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miércoles, 29 de marzo de 2017

El "Hotel Wassermann" en Bahía San Blas y su conexión con los nazis en Argentina

Un viejo y pintoresco hotel en medio de la nada al sur de la provincia de Buenos Aires y sus nexos con la clandestinidad nazi en la Argentina de los años '30.

El viejo "Hotel Wassermann" en Bahía San Blas, fotografiado por el agente nazi Wilhelm Engeland.



En 1881, un tal señor Galván, dueño de grandes extensiones de tierra, vendió a Eduardo Mulhall cuatro fracciones de campo de la Bahía San Blas, una pequeña localidad ubicada al extremo sudoeste de la provincia de Buenos Aires, perteneciente al partido de Patagones.

Galván, fundador del diario “The Standard” de Buenos Aires, fue quien comenzó a levantar el casco de la estancia que, posteriormente, pasó a manos de Don Bruno Wassermann, quién comenzó a darle la fisonomía que hoy tiene realizando la plantación de eucaliptos mas frondosa de Bahía San Blas; uniendo también la isla con el continente por medio del primer puente, el que ostenta en uno de sus pilares de ingreso una placa de bronce que dice "puerto Wassermann 1928".

La historia de los Wassermann en Bahía San Blas es digna de elogiar, ya que fueron verdaderos precursores en grandes negocios que dieron cierta prosperidad a la zona, un lugar al que también llegaban agentes nazis, dada la conexión con importantes e influyentes familias de orígen alemán (que eran de hecho, también funcionales a los planes que luego tuvieron los nazis por controlar de diferentes maneras la Patagonia Argentina) y, que al mismo tiempo, se mostraban muy interesados en negocios redituables (y posteriormente también útiles para la geopolítica de Hitler durante la Segunda Guerra Mundial), tal el caso de los trabajos de la empresa Titanit S.A. (de los Wassermann), que extraía diferentes tipos de minerales que las corrientes marinas, procedentes de las islas Malvinas, depositaban en las playas cercanas.


Nazis en el sur de la provincia de Buenos Aires, circa 1939. 
Banderas celestes y blancas, junto a la enseña con la esvástica.


Hasta allí, a ese alejado paraje sureño de la provincia de Buenos Aires, había llegado el agente nazi Wilhelm Engeland, uno de los tantos seguidos de cerca por la Comisión Investigadora de Actividades Antiargentinas en el Congreso Nacional desde el año 1941.

La foto que encabeza este artículo, fue justamente tomada por el nazi Engeland promediando los años '30 en la Bahía San Blas, concretamente a las puertas del viejo "Hotel Wassermann", en una de sus primeras misiones en el sur argentino en busca de preciados contactos y materiales que luego serían muy útiles para los nazis en la guerra.

Marcelo D. García
Historias Lado B


Documetos fotográficos: Comisión Investigadora de Actividades Antiargentinas del Congreso Nacional. Argentina. En archivo personal del autor.


jueves, 9 de marzo de 2017

El aventurero alemán Günther Plüschow y su mirada sobre la Argentina de 1928

En 1928 Günther Plüschow llegó a la Argentina y describió la increíble riqueza y el lugar privilegiado que ocupaba por entonces el país en el concierto mundial de las Naciones. Leer lo que pensaba y comprobar la triste realidad que hoy nos toca vivir, hiela la sangre, hasta los límites mismos del terror. ¿Golpes militares, fraude, populismo demagógico, corrupción, terrorismo del Estado y del otro? ¿quién sabe dónde se dio el mal paso? 
Esta es una pequeña pintura que muestra la caída de la Argentina desde lo más alto hasta el fondo del tacho en apenas 89 años.

Por MARCELO D. GARCÍA / HISTORIAS LADO B

Günther Plüschow en la Patagonia de Argentina, 1928.


Nacido en Münich en 1886, Günther Plüschow fue un aventurero alemán pintoresco e incansable que cursó sus estudios en Roma, en Mecklemburgo y, luego, en los colegios navales de Hamburgo de donde egresó como Oficial Naval en 1912, momento preciso en que se vio irrefrenablemente atraído por la primitiva (y ciertamente peligrosa) aviación militar.
Durante la Primera Guerra Mundial, sirvió a su Patria como solitario piloto de combate en la remota colonia alemana de Tsingtao (en China), lugar del que debió huír, comenzando un penoso derrotero que, luego de unos años, le permitió regresar a su querida y vencida Alemania.

Plüschow dejó registradas todas y cada una de sus experiencias en detallados diarios personales que, posteriormente, tomaron forma de libros verdaderamente atrapantes, haciendo gala de una asombrosa capacidad de descipción sin igual.
Así las cosas, recordando día y noche las inconmensurables bellezas del sur argentino que descubrió durante uno de sus primeros viajes de instrucción naval, en 1925 supo que su destino estaba ligado de manera inevitable al lugar que él consideraba como el más bello del mundo: la Tierra del Fuego, en el punto más austral del planeta y la Argentina.


El "Fehuerland" anclado frente al glaciar Agostini en la Patagonia, 1928.


