16 de enero de 1948. Fue asimilado como parte del personal directivo de la compañía eléctrica Osram sirviendo como Encargado de Compras. En ese país se casa en agosto de 1973 con una ciudadana de origen alemán llamada Geralda Baeumler, una empresaria del rubro veterinario radicándose en el barrio Miramar.(3)

El célebre cazador de nazis Simon Wiesenthal lo descubrió y gestionó en Viena la extradición de Kutschmann. La Interpol previa comprobación de las partidas de ciudadanía y matrimonio (que resultaron falsas) solicitó su detención ante el gobierno argentino siendo detenido en 1975 donde escapó perdiéndose su rastro. En 1975 se le canceló su ciudadanía argentina y, se realizó un segundo pedido de extradición en 1985 donde fue nuevamente arrestado por funcionarios de la Interpol en la localidad de Vicente López, dada su precaria salud fue mantenido en un hospital prisión en Buenos Aires donde falleció de un ataque cardíaco. Su supuesta esposa fue denunciada a las autoridades por maltrato animal al aplicar eutanasia por gaseamiento en cámaras, a perros desamparados de la capital bonaerense.(4)




REFERENCIAS:
(1): Publicado en: Diario Crónica, Buenos Aires, Argentina - Domingo 16 de febrero de 1992. Copyright © Crónica.
Publicado también en: Club de Animales Felices / animalesfelices@webinet.com.ar / www.animalesfelices.org.ar / http://www.caf.0catch.com/prensa/viuda.htm


(3): Artículo original: "Vigo: La puerta de huida nazi" Por Eduardo Rolland. 

(4): Diario Crónica, Buenos Aires, Argentina - Domingo 16 de febrero de 1992. Copyright © Crónica.
Publicado también en: Club de Animales Felices / animalesfelices@webinet.com.ar / www.animalesfelices.org.ar / http://www.caf.0catch.com/prensa/viuda.htm

http://elrecado.net/sociedad/item/960-la-incre%C3%ADble-historia-del-nazi-que-veraneaba-en-miramar-y-que-fue-confidente-de-la-dise%C3%B1adora-francesa-coco-chanel.html

domingo, 4 de enero de 2015

La perfecta niña nazi que era judía

Portada de la mayor revista familiar nazi 'Sonne ins Haus' con Hessy Taft.


Hessy Taft, una profesora estadounidense de origen judío de 80 años de edad, finalmente ha contado su increíble historia en recientes declaraciones al diario alemán 'Bild'. Cuando Hessy nació, pasó a ser una bebé modelo del III Reich: su foto, por entonces, ganó un concurso y  fue elegida para ser la imagen perfecta de lo que debería ser un bebé "ario" por el mismísimo ministro de propaganda nazi, Joseph Goebbels.
Al relatar su historia, Hessy Taft dijo entre el asombro y el terror: "Ahora puedo reírme de ello. Pero si los nazis hubieran sabido quién era en realidad, no estaría viva".
Sus padres, Jacob and Polin Levinson, se mudaron a Berlin desde su originaria Letonia en el año 1928 intentando encontrar un mejor destino como cantantes de música clásica, pero, una vez llegados al poder los nazis ya no pudieron seguir cantando, sencillamente por ser judíos.

Hessy nació en 1934, y con apenas 6 meses de vida, su madre la llevó a lo de un fotógrafo de moda, llamado Hans Ballin, para que le hiciera unas buenas fotografías. Fue ese mismo fotógrafo quien decidió finalmente enviar la foto de la niña al concurso de las niñas arias más lindas, aún a sabiendas de que ella era judía. Su posterior confesión, no podía heber sido más elocuente de sus intenciones y propósitos: "Quise ridiculizar a los nazis", diría Ballin un tiempo después. Y vaya si lo hizo.
La foto de Hessy apareció en la portada de la mayor revista familiar nazi 'Sonne ins Haus' en su edición del 24 de enero  de 1935, difundiénose luego en forma de postales que intentaban ilustrar a la población sobre cómo debería ser una "perfecta niña aria". Los padres de la niña quedaron tan aterrados que dejaron de salir con ella a la calle para que nadie la reconociera y, lógicamente, protegerla.

Hessy Taft: Hoy y ayer.


