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lunes, 3 de noviembre de 2014

La foto indiscreta: Juan Domingo Perón y el SS Otto Skorzeny reunidos en Buenos Aires

 Otto Skorzeny (izquierda) y Juan Domingo Perón, Buenos Aires, 1954.


Negra, pretender mirar hacia otro lado, por lo general no lleva a nada bueno.
No se trata aquí de hacer “revisionismo” y pretender dar vuelta completamente la historia.Nunca, jamás, todos los que están de un lado son buenos y todos los demás, son malos. Todo pasa por dar otra mirada a la historia, entender que siempre, siempre, hay optra cara oculta, otro lado que no se ha querido mostrar.
Se trata de darle a la historia una mirada (digamos) inconformista y -definitivamente-crítica.
El que niega, oculta y, así las cosas, la historia argentina está plagada de negacionismo.
En la mayoría de los casos, la tan mentada “Lealtad” -mal entendida cuando se trata de cuestiones políticas- ha impedido sistemáticamente que se acepten determinados hechos históricos a los cuales se ha tildado como meras y simples habladurías. Lo que se dice: chapucería barata.
De cara a temas relacionados al peronismo, no nos encontramos justamente con ninguna excepción a esa regla y más de uno se habrá ganado el mote de “Gorila” en su intento por exponer otra realidad. Tal vez alguno, incluso, se lo haya merecido.
Sin embargo, no se puede tapar el Sol con un dedo y vale entonces una buena prueba de este peligroso juego de ilusiones, humo y espejos. Ahora lo ves y ahora no.

Otto Skorzeny y Adolf Hitler en la "Wolfschanze", 1943.


Aquí lo vemos en la primera foto: Año 1954, Buenos Aires, Argentina,Casa Rosada, sede del Gobierno. El Presidente argentino Teniente General Juan Domingo Perón posa sonriente junto al comando de las SS Nazis, Otto Skorzeny (a la izquierda en la foto).
El SS -que fue uno de los directos responsables, sino el gran protagonista, del rescate de Benito Mussolini del Gran Sasso utilizando planeadores y una avioneta Stork en una arriesgada misión encomendada personalmente por el Führer- vivía plácidamente y amparado por el régimen peronista en Buenos Aires y utilizaba un seudónimo.
Respecto de su paso por la Argentina, es bastante lo que se sabe: como tantos de sus camaradas llegó al país (de manera más o menos definitiva en 1953), entrenó a efectivos de la Policía Federal (Coordinación Federal), supo ser cabecilla ideológico de los grupos de choque peronsitas que salían a las calles, trabajó para la Krupp Deutschland -gran puntal del régimen de Hitler- vendiendo acería y planchas para tanques, fue Directivo de la Fundación Eva Perón y socio de la Financiera Securitas S.A. que estaba en el Edificio "Martens" de Av. Corrientes 311.

 Otto Skorzeny y Benito Mussolini, instantes después del rescate del líder fascista italiano.

Otto Skorzeny durante la Segunda Guerra Mundial y en el final de su vida.


Paró en la casa de Teodoro Malbranc, en la calle Arenales 2460 de la localidad bonaerense de Olivos, residencia, que curiosamente, fue durante mucho tiempo el centro de operaciones de la organización que recibía y ocultaba nazis en la Argentina, conocida como “Spinnewebe” (telaraña), un sitio en el que -entre otros- encontró refugio Josef Mengele.
Skorzeny luego se mudó a la localidad de Villa Ballester, también en provincia de Buenos Aires, en donde tenía como buen vecino a  Werner Von Oven (Secretario de Joseph Goebbels, que vivió durante 50 años en la Argentina). Años después, se despidió de su amigo Perón y encontró otro buen lugar para terminar sus días. Pasó al otro mundo en la España de Francisco Franco el 7 de julio de 1975.
¿Habrá extrañado mucho a su querida Alemania? Por los sitios en los que eestuvo... daría la sensación que no.





jueves, 22 de agosto de 2013

Isidro Lángara: el futbolista que le ganó a la intolerancia de Franco, Hitler y Mussolini