De sus exploraciones y travesías por la inhóspita Patagonia, Plüschow dejó valioso registro en miles de notas, fotografías y fantásticas filmaciones, y hasta hizo traer desde Alemania a bordo del vapor "Planet", un moderno hidroavión biplano Heinkel al que llamaba "Silber Kondor" o "Cóndor de Plata", para captar imágenes aéreas, de un valor documental difícil de igualar.
Fue un viaje increíble que -junto a un pequeño grupo de colaboradores a bordo de la frágil goleta "Feuerland" (Tierra del Fuego)- comenzó en Alemania en noviembre de 1927; interminable travesía que (previo paso por islas africanas, Brasil y Uruguay) se vio coronada con la llegada al puerto de Buenos Aires en octubre de 1928.

De entre tantas anotaciones hechas de puño y letra por Plüschow, una en especial es digna de destacar; ya que no sólo muestra la percepción que este intrépido e instruído alemán (conocedor a pie juntillas de prácticamente medio mundo) tenía de la Argentina de entonces, sino que también expone crudamente la estrepitosa caída en espiral descendente sufrida por el país apenas unos pocos años después, situación que -a todas luces- se ha empeorado con el paso del tiempo y de la que muy difícilmente pueda llegar a escapar.


El biplano "Silber Kondor" descansa en las frías aguas patagónicas del sur argentino, 1928.


Decía Plüschow sobre la Argentina de 1928 en una de sus notas:
"Hermosísimas son sus calles y plazas, sus parques, sus extensas y encantadoras playas; interesantísima la vida elegante y el movimiento gigantesco de sus legiones de automóviles. Maravilloso también es el valor del oro en este pequeño país modelo, el único en el mundo en donde la moneda goza de un curso más elevado que el todopoderoso dólar de América del Norte".(1)

Y continuaba:
"Al fin emerge, bajo las primeras luces de la aurora, como otra visión fantástica, otro segundo y pequeño Nueva York, pero muchísimo mayor y más imponente que su hermano Montevideo: ¡Buenos Aires! La ciudad de los "aires buenos", la capital de la inmensa República Argentina, el país de las grandezas, de las bellezas y de las riquezas en masa. Aquí, en esta gran ciudad, se concentran la riqueza y la fuerza de este poderoso país con su gigantesco porvenir; también aquí el desarrollo adquirido desde la guerra y después de la guerra alcanza los límites de lo increíble.
¡Pobre Europa, con todas tus pequeñas preocupaciones y rencillas!, pienso yo para mis adentros, bien a pesar mío". (2)

¿Hará falta agregar algo más para darse cuenta de la lastimosa debacle en la que, poco después de la visita de Plüschow, comenzó a verse sumida la vapuleada Argentina? ¿Habrá algún modo más claro de verlo?
Sometimiento a intereses foráneos, golpes militares, fraude "patriótico" electoral, populismo fascista y demagógico, corrupción estatal, terrorismo de Esatdo y del otro e incluso gobiernos anti democráticos surgidos del inadverido y cómplice voto popular, marcarían en adelante el peligroso camino tomado por la Argentina para que ya nada volviera a ser igual.


Günther Plüschow, vale mencionarlo, fue uno de los bravos pioneros alemanes que (como Wilhelm Canaris, llegado en 1915 y la delegación de intrépidos aviadores que visitaron el país en 1934, entre quienes estaba la legendaria piloto Hanna Reitsch), fue de gran utilidad para que la futura Alemania nazi de Adolf Hitler tuviera perfectamente identificados los mejores lugares en el sur argentino para el posterior establecimiento de fuertes intereses germanos en esa auténtica "tierra de nadie", como así también las zonas más propicias para la instalación de bases clandestinas de reabastecimiento de U-Boots durante la Segunda Guerra Mundial.

El 28 de octubre de 1931, Günther Plüschow encontró la muerte sobrevolando el brazo "Rico" en el Lago Argentino, muy cerca del glaciar Perito Moreno en la provincia argentina de Santa Cruz.
Actualmente, un monolito recuerda, allí mismo, el imborrable paso de este alemán conocedor del mundo entero que pudo admirar la gloria (ya perdida) de este bendito país.



Marcelo D. García
Historias Lado B



Referencia:
(1) "Sobre la Tierra del Fuego" - Günther Plüschow - Süd Pol - Argentina - 2008.
(2) Ibídem.

viernes, 17 de febrero de 2017

Cuidar la tumba de Richard Seaman ¿la última órden de Hitler que aún se sigue cumpliendo?

Richard "Dick" Seaman, piloto británico de competición del equipo Mercedes-Benz de los años '30, murió tras un impresionante accidente el 25 de Junio de 1939. Desde hace décadas ya no quedan familiares, parientes o amigos que lo hayan conocido, sin embargo su tumba es pacientemente cuidada. ¿Quién se encarga de hacerlo y por qué? La leyenda cuenta que se trata de la última órden de las dadas por Adolf Hitler que aún se sigue cumpliendo. ¿Era Seaman un "agente" que ayudaría al Führer a mantener la paz con Gran Bretaña?
Entre mito y realidad, las respuestas a continuación.


La tumba -muy cuidada- de Richard Seaman en el cementerio de Putney Vale, Londres, Inglaterra.


Es una sencilla lápida en el cementerio de Putney Vale, en Londres, sin embargo, pese al tiempo transcurrido y a no quedar familiares directos con vida, la tumba sigue extrañamente cuidada.
Es el lugar de reposo de los restos de Richard John Beattie Seaman.