Tres años después, en 1938, Jacob Levinson fue detenido, pero afortunadamente, luego fue liberado y junto a su familia se trasladó a Letonia, recalando finalmente en París. Tras la ocupación nazi de Francia, lograron escapar a Cuba para llegar, tras tantas penurias, a los Estados Unidos en 1949. Hessy Taft reside allí actualmente y trabaja dando clases de química en la Universidad de San Juan, en Nueva York.
La perfecta niña nazi que -en realidad- era judía, es la viva imagen de uno de los más grandes engaños perpetrados contra el III Reich. Y nadie los obligó -como tantas otras cosas- a hacerlo.



lunes, 3 de noviembre de 2014

La foto indiscreta: Juan Domingo Perón y el SS Otto Skorzeny reunidos en Buenos Aires

 Otto Skorzeny (izquierda) y Juan Domingo Perón, Buenos Aires, 1954.


Negra, pretender mirar hacia otro lado, por lo general no lleva a nada bueno.
No se trata aquí de hacer “revisionismo” y pretender dar vuelta completamente la historia.Nunca, jamás, todos los que están de un lado son buenos y todos los demás, son malos. Todo pasa por dar otra mirada a la historia, entender que siempre, siempre, hay optra cara oculta, otro lado que no se ha querido mostrar.
Se trata de darle a la historia una mirada (digamos) inconformista y -definitivamente-crítica.
El que niega, oculta y, así las cosas, la historia argentina está plagada de negacionismo.
En la mayoría de los casos, la tan mentada “Lealtad” -mal entendida cuando se trata de cuestiones políticas- ha impedido sistemáticamente que se acepten determinados hechos históricos a los cuales se ha tildado como meras y simples habladurías. Lo que se dice: chapucería barata.
De cara a temas relacionados al peronismo, no nos encontramos justamente con ninguna excepción a esa regla y más de uno se habrá ganado el mote de “Gorila” en su intento por exponer otra realidad. Tal vez alguno, incluso, se lo haya merecido.
Sin embargo, no se puede tapar el Sol con un dedo y vale entonces una buena prueba de este peligroso juego de ilusiones, humo y espejos. Ahora lo ves y ahora no.

Otto Skorzeny y Adolf Hitler en la "Wolfschanze", 1943.


Aquí lo vemos en la primera foto: Año 1954, Buenos Aires, Argentina,Casa Rosada, sede del Gobierno. El Presidente argentino Teniente General Juan Domingo Perón posa sonriente junto al comando de las SS Nazis, Otto Skorzeny (a la izquierda en la foto).
El SS -que fue uno de los directos responsables, sino el gran protagonista, del rescate de Benito Mussolini del Gran Sasso utilizando planeadores y una avioneta Stork en una arriesgada misión encomendada personalmente por el Führer- vivía plácidamente y amparado por el régimen peronista en Buenos Aires y utilizaba un seudónimo.
Respecto de su paso por la Argentina, es bastante lo que se sabe: como tantos de sus camaradas llegó al país (de manera más o menos definitiva en 1953), entrenó a efectivos de la Policía Federal (Coordinación Federal), supo ser cabecilla ideológico de los grupos de choque peronsitas que salían a las calles, trabajó para la Krupp Deutschland -gran puntal del régimen de Hitler- vendiendo acería y planchas para tanques, fue Directivo de la Fundación Eva Perón y socio de la Financiera Securitas S.A. que estaba en el Edificio "Martens" de Av. Corrientes 311.

 Otto Skorzeny y Benito Mussolini, instantes después del rescate del líder fascista italiano.

Otto Skorzeny durante la Segunda Guerra Mundial y en el final de su vida.


Paró en la casa de Teodoro Malbranc, en la calle Arenales 2460 de la localidad bonaerense de Olivos, residencia, que curiosamente, fue durante mucho tiempo el centro de operaciones de la organización que recibía y ocultaba nazis en la Argentina, conocida como “Spinnewebe” (telaraña), un sitio en el que -entre otros- encontró refugio Josef Mengele.
Skorzeny luego se mudó a la localidad de Villa Ballester, también en provincia de Buenos Aires, en donde tenía como buen vecino a  Werner Von Oven (Secretario de Joseph Goebbels, que vivió durante 50 años en la Argentina). Años después, se despidió de su amigo Perón y encontró otro buen lugar para terminar sus días. Pasó al otro mundo en la España de Francisco Franco el 7 de julio de 1975.
¿Habrá extrañado mucho a su querida Alemania? Por los sitios en los que eestuvo... daría la sensación que no.





martes, 21 de octubre de 2014

El misterioso Alejandro Schicorra: un doble de Adolf Hitler en la Patagonia para despistar

 Alejandro Schicorra ¿un doble de Adolf Hitler en la Patagonia? El objetivo era despistar...