¿Pudo una pelota de fútbol ser alguna vez más poderosa que toda la maquinaria de guerra puesta al servicio de la muerte y la destrucción? ¿Pudo alguna vez un simple jugador de fútbol quitarle el sueño a tres de los más encumbrados dictadores de la historia de la humanidad? Como si se tratara de un inpensado héroe de la resistencia frente a los horrores de las más violentas dictaduras, Isidro Lángara, fue quien logró oxidar los nervios de acero de líderes autoritarios como Francisco Franco, Adolf Hitler y Benito Mussolini. Los tres por igual tuvieron motivos para detestarlo y practicamente querer borrarlo de la faz de la Tierra. 
Esta es la historia de Isidro Lángara, el jugador de fútbol que le ganó a la intolerancia a fuerza de goles y una buena dosis de valentía. Una goleada al horror.

Por Marcelo D. García para Historias Lado B.


Francisco Franco, Isidro Lángara, Benito Mussolini y Adolf Hitler.


Fútbol, propaganda e intolerancia.
Que el fútbol hace rato ha dejado de ser simplemente un juego ya no quedan dudas. No es extraño ver a encumbrados políticos, a exitosos empresarios, a mediocres dirigentes codearse con amigos y enemigos pugnando por conseguir un primer plano en la foto victoriosa que ilustrará  la primera plana de los medios mundiales. Inescrupulosos, cuasi delincuentes, usurpadores de los dineros ajenos y en muchas ocasiones generadores de asociaciones ilícitas y violentas con la frase "divide y reinarás" como lema principal entre ceja y ceja lo lograron: el fútbol ya no es un juego.
Pero... ¿es que acaso alguna vez lo fue? En las tribunas y dada la pasión genuina de la mayoría de los aficionados, muy posiblemente sí. Desde el punto de vista de la utilización con fines políticos y personales, no.
Al mirar hacia atrás resulta difícil notar alguna diferencia entre las conductas de los dirigentes actuales y las de otros tiempos. Irresponsables representantes de clubes e instituciones, mercenarios del poder a cargo de nefastas políticas deportivas y de seguridad, aprovechadores de las masas poco pensantes, acarreándolas, llevándolas de las narices, propiciando negocios de dudosa legalidad y generando violencia disfrazada de pasión tribunera. Lo que vemos hoy en día no se aleja demasiado de la barbarie de otros tiempos, sólo que con aspecto de otra cosa, aunque con similares nefastas intenciones.
La importancia de la "propaganda" es vital para cualquier régimen. No hay distinciones de signos e ideologías en este punto. De derecha, de centro, de izquierda, todo da igual. Lo es en la actualidad y lo fue, llegando a límites insospechados, también con anterioridad. Negocio y una manera populista de llevar la mirada y atención de la gente común hacia donde se le ocurra al dirigente de turno.

Dictadores como Francisco Franco, Adolf Hitler y Benito Mussolini han sabido de ésto y lo han utilizado hasta límites insospechados. Ellos han sido las cabeceras de playa más visibles de la violencia, la intolerancia y la destrucción puestas a su entero servicio y también, por supuesto, han sabido sacar el debido provecho de la propaganda política y, entre otras cosas, la utilización indebida de los eventos deportivos. El fútbol no ha sido la excepción. En eso, el papel de este deporte maravilloso no ha cambiado tanto como pudiera llegar a creerse.
Y para que esos conspícuos personajes de la historia pudieran lograr sus objetivos, sus representaciones deportivas debían salir victoriosas, del mismo modo en que ellos fogoneaban a sus poderosos ejércitos en los campos de batalla, así también buscaban la supremacía en eventos deportivos. No era concebible la existencia de un otro que se oponga, un rival, un contrincante, un contendiente superior. Y entonces apareció un tal Isidro Lángara...