“Dick”, tal el apodo con el que se lo conocía, pertenecía a una familia adinerada y desde su niñez el fenomenal Daimler familiar logró captar todo su interés.
Los coches eran su pasión y lo serían durante toda su vida. Si bien sus padres no eran partidarios de alimentar dicho interés, en 1934, a sus 21 años de edad, dejó sus estudios en Cambridge para dedicarse de pleno a las carreras.

En 1937, un telegrama lo cambió todo.
Era de Mercedes-Benz, citando a Seaman para la tradicional competencia del mes de Noviembre en el peligroso y bellísimo circuíto de Nürburgring, el “Infierno Verde” alemán, con miras a encontrar jóvenes talentos para el equipo junior de la marca de Stuttgart.


Richard "Dick" Seaman al volante de su Mercedes-Benz en el Nürburgring.


La madre de Dick se opuso a que su hijo pilotara una máquina que, en definitiva, representaba al nazismo; pero pese a las connotaciones políticas y tras meditarlo largamente, Seaman decidió hacerlo, pensando que pilotar para Mercedes no era cosa de todos los días. 

Se fue a Alemania y entre los treinta pilotos llamados a los test impresionó de manera especial a Alfred Neubauer, director de carreras de la marca de la estrella, quien lo eligió para el equipo para hacer dupla junto al alemán Christian Kautz. 
El contrato provisional se firmó en diciembre, a la espera de la aprobación personal de Adolf Hitler, que la concedió. 
El plan del Führer era simple: demostrarle a los ingleses las “virtudes” de la tecnología del III Reich y, de paso, tratar de generar un acercamiento con los británicos para evitar tenerlos en el bando contrario en una futura guerra mundial. Dicho, de otro modo: propaganda.

Arriba: Seaman en un podio en la Alemania nazi. Abajo: Hitler encantado con el poderío del Mercedes.


Los resultados deportivos de Seaman fueron más que aceptables al volante del legendario Mercedes W125, siendo la mejor actuación la de la Copa Vanderbilt, en Nueva York, al conseguir el segundo puesto tras el Auto Union de Bernd Rosemeyer.

Pese a ser extranjero, “Der Engländer” (como también lo llamaban los alemanes) era uno más de la familia Mercedes, y tanto fue así que decidió establecer su residencia en la Alemania nazi.

En 1938 conoció a Erika Popp, hija del presidente de BMW y el flechazo fue mutuo e instantáneo; tras lo cual recibió la noticia de que en Julio tomaría parte en el Grand Prix de Alemania, la carrera más importante del año para su equipo.

Allí estaba, en su Mercedes W154 marcado con el número 16, recorriendo las curvas del archiconocido circuito de Nürburgring, templando su ímpetu y su afán por sobresalir para no cometer un error que pudiera hacerle caer en desgracia. Pero a la vez, exprimiendo la oportunidad, tratando de demostrar que estaba sobradamente capacitado para competir a primer nivel.

Seaman se convirtió de inmediato en símbolo de la casa Mercedes-Benz y sus Flechas de Plata de competición. Los primeros meses de 1939 -sin embargo-  fueron de dudas, de disgusto con el cariz que estaban tomando las decisiones políticas, y aunque no apreciaba casi nada a Hitler, este sí que lo hacía, hasta el punto de que Seaman fue pieza fundamental en un documental sobre las flechas de plata (Mercedes y Auto Union) que el régimen filmó para su propaganda.


Arriba: el fatídico accidente de Seaman. Abajo: funeral de Seaman, con Alfred Neubauer (segundo desde la izquierda) hablando con diplomáticos británicos. Hitler envió una corona de flores a su nombre.


Y finalmente llegó el primer Grand Prix valedero para el campeonato, el de Bélgica en el circuito de Spa, a celebrarse el 25 de Junio. Spa era peligroso, muy rápido, rodeado de árboles pegados a la pista; aunque sin embargo la ambición de “Dick” no se fijaba en esas cosas.
Al llegar al final de la vuelta 22, en la rápida curva previa a La Source, perdió el control del coche y fue a parar a un árbol en la parte derecha, que golpeó directamente a la altura de la cabina, retorciendo el chasis y dejando a Richard atrapado. El coche comenzó a arder, pero Seaman pudo ser sacado del coche por los comisarios. La noticia del accidente llegó hasta los boxes y el médico del equipo, Peter Gläser, corrió hasta esa misma curva para asistir a su piloto, ya que ambulancias no llegaron al lugar.
Erika, sin reacción bajo la lluvia, recibió –incrédula- la noticia del terrible accidente.
En el hospital de Spa, Richard despertó, le pidió perdón a Erika por no poder llevarla al cine esa tarde y explicó le a Alfred Neubauer que la culpa había sido suya por ir demasiado rápido.
Las muchas y graves quemaduras sufridas en todo su cuerpo, provocaron la muerte de Seaman apenas pasada la medianoche.

Para Mercedes, era su primera víctima mortal y para Hitler, la confirmación de que uno de sus posibles "agentes" encargado de demostrar que ingleses y alemanes podían llegar a convivir y tener éxitos de manera conjunta, se acababa de esfumar en el aire.