En la década de 1930, Alejandro Schicorra era un ignoto empleado de la petrolera Astra, con asiento en la ciudad de Comodoro Rivadavia, en la patagónica provincia de Chubut, al sur de la Argentina. Sus rutinarias ocupaciones no daban la sensación de depararle grandes emociones, sin embargo, a mediados de la década de los año '40, su vida cobró relativa notoriedad entre los vecinos del lugar.
Con el final de la segunda guerra mundial y ante la incómoda y más que evidente imposibilidad de encontrar el cuerpo de Adolf Hitler y, en consecuencia, constatar su fallecimiento; los rumores estuvieron a la orden del día. ¿Se había suicidado Hitler o es que en realidad todo había sido una farsa para alentar y posibilitar su escape -monitoreado y asistido- hacia la Argentina?
La siempre incompleta y dirigida historia oficial se ha encargado sistemáticamente de defenestrar esa postura, sin embargo, centenares de documentos indican que el Führer nazi no cometió suicidio y tantísimos otros indican claramente que escapo, sin emabrgo, esa es otra historia, un pasaje sobre el que no pretendo discutir en esta ocasión.
Para cuando los que estaban de un lado y del otro apenas si comenzaban a enrredarse en interminables discusiones, Alejandro Schicorra fue uno de los habitantes del sur argentino que más consitó la atención, sea de los inocentes lugareños ajenos a toda conspiración o de aquellos que pretendieron "demostrar" -tal vez guiados por poderosos intereses- que la mal llamada leyenda de un Hitler vivo en la Patagonia era poco menos que una patraña insostenible. Lo que se dice, Schicorra fue -en gran medida- una buena manera de distraer una vez más la atención con espejitos de colores.

Algunos investigadores, decididamente contrarios a la teoría que abona por la supervivencia de Hitler tras el final de la guerra y su paso por la Patagonia, se han empecinado en reafirmar la postura que insitía -tal vez interesadamente, quien sabe- en que aquel misterioso hombre, tantas veces confundido por lugareños con el mismísimo Führer, era una extraña curiosidad de la naturaleza, un ser con un asombroso parecido al exlíder alemán y nada más. Se ha dicho que Alejandro Schicorra ha tenido más de un inconveniente en sus lugares de trabajo y que incluso fue detenido en reiteradas oportunidades en las ciudades de El Bolsón y Bariloche, lugares que -curiosamente- solía frecuentar.
Mientras los historiadores oficiales y los revisionistas, siguen entrecruzando opiniones y argumentos en un sentido y en otro, dice la leyenda que hay un sencillo banco de madera que, en una zona costera de la tranquila Comodoro Rivadavia, sobre una pequeña elevación, mira hacia el mar. Allí, según algunos incrédulos testigos ocasionales llegaron a contar, solía sentarse un hombre que -solitario y melancólico- se tomaba largos instantes para contemplar la inconmensurable inmensidad del mar. Su mirada, también solían decir, apuntaba en dirección a la lejana Europa, aunque eso nunca nadie lo haya podido comprobar.
Muchos decían que ese hombre era el misterioso Alejandro Schicorra. Otros, en cambio, afirman que el hombre del banco de madera era en realidad, Adolf Hitler.


viernes, 22 de agosto de 2014

Los Fantasmas de Historias Lado B: El Colegio Pestalozzi, símbolo de la lucha contra los Nazis en la Argentina

Actualmente, en el solar emplazado en la intersección de las calles Zapiola y Virrey del Pino, en la ciudad de Buenos Aires, hay vida.
Una frondosa arboleda, entre la que se ha asimilado una exótica palmera, cubre el terreno que antiguamente ocupaba, allá lejos y hace tiempo, el viejo edificio de la Pestalozzi Schule, o simplemente "el Pestalozzi". El colegio se erigió como el más claro símbolo educativo de la comunidad alemana antinazi de la Argentina de entonces, sobreviviendo a un sistema de las escuelas alemanas empapado de nazismo. Pocas han sido las instituciones que levantaron la bandera de la libertad, el respeto y la pluralidad y el Pestalozzi fue -precisamente- una de esas.
Hoy en día, este símbolo de la lucha contra el Nazismo en la Argentina, tiene su nuevo edificio a unas pocas cuadras del emplazamiento original, pero los fantasmas de aquellos que han luchado desde sus aulas contra la barbarie y la intolerancia, siguen dando vueltas por allí.