Algo sobre Lángara.
Isidro Lángara Galarraga nació en Pasajes, Guipúzcoa (España) el 25 de mayo de 1912. Fue un gran futbolista español que jugó en 12 ocasiones integrando la Selección de fútbol de España, anotando 17 goles y consiguiendo así una de las mejores marcas de tantos anotados por partido por cualquier futbolista con la "roja". Pero no sólo tuvo oportunidad de ser parte de la alineación de la selección española sino que también integró la selección vasca. Esas participación en la "separatista" selección fue precisamente uno que muy particularmente provocó el enojo del Generalísimo dictador español Francisco Franco.

Isidro Lángara jugó además en varios equipos de fútbol incluyendo el Real Oviedo en España (entre 1930 y 1936), el Club Deportivo Euzkadi de México (entre 1938 y 1939); el Club Atlético San Lorenzo de Almagro de Argentina (entre 1939 y 1943); Real Club España de México (entre 1943 y 1946) y finalmente el Real Oviedo de España (entre 1946 y 1948).

Debutó internacionalmente (como seleccionado de su país) en 1932 y jugó su último partido como internacional en la selección española en 1936. Participó en la Mundial de Fútbol Italia 1934, donde jugó dos partidos y marcó 2 goles, que supusieron la eliminación de la Selección de Brasil y un gran dolor de cabeza para Benito Mussolini. En el segundo partido, ante Italia, cayó lesionado y no pudo jugar el tercer partido de España en aquel Mundial, de nuevo ante los italianos, que supuso la eliminación de España.Otro dictador que llegaba a odiarlo. Y en la lista también estaba el sanguinario Hitler.


Mundial de Italia 1934: los temores de Mussolini.
Lángara participó en el Mundial de Fútbol de Italia disputado en 1934. Jugó dos partidos como integrante de la selección de España (ese ha sido el primer mundial disputado por la selección española) y marcó 2 goles en total, que contribuyeron a la eliminación de la Selección de Brasil (España 3 - Brasil 1). En el segundo partido de aquel Mundial la selección española enfrentaba a Italia, evento en el cual Lángara fue lesionado y no pudo participar en la alineación que disputó el tercer partido de España en aquel Mundial, nuevamente ante los italianos, que supuso finalmente la eliminación de España. La nota saliente de aquellos días era la mirada que "Il Duce" Benito Mussolini, el fascista dictador italiano, había depositado sobre Lángara. Los dos goles de Lángara ante Brasil y en la previa al encuentro contra la local Italia fascista, hizo que Mussolini lo tuviera entre ceja y ceja y poco menos que perdiera el sueño. El líder de la Italia fascista, el conductor que no frenaba ante nada ni nadie, había sido inquietado por Lángara quien esgrimía un arma inpensada: la pelota.
  
España derrota a los alemanes: la furia de Hitler.
Alemania contra España, 1935: Munzemberg lo sufre a Lángara.


El 12 de mayo de 1935 se disputaba un encuentro entre las selecciones de fútbol de Alemania y España en la ciudad de Colonia (Alemania). Era el primer "choque" entre las selecciones nacionales de ambos países y el partido había generado muchísimo interés. De un lado, la selección de la Alemania nazi  llevaba una buena racha desde su destacado papel en el Mundial de Italia de 1934 donde, al ganarle a la selección deAustria, se quedó con el tercer puesto final del torneo. Por otro lado, los alemanes llevaban tres victorias consecutivas fuera del territorio de Alemania y estaba considerada como la segunda potencia futbolística europea en aquellos momentos, justo por detrás Italia. Contrariamente, España, venía desentonada tras un tibio empate la samena previa en Lisboa, Portugal.

Ochenta mil espectadores colmando el estadio. Muchos de los jugadores españoles jamás habían participado de un partido con semejante cantidad de asistentes en las tribunas. Las banderas con la cruz esvástica alrededor del campo de juego eran lo suficientemente intimidantes como para aflojarle las piernas a cualquier mortal sobre la Tierra que aprecie mínimamente la vida. Se interpretaron los himnos y los jugadores de España estuvieron firmes pero en posición normal. Los alemanes, por supuesto, brazo derecho en alto, extendido en saludo nazi. Era 1935 y en España gobernaba la República mientras que en Alemania nazi, Hitler hacía lo que le venía en ganas. Hubo un previo acuerdo muy curioso. Si se producía una lesión o algún inconveniente, el jugador que saliera del campo podía volver nuevamente, retirándose su reemplazante. Fue una novedad reglamentaria que finalmente no prosperó.
A los 11 minutos de juego el jugador alemán Conen tomó un centro y envió la pelota hacia la red. Alemania ganaba de local y España, lejos de amilanarse, iría por la suya.