Dice la leyenda, aunque desde Stuttgart lo niegan, que es Mercedes-Benz quien todos los años paga un pequeño canon al cementerio de Putney Vale para que la tumba de Richard “Dick” Seaman se mantenga cuidada y con flores frescas, para que nadie olvide que allí reposa uno de los pilotos que dieron brillo a una estrella.
La misma leyenda cuenta que se trata del cumplimiento efectivo de una directiva impartida por Hitler en el preciso momento de la muerte de un piloto genial.
Es la última órden dada por el Führer que, aún hoy, se sigue cumpliendo con la más absoluta fidelidad.



Marcelo García
Historias Lado B



Fuente de consulta: https://scarfandgoggles.wordpress.com/2013/03/05/the-mystery-of-seamans-grave/

sábado, 15 de octubre de 2016

La leyenda nazi de la Casa Winter

Casa Winter, Fuerteventura, Islas Canarias.

Una casa solitara.
¿Qué llevó a un agente alemán a levantar su bello palacete en medio de la nada sobre las desoladas costas de Fuerteventura? ¿Cuál era su idea para mandar construír semejante caserón en un remoto y casi inaccesible paraje perdido de las Islas Canarias?
Los majoreros (tal como se conoce a los vecinos de la Península de Jandía, al pie del Pico de la Zarza) siempre hablaron de viejas historias de nazis, una pista para aviones disimulada en la playa, vuelos nocturnos, pasadizos secretos y la misteriosa llegada de U-Boots; sin embargo nada de eso quedó registrado en los papeles oficiales ni -mucho menos- en la cuidadosamente retocada biografía de Gustav Winter, su propietario, conocido por quienes lo frecuentaban como “Don Gustavo”.
Allí, donde el acceso es difícil y el viento azota sin miramientos ni contemplación, sigue creciendo la leyenda de la Casa Winter.

La misteriosa villa alemana en medio de la nada misma.


Levantada en 1946, era propiedad de Gustav Winter (1893-1971), un ingeniero y espía alemán ingresado a la lista negra elaborada por la Inteligencia Británica en 1945 y una de las 104 personas que vivían en España al amparo del Generalísimo Francisco Franco que a quienes les daba protección y seguridad.

El escritor Alberto Vázquez-Figueroa (autor de “Fuerteventura”, novela en que se nombra a la casa Winter en un contexto nazi), dijo alguna vez en una entrevista a “Canarias Ahora” que “a nadie se le ocurre hacer un caserón como aquel en un lugar tan perdido. Si ahora para llegar te juegas la vida, en los años '40 debía ser mucho más peligroso. Algo muy importante tenían que esconder para construir ese monstruo escondido en un sitio absolutamente inaccesible”.

Apartada y protegida: ¿para qué y de quienes?


Las leyendas.
Las leyendas son muchas, las posibilidades de que sean absolutamente ciertas también. 
Una habla sobre la llegada de submarinos alemanes, teoría que no pocos toman como un auténtico disparate pero que, sin embargo, nadie deja de considerar, ya que -según vecinos de la zona- los U-Boots tenían acceso a cuevas subterráneas desde el Océano; hipótesis verosímil teniendo en cuenta el origen volcánico de la isla y el complejo sistema de cavernas derivado de su proceso de formación. La Cueva del Viento en Tenerife, vale mencionarla, es un claro ejemplo de ello.

Vista elevada de la Casa Winter.

Otra leyenda cuenta que Gustav Winter había firmado en 1937 un contrato de arrendamiento sobre la Península de Jandía con los herederos del conde Santa Coloma con aparentes intenciones de levantar una fábrica de cemento y una planta procesadora de pescado; proyectos que pese al empeño demostrado no lograron prosperar; tras lo cual el agente alemán valló de un día para el otro todo el territorio circundante hasta entrados los años ’50. Se dice que fue el mismísimo Franco quien cedió esa zona a los alemanes y que éstos construyeron una pequeña pista de aterrizaje disimulada inteligentemente sobre la playa que aún hoy en día puede llegarse a divisar.

Otro caso es el de la vieja vagoneta Krupp (importante empresa alemana) encontrada cerca de la casa. Todavía pueden verse algunos rieles que van en dirección de la montaña, algo que no hace otra cosa más que alimentar (y sostener) la teoría sobre las intenciones de Gustav Winter de unir Cofete (al Norte) con Morro Jable (al Sur) facilitando de ese modo la navegación militar en una zona definitivamente más favorable.

La vagoneta Krupp (actualmente en el patio interno de la casa).


Otra leyenda habla de misteriosas explosiones que algunos vecinos aseguran recordar en las inmediaciones de la Casa Winter (también conocisa como Villa Winter), abonando a la idea de la posible construcción de túneles secretos; mientras que otros creen que con esas explosiones Winter quiso alcanzar Morro Jable a través de las montañas.

 Pasadizos secretos de la casa.


Finalmente, está el viaje que Don Gustavo hizo en 1937 a Berlín para recibir dinero que fue destinado a estas “obras” en Fuerteventura. La única referencia apareció en 1971 en la revista alemana “Stern”, única entrevista que Gustav Winter dio a un medio alemán en toda su vida en la cual aseguró que todo eran meras habladurías. Según esta versión, Winter llegó de Alemania con un maletín repleto de dinero perteneciente a Hermann Göring, lugarteniente de Hitler y jefe supremo de la poderosa Luftwaffe.