Marcelo D. García
Historias Lado B

Arriba: el edificio orginal del Colegio Perstalozzi en 1938. 
Abajo: el terreno en la actualidad - Agosto de 2014. (Foto: Marcelo D.García / Historias Lado B)


lunes, 5 de mayo de 2014

Sigmund Freud, salvado por un nazi

Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, se salvó de la persecución de Hitler por un antiguo nazi que estaba fascinado con su trabajo, según revela el libro “La fuga de Sigmund Freud” escrito por el investigador David Cohen. La historia a continuación.

 Sigmund Freud y su hija comenzando el exilio.


El destino de Freud y su familia pendía de un hilo después de que las  fuerzas de Hitler ocuparan Austria en 1938, sin embargo, el psicoanalista fue protegido por Anton Sauerwald, un nazi quien lo ayudó a escapar a Gran Bretaña y quien después de la segunda guerra mundial fue llevado a juicio, acusado de saquear las riquezas de la familia Freud.
Un tiempo después, de todos modos, fue una de las hijas de Freud quien se decidió a contar la verdad.

La historia completa ha surgido gracias a la investigación por David Cohen, autor de “La fuga de Sigmund Freud”, publicado por Libros JR.
En la década de 1930 Freud era famoso en Europa y los Estados Unidos por su trabajo pionero sobre el inconsciente. Había fundado la Asociación Psicoanalítica Internacional junto a Carl Jung y ayudó a iniciar un gran negocio editorial. Su éxito había traído recompensas financieras y la familia vivía cómodamente en Viena justo en el mismo momento en que los nazis ordenaron a todos los judíos declarar sus bienes mientras afirmaban que "se supone todas las pertenencias de los judíos han sido mal adquiridas".
Pero por suerte, Sauerwald no era un nazi ordinario, ya que asistía usualmente a la Universidad de Viena (en donde había sido alumno del profesor Josef Herzig) visitando a Freud, a quien admiraba y con quien pasaba largas horas jugando a las cartas. Es indudable que la amistad parece haber influido de manera notable en Sauerwald pero también lo hicieron los interesantes escritos de Freud.
"Los libros tuvieron un impacto extraordinario sobre él", dice Cohen. Eso no impidió que una noche  mientras Sauerwald golpeaba cortesmente a la puerta de Freud como habitualmente lo hacía, las SS irrumpieran violentamente para llevarse a Anna Freud, una de las hijas de Sigmund, para ser interrogada.
Cohen afirma: "Sauerwald no reveló a sus superiores que Freud poseía cuentas bancarias secretas en el extranjero. En su lugar, guardó los documentos en su apartamento, donde tenía una panzerkassette, una caja cerrada de documentos."

Como crecieron las tensiones y la guerra se cernía, Freud decidió huir. Para ello necesitaba un visado de salida y por eso mismo fue que recurrió a Sauerwald.
Entre tanto, los nazis querían todos los libros y los escritos de Freud para ser destruidos, pero Sauerwald no quería verlos destruidos ya que eran -ni más ni menos- que los documentos raíz del psicoanálisis.
Fue así que Sauerwald y un cómplice introdujeron de amnera encubierta los valiosos libros en la Biblioteca Nacional de Austria, en donde permanecieron ocultos durante mucho tiempo; en tanto que, consternado ante la posibilidad de que la casa de Freud se conviertiera en un instituto para el estudio de la superioridad aria, fue que el propio Sauerwald quien firmó finalmente el visado de salida de Freud hacia la libertad.
También ayudó a recaudar dinero con el cual en junio de 1938 Freud dejó Viena en el Orient Express instalándose en Londres en donde moriría en septiembre de 1939.