Lángara contra Buchloh. Victoria española y furia de Hitler en Colonia.


A la hora exacta de iniciado el partido, Lángara empataba tras conectar un centro de su compañero Ventolrá. La selección española lanzaba un baldazo de agua helada sobre la afición alemana, los jugadores y el mismísimo Hitler. Siete minutos más tarde, Lángara volvía a rematar de forma brillante: otra vez Ventolrá remató de cabeza, el arquero alemán Buchloh rechazó corto y Lángara, jugándose el pellejo, la envió nuevamente a la red. Alemania 1, España 2.

Los jugadores españoles sabían que ese triunfo, de mantenerse, los colocaría otra vez más como uno de los mejores equipos de Europa. Alemania dio la sensación de desatar una "guerra relámpago" sobre el arco español. El aqruero Eizaguirre, en su mejor partido con la Selección, atajó todo y un Lángara endemoniado y autor dos goles hacía sonrrojar a sus germanos rivales. Finalmente, triunfo de España en la Colonia nazi, frente a una turba NacionalSocialista y haciendo enfurecer al mismísimo Führer. Luego, lo más complicado... salir vivos de ese estadio.


El futbolista combatiente: goles contra Franco.
Contra Franco: la selección Euskadi, 1937.


Lángara, además de ser un gran jugador de fútbol, era una persona muy comprometida con su gente y tenía fuertes y bien afirmadas convicciones e ideales. Cuando dio comienzo la fraticida y sangrienta Guerra Civil Española, Lángara se alistó, sin dudarlo, en el bando republicano. El Generalísimo Francisco Franco, el líder de la sonada militar contra la República jamás podría llegar a sospechar de la siguiente movida de aquel jugador de fútbol ahora devenido en combatiente.
En 1937, Lángara; se enroló en la Selección de Euskadi, un combinado regional creado por el Gobierno Vasco con el fin de recaudar fondos en Europa para los refugiados vascos y realizar una labor propagandística en favor del Gobierno Vasco y la República. Lángara coincidió en esta selección con muchos de los mejores futbolistas vascos de la época como Luis Regueiro, Guillermo Gorostiza o Txato Iraragorri. El Euzkadi realizó una brillante gira por países de Europa disputando varios partidos amistosos. Tras caer la ciudad de Bilbao en manos de los franquistas la Selección de Euzkadi se marchó (por razones más que obvias) a América para proseguir la gira, pasando por Cuba, México y Argentina entre otros países. El equipo recaló finalmente en México donde jugó la Liga Mayor de los años 1938-39, bajo la denominación de Club Deportivo Euzkadi, quedando finalmente en segundo lugar. En 1939 al finalizar la guerra con derrota republicana se disolvió la tan particular selección de Euzkadi y Lángara optó por seguir exiliado fuera de España. Su próximo equipo estaba en Argentina, donde su antiguo compañero de la selección vasca, Ángel Zubieta lo recomendó para jugar en San Lorenzo de Almagro. Pero esa es otra historia...
Franco nunca pudo olvidar aquel mal trago provocado por ese cóctel inesperado del cual uno de los principales ingredientes había sido precisamente Lángara.


 Oviedo vs. Real Madrid, 1946: Lángara buscando el gol.

La estampa de Lángara.