 Estado actual del moderno sistema de comunicaciones.

Una de las habitaciones "reservadas" en un altillo.

Vista aérea actual de la pista de aterrizaje disimulada en la arena de la playa.


Pasados los años, todo sigue siendo una curiosa leyenda, sin embargo la llegada de U-Boots a las Islas Canarias es un hecho comprobado, las conexiones de Winter con el nazismo han sido imposibles de ocultar, las habitaciones con puertas secretas y los (para entonces) modernísimos aparatos de comunicación inhalámbrica (posiblemente con la España Franquista y Berlín) sólo comparables al actual sistema de Wi-Fi siguen resultando muy difíciles de explicar.


Marcelo D. García
Historias Lado B


Fuente: https://www.escapadarural.com/blog/la-leyenda-nazi-de-la-casa-winter/

lunes, 26 de septiembre de 2016

Los Fantasmas de Historias Lado B: Nazis en el Luna Park de Buenos Aires

El 10 de abril de 1938 unos 15 mil nazis se reunieron en el estadio "Luna Park" de Buenos Aires (Argentina) celebrando el Anchluss; anexión de Austria a la Alemania de Hitler.
En un imaginario viaje en el tiempo, Historias Lado B te muestra imágenes de sus regresados fantasmas combinadas con el mismo lugar en la actualidad.


(Fotomontajes: el Luna Park en la actualidad y fotos del acto de 1938, por Marcelo D. Gracía)


Nota relacionada:
http://historiasladob.blogspot.com.ar/2012/03/buenos-aires-1938-el-mayor-acto-nazi.html



martes, 2 de agosto de 2016

viernes, 24 de junio de 2016

Celestino Quijada, el hachero que vio a Hitler en el Cerro Otto de Bariloche

Celestino Quijada, el hachero que vio a Hitler en el Cerro Otto de Bariloche.


En este mundo los hay quienes creen que los investigadores históricos, los que nos paramos frente a la historia oficial con una mirada crítica, sólo pretendemos visitas masivas en nuestros espacios de internet y, en el mejor de los casos, vender miles de ejemplares de libros a los que no pocos incrédulos consideran como novelas fantásticas.
Claro que quienes se apegan al pie de la letra de la dudosa historia oficial, también tienen esas mismas pretenciones de éxito conmo los que somos (por así decirlo) descreídos de lo que siempre se nos ha contado como una inobjetable verdad. Y no está mal, ni en un caso ni en el otro.
Sin embargo, también están aquellos que lejos de optar por uno de los bandos en pugna, simplemente nos dejan sorprendidos y maravillados con sus relatos, sin tener la más mínima necesidad de decir una cosa por otra y -por supuesto- sin ninguna intención comercial.

Tal es el caso de Celestino Quijada, un hachero nacido en 1916 en la localidad de El Manso, un paraje rural del Departamento Bariloche, en la provincia argentina de Río Negro. De niño quedó huérfano y fue adoptado por una viejita que lo anotó en algún perdido registro civil del lado chileno.
Con el tiempo Celestino fue y vino entre Chile y la Argentina para finalmente quedarse en cercanías de Bariloche haciendo lo que mejor podía para ganarse el pan : darle duro al hacha haciendo leña.

Luego, entrados los '40, -como tantos- se enamoró del Peronismo llegando a pensar de su líder que “Perón abrió los ojos a todos los obreros, nos empezó a cuidar”.
Pero esa época no sólo le abrió los ojos frente a las políticas del Justicialismo que tanto le cambiaron la vida a quienes menos tenían y a quienes más iban a necesitar, sino que fue también fue el momento en que pudo convertirse en impensado protagonista de un hecho que no olvidó nunca jamás.
Un día, Celestino se metió entre los matorrales sureños, hacha en mano disponiéndose a trabajar.
Sin embargo, pese a la esperada rutina de cada día, aquella no fue -definitivamente- una jornada más.
Allí había un hombre, relajado y lejos de la preocupación mundana en la que estaban sumidos todos los demás.
Ese hombre era Adolf Hitler.

"Lo vi cuando mis patrones me mandaron a cortar ramas en una maderera junto al cerro Otto (Bariloche, Argentina). Estaba sentado en una silla y lo reconocí por las fotos del diario", contó Quijada (1).
Y no fue el único en verlo: "Mi mamá nos contó en distintas oportunidades que sus padres lo habían atendido en el reservado de la estancia San Ramón, ubicada en la entrada de Bariloche." (2), recordó Víctor Luego, uno de sus conocidos también entrevistado por los curiosos periodistas que llegaron a ese mismo lugar.

Por aquel entonces (1945) Don Celestino tenía 29 jóvenes años. El 12 de abril de 2016 llegó al centenario junto a su esposa y sus hijos. Siempre, cada vez que puede, vuelve a recordar ese misterioso avistaje del que nadie, bajo ninguna circunstancia, (dados los documentos que se tienen a mano) ya podrá llegar a dudar.