De todos modos, una vez finalizada la guerra, surgieron sospechas de que Sauerwald había intentado quedarse con la riqueza y el resguardado tesoro familiar.
Por ésto Harry Freud, sobrino de Sigmund y oficial del ejército de los Estados Unidos, denunció a Sauerwald, tras lo cual fue inmediatamente detenido y llevado injustamente a juicio.
La desesperada esposa de Sauerwald escribió a Anna Freud en Londres, pidiéndole que diga la verdad de  lo que su marido había hecho. Anna respondió que "No había ninguna duda de que su marido utilizó su cargo como nuestro comisario designado de tal manera como para proteger a mi padre."  Por su lado, Harry Freud, también advertido de la verdadera situación, escribió que "la verdad es que realmente debemos nuestras vidas y nuestra libertad a Sauerwald. Sin él, (Sigmund Freud) nunca habría llegado lejos".

Felízmente, con la verdad expuesta, Sauerwald fue liberado y vivió tranquilamente hasta el momento de su muerte en el año 1970, llavándose a la tumba la plena satisfacción por todo lo hecho atesorando el recuerdo de aquella inesperada relación.


Marcelo D. García
Historias Lado B




Fuentes: 
Diario The Times - Edición del 27 de diciembre de 200909
http://www.diasdehistoria.com.ar/content/sigmund-freud-salvado-por-un-nazi?page=1

lunes, 20 de enero de 2014

Henry Ford: nazi norteamericano, financista de Hitler y rabioso enemigo de los judíos

 Henry Ford, nazi norteamericano.


Pensar en la barbarie nazi desatada y sin control, en el antisemitismo rabioso e irracional, en la intolerancia elevada a su máxima expresión, en la persecución y el exterminio de millones de seres humanos, inevitablemente (y por designios prefijados por la historia oficial, aunque no sin motivos) significa pensar en Adolf Hitler. Desde su irrupción a principios de los años '20 Hitler fue sistemáticamente sindicado como el generador de las más radicales y extremas políticas que derivaron luego en el terror vomitado por el sanguinario Tercer Reich alemán. No carecen de fundamentos, por supuesto, las acusaciones sobre Adolf Hitler, de hecho el Führer nazi ha sido el rostro visible del mal durante mucho tiempo, pero en realidad Hitler no había "inventado" nada. Absolutamente nada. No estaba solo y, a nadie ha sorprendido. El surgimiento de Hitler y su ascenso vertiginoso y letal hasta la cumbre del poder fue la triste y lamentable resultante de un pensamiento y un sentimiento (no sólo alemán) que llevaba en gestación mucho tiempo. Muchos pensadores, filósofos e ideólogos habían venido sembrando el camino del antisemitismo y unas otras cuantas teorías de más que dudosa validez en Europa mucho antes de que Hitler hubiera nacido. Las falsas ideas de una superioridad racial, de una humanidad "pura", de gente superior a otra y los postulados que sindicaban al pueblo judío como causante de todos los males de la humanidad estaban más que instauradas y bien aceptadas. Hasta la "inesperada" irrupción de Hitler en las veladas de debates de una vieja cervecería de Munich con sus arengas violentas, nadie se había "animado" a llevar adelante aquellas ideas extremistas y, finalmente, ponerlas en práctica.
El "poder" real que siempre se oculta en las sombras necesitaba y venía buscando desde hacía tiempo a un enceguecido que se pueda hacer cargo de aquella inmunda tarea de lograr un mundo para pocos y que además, llegado el caso, quedara en la historia como el único responsable de las más grandes atrocidades. Había llegado Hitler, pero... había quienes lo habían fogoneado.

Símbolo inequívoco de la pujanza, la mentalidad y el poder (en muchos sentidos) de los Estados Unidos de América, Henry Ford supo estar desde la pimera hora entre aquellos que se encargaron, sistemáticamente, de esgrimir sus más que discutibles argumentos antisemitas a diestra y siniestra y, como si fuera poco, dejarlo todo escrito para la posteridad y la memoria siempre tan selectiva de los poderosos y los vencedores en las guerras. La mentalidad sectaria de Henry Ford encontró inspiración en todos aquellos pensamientos discriminatorios y violentos que insistían en la superioridad de unos sobre otros, pero además supo ser además debida inspiración para otros que vienieron después.
Ford no sólo fue orgulloso portador de la "Gran Cruz del Águila Alemana" en su solapa desde el 30 de julio de 1938, no sólo supo hacer pingües negocios con la Alemania nazi a costa de la provechosa venta de vehículos que movilizaban a la Wermacht hitleriana durante la segunda guerra mundial, sino que desde mucho tiempo antes, fue un auténtico y más que válido inspirador (uno más entre tantos) de Adolf Hitler, ese mismo Hitler que enagenado como estaba, nada había inventado. Hitler era una "cartero". Llevaba un mensaje que otros, ya mucho antes, se habían encargado de escribir...
Dice la leyenda que en uno de los despachos de Hitler había una fotografía del Führer nazi con, precisiamente, Henry Ford. La admiración de Hitler por Ford tenía su explicación, y es que estando encarcelado el Führer nazi entre 1923 y 1925, y en momentos de escribir su panfletario "Mein Kampf" pudo volcar en sus páginas algunas ideas que ya previamente, en 1920, el mismísimo Ford había planteado en su ofensivo libro "El Judío internacional".

