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martes, 21 de octubre de 2014

El misterioso Alejandro Schicorra: un doble de Adolf Hitler en la Patagonia para despistar

 Alejandro Schicorra ¿un doble de Adolf Hitler en la Patagonia? El objetivo era despistar...


En la década de 1930, Alejandro Schicorra era un ignoto empleado de la petrolera Astra, con asiento en la ciudad de Comodoro Rivadavia, en la patagónica provincia de Chubut, al sur de la Argentina. Sus rutinarias ocupaciones no daban la sensación de depararle grandes emociones, sin embargo, a mediados de la década de los año '40, su vida cobró relativa notoriedad entre los vecinos del lugar.
Con el final de la segunda guerra mundial y ante la incómoda y más que evidente imposibilidad de encontrar el cuerpo de Adolf Hitler y, en consecuencia, constatar su fallecimiento; los rumores estuvieron a la orden del día. ¿Se había suicidado Hitler o es que en realidad todo había sido una farsa para alentar y posibilitar su escape -monitoreado y asistido- hacia la Argentina?
La siempre incompleta y dirigida historia oficial se ha encargado sistemáticamente de defenestrar esa postura, sin embargo, centenares de documentos indican que el Führer nazi no cometió suicidio y tantísimos otros indican claramente que escapo, sin emabrgo, esa es otra historia, un pasaje sobre el que no pretendo discutir en esta ocasión.
Para cuando los que estaban de un lado y del otro apenas si comenzaban a enrredarse en interminables discusiones, Alejandro Schicorra fue uno de los habitantes del sur argentino que más consitó la atención, sea de los inocentes lugareños ajenos a toda conspiración o de aquellos que pretendieron "demostrar" -tal vez guiados por poderosos intereses- que la mal llamada leyenda de un Hitler vivo en la Patagonia era poco menos que una patraña insostenible. Lo que se dice, Schicorra fue -en gran medida- una buena manera de distraer una vez más la atención con espejitos de colores.

Algunos investigadores, decididamente contrarios a la teoría que abona por la supervivencia de Hitler tras el final de la guerra y su paso por la Patagonia, se han empecinado en reafirmar la postura que insitía -tal vez interesadamente, quien sabe- en que aquel misterioso hombre, tantas veces confundido por lugareños con el mismísimo Führer, era una extraña curiosidad de la naturaleza, un ser con un asombroso parecido al exlíder alemán y nada más. Se ha dicho que Alejandro Schicorra ha tenido más de un inconveniente en sus lugares de trabajo y que incluso fue detenido en reiteradas oportunidades en las ciudades de El Bolsón y Bariloche, lugares que -curiosamente- solía frecuentar.
Mientras los historiadores oficiales y los revisionistas, siguen entrecruzando opiniones y argumentos en un sentido y en otro, dice la leyenda que hay un sencillo banco de madera que, en una zona costera de la tranquila Comodoro Rivadavia, sobre una pequeña elevación, mira hacia el mar. Allí, según algunos incrédulos testigos ocasionales llegaron a contar, solía sentarse un hombre que -solitario y melancólico- se tomaba largos instantes para contemplar la inconmensurable inmensidad del mar. Su mirada, también solían decir, apuntaba en dirección a la lejana Europa, aunque eso nunca nadie lo haya podido comprobar.
Muchos decían que ese hombre era el misterioso Alejandro Schicorra. Otros, en cambio, afirman que el hombre del banco de madera era en realidad, Adolf Hitler.


miércoles, 17 de julio de 2013

Publican las fotografías que Hitler mandó destruír

Fotografía de Adolf Hitler tomada por Heinrich Hoffmann.


Adolf Hitler no dejaba nada librado al azar. Si bien era un creyente empedernido en el destino y creía que todo lo que hacía y decía era guiado por la providencia, había aspectos de su vida que se preocupaba en cuidar y acomodar según sus necesidades y conveniencias. Su famosa (¿y por qué no decirlo? memorable) oratoria, sanguínea, violenta y con ciertos ribetes histriónicos ha sido verdadera marca registrada para el dictador desde sus comienzos en la vida pública. Esa misma (casi inigualable) capacidad de enfrentar a las multitudes y hablar hasta llegar a conmoverlos y (lamentablemente) convencerlos era cuidada de manera muy especial por el Führer alemán del Tercer Reich y eso mismo se encargó de capturar con su cámara el fotógrafo personal de Hitler, Heinrich Hoffmann (fotógrafo que además le presentó a Eva Braun).
Hitler era un férreo dictador hasta en el estudio fotográfico de Hoffmann y no dejaba escapar oportunidad de mandonearlo mientras le indicaba qué fotografías suyas (de Hitler) Hoffmann debía arrojar al cesto de resíduos. Hoffmann ha retratado a Hitler en la intimidad de su estudio desde el comienzo de su relación y amistad y así las cosas fue el legendario fotógrafo quien se encargó de capturar para la posteridad las imágenes de un Hitler que ensayaba como un verdadero actor de cine todos y cada uno de sus movimientos para que nada escapara de la cárcel de sus planes.

Fotografía de Adolf Hitler tomada por Heinrich Hoffmann.


Hoffmann retrató en innumerable cantidad de oportunidades a un Hitler que en la intimidad de su estudio practicaba y buscaba mejorar su técnica retórica, pero cada vez que el dictador se daba cuenta de las tomas que había realizado Hoffmann le ordenaba que destruyera los negativos y nunca, jamás, los revelara ni los mostrara a nadie. Afortunadamente Hoffmann no le hacía caso y así fue que logró poner a resguardo la mayoría de aquellos famosos negativos y de una manera parcial los publicó en su libro de 1955 "Yo fui amigo de Hitler", en el cual contaba sus experiencias junto al tirano.
Esas fotos que Hitler no quería ni ver fueron conservadas en el estudio de Heinrich Hoffmann hasta que finalmente fue detenido tras la finalización de la segunda guerra mundial. Como en tantas otras oportunidades, quienes se encargaron de detener al fotógrafo (las fuerzas armadas de los Estados Unidos) también se tomaron el "trabajo" y el tiempo para quedarse con los negativos de las sesiones fotogáficas de Hitler. Hoffmann fue condenado a diez años de prisión acusado de participar en diferentes actividades pro-nazis. El material fotográfico permaneció perdido u oculto durante décadas y ahora se han dado a conocer algunas de aquellas inéditas imágenes.

Fotografía de Adolf Hitler tomada por Heinrich Hoffmann.


Decía Hoffmann en el prólogo de su libro: ""Adolf Hitler parece un bufón en algunas de las fotos, pero ésto demuestra que él estaba experimentando con su imagen. Es decir, Hitler fue un político muy moderno para su época".
A casi 70 años de haberse tomado aquellas primeras imágenes de un Hitler ensayando sus palabras y movimientos en la soledad de un estudio fotográfico, a pesar del largo tiempo transcurrido y las insistentes órdenes cerradas de parte de Hitler y los intentos de destruír el material o (inclusive) robarse los negativos originales, las imágenes vuelven a cobrar vida ganándole una desigual pulseada a la barbarie que también pretendió avanzar sobre el trabajo de un artista.

REFERENCIAS:
- "Yo fui amigo de Hitler" (Heinrich Hoffmann - Ediciones Sieghels) 1955
- Actualidad RT.com
- Fotografías: Heinrich Hoffmann