Pitazo final.
El resto de su vida deportiva, desde 1939 hasta 1948, transcurrió en el "exilio". Fue ídolo también fuera de los límites de su amada España, sobre todo en la Argentina, y cuando decidió regresar a su tierra natal para vivir el final de sus días, sus increíbles y legendarias historias pasaban casi desapercibidas entre sus modestos comentarios.
Esta leyenda del fútbol y de la lucha contra los grandes dictadores de otros tiempos falleció en Andoain, Guipúzcoa (España) el 21 de agosto de 1992.
Nunca se casó, tal vez porque su única compañera ideal, su mejor amante sólo pudo haber sido la pelota de fútbol. La misma pelota que fue su más mortífera y efectiva arma contra la intolerancia y el autoritarismo. Isidro Lángara, aquel jugador que cabeceaba como si estuviera rematando con la derecha, lo había logrado: le había propinado una tremenda goleada al horror.

Historias Lado B


Fuentes de consulta:
- Wikipedia / - Elpais.com / - Marca.com 

lunes, 12 de marzo de 2012

La pista inglesa: ¿Churchill mandó matar a Mussolini?

Cuerpos de Mussolini y su esposa (segundo y tercero desde la izq.) y Churchill.

Lo maquiavélico de ciertos actos perpetrados por Winston Churchill, primer ministro británico durante los oscuros días de la segunda guerra mundial, no siempre han ocupado la primera plana de los diarios y mucho menos han sido los que más se han destacado en los relatos que hablan de lo que hizo o lo que dejó de hacer ese hombre que goza de gran reputación en la "historia oficial". Churchill no era un santo, Nadie lo es, por supuesto, pero el caso del mandamás inglés es muy particular dado que ha pasado a la historia como un hombre impoluto y carente de toda hilacha capaz de hacerlo tambalear en la memoria colectiva.
Así como ha quedado demostrada la trampa que Churchill le tendió a Rudolf Hess en 1941 haciéndole creer que efectivamente estaban llevando a cabo tratativas de paz (ésto es algo penado como crimen de guerra), ahora sale a la luz otro hecho que pone de manifiesto lo sistemático del uso de la mentira y el ocultamiento de parte de Churchill en su accionar.

Durante muchos años se ha creído que la muerte del Duce, Benito Mussolini, y su mujer Clara Petacci había sido entera responsabilidad de partisanos italianos furiosos con el rabioso dictador. Los libros de la historia oficial, el Lado A, dicen eso y así quedará registrado para todos los tiempos. Algo de verdad hay en eso, sin embargo hace poco se han dado a conocer las declaraciones de un partisano de entonces, quien además escribió un libro en 1978 llamado "Aquel 28 de Abril" (N. de la R.: fecha de la muerte de Mussolini), quien asegura que ha sido él mismo quien disparó contra el fascista dictador italiano. Bruno Giovanni Lonati (en la segunda foto de la nota), era el comisario político de la 3ª Brigada Partisana "Garibaldi" y afirma sin temor a equivocarse que los hechos no han sido tal como se escribieron en la historia hasta ahora conocida.

Bruno Giovanni Lonati (laprovinciadilecco.it)

La versión de Bruno Giovanni Lonati apunta directamente a seguir la llamada "pista inglesa" y hace concreta referencia a que el cerebro tras la solicitud de asesinato de Mussolini, no ha sido otro más que el propio Winston Churchill. Los motivos no serán difíciles de encontrar: tanto Churchill como Mussolini compartían un sentimiento imposible de ocultar, su profundo odio al comunismo. Dada esta situación entre ambos, se sabe que Churchill mantuvo durante largo tiempo una fluída comunicación con el Duce a través de cartas personales y cuando el final llegó inexorable para el líder italiano, Churchill creyó conveniente no sólo eliminarlo sino también deshacerse de la tan conflictiva correspondencia entre ambos.
Aquel 28 de Abril de 1945, todo se habría dado de "maravillas" para Churchill. Mussolini siempre viajaba con una valija cargada de su correspondencia más secreta y confidencial, también (obviamente) las cartas de Churchill. En aquella jornada se dio la chance de exterminar todo de un plumazo: Mussolini, su mujer y las cartas comprometedoras para el flemático y duro primer ministro inglés. Todo fue destruído.

Bruno Giovanni Lonati, finalmente, tenía algo más para agregar: si bien él efectivamente era un partisano y había disparado contra Mussolini, la orden de ejecución contra el dictador se la dieron directamente agentes del servicio secreto británico.