"Der Internationale Jude" escrito por Henry Ford.


En su libro profundamente sectario, discriminador y violento, Ford comenzaba su primera parte colocando la vara muy alta y haciendo suyo un texto de la Nueva Enciclpedia Intrernacional, Ford comenzaba su agresión diciendo lo siguiente:
 
"Entre las más destacadas características de la raza hebrea, es preciso citar: acentuada aversión
por toda labor física que implique fatiga; muy pronunciado espíritu de familia; instinto religioso
innato y concepto en extremo elevado de la hermandad de tribu; ánimo esforzado, propio de
profetas y de mártires, más bien que de adalides cultu ales y belicosos; extraordinaria aptitud para
afrontar adversidades; excelente predisposición para el comercio; astucia y perspicacia para la
especulación, particularmente en asuntos de dinero; una pasión de oriental por el lujo, el íntimo
goce del poderío y de los placeres que ofrece una posición social elevada; bien equilibradas
facultades intelectuales".


Y continuaba:

"Vivimos nuevamente en una época en que el judaísmo atrae la atención crítica del mundo entero.
Su ingreso durante la Gran Guerra en lo más escogido de las esferas financieras, políticas y sociales
fue tan general y evidente, que su posición, su poderío y sus fines fueron recibidos con acerba
crítica, y en la mayoría de los casos causaron repulsión. No constituyen las persecuciones una
novedad para el judío. En cambio, para su ética racial, es nueva esta exaltación. Cierto es que este
pueblo sufre hace 2000 años los efectos de un instintivo antisemitismo de las demás razas, pero
semejante aversión nunca llegó a ser consciente, ni pudo expresarse concreta ni claramente. Hoy,
por el contrario, digámoslo así, esta sometido al microscopio de la observación científica, que nos
hace conocer y comprender los verdaderos orígenes de su poderío, de su aislamiento y hasta de
sus amarguras.
En Rusia se le responsabiliza del bolcheviquismo, acusación que, según de donde provenga, podrá
considerarse fundada o infundada. Los norteamericanos, que fuimos testigos de la fanática
elocuencia de los jóvenes judíos, apóstoles de una revolución social y económica, estamos en
excelente posición para poder formar un claro juicio de lo que existiera real y verdadero en tales
acusaciones. En Alemania se achaca al judío la derrota experimentada, y una amplísima literatura
con innumerables pruebas detalladas impele, en verdad, a muy serias cavilaciones. En Gran
Bretaña, se dice que el judío es el amo verdadero del mundo, que la raza hebrea constituye una
supranacionalidad que vive entre y sobre los pueblos, los domina por el poder del oro, y acicatea
fríamente un pueblo contra otro, en tanto se oculta cautelosamente entre bastidores. Por último, en
Estados Unidos llama la atención la insistencia con que los judíos - los viejos por apego al dinero,
por ambición los jóvenes - se infiltran en todas las organizaciones militares, y particularmente en
los rubros dedicados a los negocios industriales y mercantiles derivados de la guerra, criticándose
en especial el cinismo con que dichos judíos explotan en provecho propio los innúmeros
conocimientos que lograron en su calidad de funcionarios del Estado".