Marcelo D. García
Historias Lado B


Celestino Quijada, junto a su esposa y el más pequeño de sus hijos, 2015. (Foto: El Cordilerano.com)




(1): Declaración a la revista "Noticias"difundida el portal digital Perfil.com. en 2011.
(2): http://www.lagaceta.com.ar/nota/463843/mundo/vi-hitler-cuando-mis-patrones-me-mandaron-cortar-ramas.html

sábado, 4 de junio de 2016

La estancia nazi de los Rocha Miranda en Brasil

Un grupo de niños en un curioso campo de trabajo del monte brasileño. Paredes con Cruces Esvásticas labradas en los ladrillos y banderas adornadas con símbolos del III Reich alemán. 
Esta es la historia de la estancia nazi de los Rocha Miranda en Brasil.

Ladrillo con Cruz Esvástica en la estancia nazi de los Rocha Miranda en Brasil.


A finales de los años '30 José Ricardo Rosa Maciel era un jovencito que trabajaba en la "Estancia Santa Albertina", un enorme establecimiento rural enclavado en plena campiña de Cruzeiro do Sul, a unos 235 kilómetros al sudoeste de la ciudad brasileña de San Pablo.
Las tareas del campo y el cuidado de los animales a los que se dedicaba no daban la más mínima posibilidad de pensar en un quiebre de la almidonada rutina diaria, sin embargo "un día los cerdos rompieron una pared y cuando miré entre los ladrillos caídos pensé que estaba alucinando".
Aún sin poder creerlo, Rosa Maciel advirtío que cada ladrillo de ese muro estaba grabado con una Cruz Esvástica de cada lado.

Ladrillo con Cruz Esvástica y una vieja fotografía aérea de la estancia nazi .


Pasaron muchos años antes de que Maciel pudiera sacarse la duda y comprender que -efectivamente- no se trataba de una alucinación.
Gracias a las investigaciones del profesor de historia Sidney Aguilar Filho, supo finalmente que detrás de la aparición de Esvásticas en la granja existían en realidad estrechos lazos de sus propietarios con los fascistas brasileños y-por supuesto- con el Partido Nazi encabezado por Adolf Hitler en Alemania.

José Ricardo Rosa Maciel.


El profesor Filho estableció que el rancho había sido propiedad de Renato Rocha Miranda, cabeza de una familia de importantes e influyentes empresarios industriales de la ciudad de Río de Janeiro.
Él y sus hijos, Otavio y Osvaldo, eran además miembros de "Acao Integralista Brasileira", una organización política de extrema derecha que claramente simpatizaba con la causa de los nazis.
De hecho, la familia utilizaba la granja como centro de reuniones partidistas a las que asistían miles de simpatizantes.

Los Rocha Miranda en su feudo nazi.
Reunión de nazis brasileños en Santa Rita do Sapucay, en Brasil.


Fue también gracias a las posteriores investigaciones de Sidney Aguilar Filho, que quienes allí habían pasado tantos años supieron que en realidad habían sido parte de un siniestro plan que incluyó a niños abandonados e indígeneas que estarían obligados a cumplir tareas en un campo de trabajo.
"Encontré la historia de 50 niños, de alrededor de 10 años de edad, que fueron recogidos de un orfanato de Río de Janeiro. Llegaron en tres oleadas, la primera de 10 llegó en 1933", dijo Aguilar Filho, mientras que otro joven llamado Osvaldo Rocha Miranda solicitó por su parte -y obtuvo- la autorización para ser el guardián legal de esos huérfanos "rescatados" de diferentes centros de atención y salud.
"El (por el dueño de la Estancia) mandó a su chófer por nosotros, quien nos dejó en una esquina", recuerdó en declaraciones ante la prensa brasileña Aloysio da Silva, de más de 90 años ya, uno de los primeros huérfanos reclutado para trabajar en la granja, quien luego agregó que "Osvaldo (Rocha Miranda) apuntaba con un bastón… 'Trae a ese para acá, a ese también', decía. Y de 20 niños seleccionó a 10". (...) "Nos prometió hasta la Luna. Nos dijo que jugaríamos al fútbol, que iríamos a montar a caballo. Pero era todo un engaño. Repartieron un azadón para cada uno y nos pusieron a limpiar el terreno", continuó el anciano.
Las simpatías nazis de los Rocha Miranda -entre tanto- no sólo se limitaban a los ladrillos sino que también quedaban expuestas a la vista de todos cuando llevaban orgullosos los ejemplares vobinos y los cebúes que criaban a las más importantes exposiciones nacionales, marcados en su costado con una Cruz Esvástica a hierro y fuego.

Cruz Esvástica en el ganado de los Rocha Miranda.


Obligados a hacer el saludo Nazi de manera forzada y obligatoria, los niños eran habitualmente azotados con una palmatoria, que era una paleta de madera con huecos especialmente diseñada para reducir la resistencia al viento y causar más dolor (algo similar a las paletas de Paddle actuales).
Entre tanto, la vejación se completaba cuano a los niños no se los llamaba por su propio nombre sino simplemente por números. El de da Silva -de hecho- era el 23, mientras que varios perros guardianes se encargaban de mantenerlos a raya.
"Dijeron que jugaríamos al fútbol, que iríamos a montar a caballo. Todo un engaño. Repartieron una azada y nos pusieron a limpiar la tierra de raíces" (...) "Uno de los perros se llamaba Veneno, el macho. La hembra era Confianza", dijo alguna vez da Silva, quien continuó su relato asegurando que "Tenían fotografías de Hitler y estábamos obligados a saludar cuando pasábamos. Yo no entendía nada".