"La cuestión judaica, en una palabra, ha hecho su aparición en escena. Más, como ocurre en casos
parecidos, en los que cuestiones de ventaja personal desempeñan cierto papel, aparecen también
determinados esfuerzos para acallarla, insinuando la inconveniencia de exponerla en público. En
cambio, la infalible experiencia prueba que todo problema escamoteado así, tarde o temprano
torna a abrirse paso, y entonces en formas inconvenientes y hasta muchas veces peligrosas.
El judío constituye un enigma mundial. No obstante ser su masa pobre en absoluto, domina,
empero, el mercado económico y financiero del mundo entero. Viviendo sin patria, ni gobierno, es
decir, en la dispersión, demuestra, empero, una unidad nacional y una tenacidad no alcanzada por
pueblo alguno. En la mayoría de los países, salvo restricciones, supo convertirse en el soberano
efectivo, al amparo a veces de los patronos. Dicen antiguas profecías, que los judíos retornarán a
su vieja patria, desde cuyo centro geográfico dominarán a la totalidad de los pueblos, no sin antes
haber resistido el combinado al mundo de las naciones del mundo entero".


"Der Internationale Jude" escrito por Henry Ford.


En su libro de más de 220 páginas plagadas de filosos puñales disfrazados de palabras, Henry Ford daba rienda suelta a su más agrio antisemitismo racial sin el más mínimo reparo y pudor. Su escrito y sus pensamientos han sido,en parte, la lamentable inspiración que Hitler había encontrado para darle forma a su arenga en "Mi lucha". Palabras como las que son expresadas a continuación no dejan dudas sobre la clase de persona y dirigente que era Ford. Decía el creador del genial Ford "T":

"La facilidad de los hebreos para negociar con los gobiernos halla también su explicación en las
antiguas persecuciones, en cuyos dolorosos momentos el judío comprendió el inmenso poder del
oro sobre los caracteres venales. Allí donde se dirigía, le perseguía como una maldición la creciente
antipatía popular. Los judíos, como raza, no se hicieron jamás simpáticos, hecho que el más
ferviente hebreo no negará, aunque se esfuerce por ofrecer una explicación satisfactoria. Tal vez
alguno que otro judío, como particular, goce de nuestra estima, y hasta es posible que
determinados rasgos del carácter judío, detenidamente estudiados, nos resulten simpáticos. Sin
embargo, una de las cargas que soportan los judíos como raza, radica en la antipatía colectiva de
los otros pueblos. Existe esta antipatía en nuestra eran moderna, en países civilizados y en
condiciones que, al parecer, tornan imposible toda persecución.
El judío, en cambio, parece preocuparse muy poco de la amistad o enemistad de los demás
pueblos, acaso por los fracasos de épocas pretéritas, o también, y con mayor verosimilitud, por
suponerse hijos de una raza superior a todas las otras. Pero sea cual fuere el verdadero motivo,
existe el hecho de que su tendencia principal se dirigió siempre a conquistar para sí reyes y
nobleza. ¿Qué les importaba a los hebreos que los pueblos murmuraran contra ellos, en tanto los
reyes y su corte fueran sus amigos? Así vimos existir siempre, hasta en las épocas más duras para
ellos, un "judío de corte", que mediante sus préstamos y los grillos de la deuda, pudo penetrar a
cada instante en la antecámara real. Fue siempre táctica judaica aquella del "camino recto al
cuartel general". Jamás trato el judío de conciliarse con el pueblo ruso; buscó, en cambio, las
simpatías de la corte imperial. Tampoco quiso nunca envolver en sus redes al Zar y a su Gobierno.
En Inglaterra se reía el hebreo del pronunciado antisemitismo del pueblo inglés. ¿No tenía acaso,
detrás suyo a toda la nobleza? ¿No apretaba en sus manos todos los hilos de la bolsa londinense?
Dicha táctica de ir "derecho al cuartel general" explica perfectamente la omnipotente influencia que
tiene el judaísmo sobre tantos gobiernos y la política de los pueblos. Semejante táctica pudo desarrollarse con facilidad por la habilidad del judío de poder ofrecer en cualquier momento aquello
que los Gobiernos precisaban. Cuando se trataba de un empréstito, intervenía al punto el judío de
corte, facilitándolo con ayuda de hebreos de otras capitales o centros financieros. Si un gobierno
quería saldar una deuda vencida, pero sin confiar el precioso metal a un convoy a través de
terrenos peligrosos, también aparecía el judío, que se hacía cargo del asunto; extendía
sencillamente un papel, y cualquier institución bancaria establecida en la otra capital pagaba el
importe. Cuando por primera vez se proveía un ejército con pertrechos modernos, igualmente se
encargaba de ello un judío que poseía el dinero suficiente y disponía también del sistema
adecuado. Lograba, además, la satisfacción de convertirse en acreedor de toda una nación".