El "forzado" equipo de fútbol de los Rocha Miranda y la bandera con la Esvástica.
Aloysio da Silva, el niño número 23.


En medio de ese infierno indescriptible, el único momento de respiro para los huérfanos se daba cuando jugaban partidos de fútbol contra equipos de granjeros locales.
Lo curioso, sin embargo, es que -tal como ha recordado José Ricardo Rosa Maciel- el equipo de la estancia salía a jugar encabezado por una bandera de lo más peculair: una enseña que combinaba estrellas como en la bandera brasileña rodeando a una enorme Cruz Esvástica.

La bandera de Brasil junto a la de la estancia con la Esvástica y hoja con membrete del establecimiento rural.


El fútbol era una pieza clave de la ideología de la "Acao Integralista Brasileira" para fomentar trabajo en equipo, órden y disciplina, incluso en el estadio del Vasco de Gama se llevaban a cabo multitudinarios desfiles militares. Esos partidos -dicho sea de paso- también eran utilizados con fines propagandísticos por el gobierno del entonces presidente de facto Getulio Vargas.
"Pegábamos unas patadas al balón durante un rato y luego evolucionó", recuerda Argemiro dos Santos, otro de los niños (hoy un hombre muy mayor) que trabajaban en el lugar. 
"Luego comenzamos un campeonato. Éramos buenos al fútbol, eso no era un problema".
Pero, tras varios años de encierro forzado y sufrimento, Santos sintió  que ya había tendido suficiente.
"Había una puerta que dejé abierta. Esa noche me escapé por ahí y nadie me vio".

Argemiro dos Santos, su emdalla de la Segunda Guerra Mundial y la estancia en épocas actuales.


Santos logró sobrevivir al drama y la tragedia y cuando finalmente pudo regresar a Río de Janeiro ya tenía 14 años. Durmió a la intemperie y -entre otras cosas- trabajó como vendedor de periódicos. En 1942, cuando Brasil le declaró la guerra a la Alemania Nazi de Hitler, se enroló decidido en la armada como grumete, sirviendo mesas y limpiando lo que fuera necesario.
Había pasado de trabajar para los nazis a luchar contra ellos.
"Solo estaba cumpliendo con lo que Brasil necesitaba hacer", dice Santos. "No podía albergar odio por Hitler porque no sabía quién era".
Santos -como tantos de sus viejos niños compañeros- aseguró con el paso de los años que los recuerdos de la granja son imposibles de olvidar. Motivos no le faltaban. "Cualquiera que te cuente que su vida ha sido todo felicidad miente. Todos tenemos algún mal recuerdo a lo largo de nuestros días".



Marcelo D. García
Historias Lado B

martes, 10 de mayo de 2016

Aero Club de Planeadores "Cóndor": Banderas Nazis en la Patagonia de Argentina

Pioneros de la aviación sin motor en el sur de la Patagonia de Argentina y sus banderas nazis orgullosamente enarboladas al viento.



Un poco de historia.
El “Aero Club de Planeadores Cóndor” inició sus vuelos el 3 de diciembre de 1934 desde un campo perteneciente a la empresa petrolera Astra, a las afueras de la ciudad de Comodoro Rivadavia, en la provincia patagónica de Chubut, al sur de la Argentina.
Si bien se desconoce la fecha exacta de la inauguración oficial del club, sí se sabe que desde 1931 un grupo de vecinos de Comodoro Rivadavia, inspirados por las noticias que les llegaban desde la lejana Alemania sobre máquinas voladoras sin motor, se encargó de darle vida al "Club de Planeadores Rosales" (por el pueblo cercano de Manantial Rosales), nombre que poco después cambiaron por el de "Aero Club de Planeadores Cóndor" con el que seguiría siendo conocido incluso hasta nuestros días.
Algunos de los pioneros que formaron el club fueron Casimiro Szlapelis y el aviador Próspero Palazzo, un piloto de la Aeroposta Argentina; en tanto que el primer planeador que utilizaron fue un viejo Kassel 12A que prestó servicio durante varios años volando desde un terreno poco preparado para esas actividades en la zona conocida por los lugareños como el kilómetro 9.




Apenas iniciadas las actividades aeronáuticas se incorporó al club don Francisco Allesch, un austríaco nacido en Viena y empleado de la petrolera Astra (fuertemente inyectada de intereres alemanes en la zona), quien fue titular de la licencia de planeador n° 2 otorgada en la Argentina y gracias a quien los entusiastas aviadores pudieron disponer de un campo mucho más apropiado para los vuelos, un lugar que -justamente- era propiedad de la mencionada Astra.
Así fue que el club retomó sus actividades desde el campo del kilómetro 20, el 3 de diciembre de 1934, con un vuelo (a cargo de Allesch) que duró apenas unos pocos segundos pero que para todos fue un verdadero hito y resultó ser verdaderamente importante.

Fue así que don Francisco Allesch plantó la bandera de la pasión por los vuelos sin motor en la Patagonia, aunque la imaginaria enseña flameaba también -vale decirlo- junto a la de la Cruz Esvástica Nazi...