Protestas en Estados Unidos contra Ford.


La admiración no iba en un solo sentido. Lo mismo que Hitler sentía por Ford, Ford lo sentía por Hitler. Ese emblema de la industria norteamericana, ese estandarte de la concreción de las "oportunidades" en la tierra de la libertad y el respeto, se encargó también de ser uno de los más fieles y contínuos sostenedores económicos del Führer nazi. Ford hizo todo lo posible para lograr que Adolf Hitler llegara al poder en Alemania y, de paso, intentara dominar al mundo. Y cuando Hitler estuvo en la cima, Ford se encargó de sostenerlo. Después de todo ¿por qué no financiar a alguien que pensaba igual que él?
Los medios periodísticos y no pocos ciudadanos comunes (Sobre todo y fundamentalmente en los Estados Unidos) no permanecieron ajenos a todo eso.
Hubo manifestaciones en las calles, hubo multitudinarias protestas contra Ford, en quien la gente no sólo veía a un socio inpensado de su propio supuesto "enemigo", sino que por sobre todas las cosas, advertía a un intolerante autoritario que lejos estaba de traer bienestar a sus semejantes.
Los medios periodísticos, por su parte, también tenían lio suyo para decir.


El financiamiento de Hitler de parte de Ford en la prensa. 28 de diciembre de 1922 "Fort Wayne News Sentinel".


Para remate, a modo de "tiro de gracia", entre tantas cosas que decía Henry Ford en las páginas del ofensivo libro "El Judío internacional", se preguntaba ¿Cómo se defiende Alemania contra los hebreos?. Así lo respondía:

 "El judío, en Alemania, es considerado solo como un huésped que, abusando de la tolerancia, pecó
con su inclinación hasta el dominio. En efecto; no hay en el mundo mayor contraste que el
existente entre la raza germana pura y la hebrea. Por esta razón no existe, ni puede existir
mancomunidad entre ambas. El alemán no ve en el judío más que al huésped. En cambio, el judío,
indignado por que no se le conceden todas las prerrogativas del indígena, alimenta un odio injusto
contra el pueblo que le aloja. En otros países logro el judío mezclarse mas fácilmente con el pueblo
indígena y acrecentar su poderío con menos trabas, mas en Alemania no le fue posible. El judío
odia por esto al pueblo alemán y, precisamente, por esta misma razón, aquellos pueblos en que la
influencia judía predominaba en mayor grado, demostraron durante la lamentable guerra mundial
el más exacerbado odio contra Alemania. Fueron judíos los que predominaron casi exclusivamente
en el enorme engranaje informativo mundial, que fabricó la "opinión pública" con respecto a
Alemania. Los únicos que resultaron beneficiados con la Gran Guerra fueron en realidad los judíos".


El libro fue publicado originalmente en 1920 bajo el título completo de "The international jew: the world's foremost problem" (El judío internacional: el primer problema del mundo), por The Dearborn Independent, un semanario antisemita de derecha dirigido por el secretario privado de Ford, Ernest G. Liebold. El periódico había publicado también, y difundido ampliamente en los Estados Unidos, "Los protocolos de los sabios de Sion" una publicación marcadamente antisemita y decididamente mentirosa."El judío internacional" se ha publicado en cuatro volúmenes y se ha traducido a seis idiomas, entre ellos el alemán. Conservado tristemente para la posteridad, este libro es la más clara y contundente prueba de que la barbarie, la intolerancia, la denigración y la violencia, también pueden camuflarse detrás de una nación supuestamente democrática, rectora de la conducta mundial.


Marcelo García
Historias Lado B


Referencias:
- Ford, Henry (2003). The International Jew: The World's Foremost Problem. Kessinger Publishing. ISBN 0-7661-7829-3, p. 61.
- Farber, David R. (2002). Sloan Rules: Alfred P. Sloan and the Triumph of General Motors. University of Chicago Press, ISBN 0-226-23804-0, p. 228.
- Lewis, David I. (1976). The Public Image of Henry Ford: An American Folk Hero and His Company. Wayne State University Press., pp. 146–154.