Marcelo García
Historias Lado B



 Referencia: http://www.planeadorescondor.com.ar/institucional/historia/


lunes, 2 de mayo de 2016

El banco de Hitler en la Patagonia

Solitario, entre la tranquera y el poste de luz: el banco de Hitler. (Foto: Marcelo García / Historias Lado B)


Viajar hacia el sur argentino recorriendo la interminable Ruta 3 implica adentrarse en un paisaje de ensueños que -además de ser muy bello- llama la atención por su galopante monotonía y una creciente sensación de soledad. Quienes hacen el recorrido sienten que, de alguna manera, esos lejanos parajes no invitan a otra cosa que no sea mirar el extenso y bellísimo mar; pero sin embargo; el camino costero es en sí mismo el misterioso escenario en donde conviven perfectamente la leyenda y la curiosidad.
Una vez traspasado el límite entre las provincias patagónicas de Chubut y Santa Cruz, transitando unos 10 kilómetros en dirección a Caleta Olivia (la próxima "gran" ciudad que encontraremos en el camino) puede verse un terreno ondulado que antecede -y en parte oculta- la tranquera de la Estancia Fratzscher, un viejo establecimiento que en los años '40 perteneció a un pionero alemán llamado Magnus Fratzscher.

Hoy en día (para quienes nos paramos frente a la historia oficial con una mirada decididamente crítica) es relativamente sencillo establecer relaciones y trazar paralelismos entre las muchísimas viejas propiedades alemanas de la zona y los intereses que -una vez llegado Hitler al poder- pasaron a responder directamente a los designios del III Reich, sin embargo por aquellos años ni bien finalizada la Segunda Guerra Mundial, eso no era tan así.
De todos modos, a finales de 1945 y por más que esas ventosas y desoladas playas sureñas estuvieran ubicadas en el mismísimo "culo del mundo", no fueron pocos los que en más de una oportunidad creyeron ver a alguien muy famoso merodeando las costas como si se tratara de un simple vaqueano más. Lo curioso del caso es que la práctica mayoría de quienes aseguraban haberlo visto, coincidían en afirmar que ese hombre no era otro más que Adolf Hitler, el Führer alemán, quien solía sentarse en un banco de madera ubicado frente al mar.

De acuerdo a esos comentarios vestidos de leyenda, podría pensarse que los ojos celeste profundo del exiliado líder nzi se fundían cada amanecer con las azuladas extensiones inconmensurables del mismo Océano Atlántico que poco tiempo antes se había animado a cruzar, repitiendo con melancólico hastío, cada día, su silencioso y solitario ritual.
Actualmente, ese banco sigue estando allí, solitario a unos 100 metros de la costa junto a la tranquera que aún franquea o habilita el paso hacia la intrigante propiedad. Quienes niegan esta historia, defienden a capa y espada la versión que indica que quien sentaba allí era en realidad un tal Alejandro Schicorra, vecino de la zona que tenía un asombroso parecido a Hitler y que trabajaba en la importante planta de la firma Astra, curiosamente inyectada con fuerte capital alemán.
De todos modos, es más que probable (estoy entre los que piensan así) que Schicorra fuera parte del plan de quienes colaboraban con el escape del Führer para rebatir los comentarios de no pocos sorprendidos que podrían llegar a dar testimonio de avistajes de Hitler o incluso para dejar sin argumentos a quienes creían que, en efecto, Hitler no se había suicidado en Berlín. 

Pero pese a los sostenidos intentos por confundir o despistar, ese mismo banco de madera es llamado y conocido por todos los vecinos de la zona como "el banco de Hitler", un lugar de reposo y descanso que nadie, nunca jamás, se atrevió siquiera a tocar...

Marcelo D. García
Historias Lado B


Más fotos y ubicación del "banco de Hitler" en la provincia de Santa Cruz, Argentina).
Viajando hacia el sur por la Ruta 3 sobre el margen derecho de la misma, a unos 100 metros de la costa. Latitud: -46°19'52.07" y Longitud: -67°35'27.97".

El misterioso banco en medio de la nada.

La entrada a la Estancia Fratzscher en Santa Cruz en una toma más amplia y vista desde la ruta 3.
(Foto: Marcelo García / Historias Lado B)
Tomas aéreas de la zona a unos kilómetros hacia el norte de Caleta Olivia en Santa Cruz.
(Foto: Marcelo García / Historias Lado B)



Ver también:
El misterioso Alejandro Schicorra: un doble de Adolf Hitler en la Patagonia para despistar

La misteriosa visita de Adolf Hitler al "Edén Hotel"




domingo, 3 de abril de 2016

Heini, el lanchero nazi del Río Paraná


En 1941 comenzó a sesionar en el ámbito del Congreso Nacional, la "Comisión Investigadora Parlamentaria de Actividades Antiargentinas", integrada por un grupo de valientes legisladores (encabezados por el tan arteramente desacreditado Silvano Santander) que decidieron tomar el toro por las astas en una turbulenta Argentina que -desde mucho tiempo antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial- se aferraba a una  neutralidad que era en realidad la efectiva cubierta de una postura decididamente favorable a las políticas e intereses de la Alemania nazi del III Reich en el país.
Muchos fueron los descubrimientos de la mencionada comisión parlamentaria, muchísimas las personas implicadas en actos de traición a la Patria y en acciones de espionaje a favor de las potencias del Eje y tantísimas más las ollas destapadas.
De hecho, gracias a las maratónicas sesiones y los completísimos informes que de su seno salían, fue que pudo saberse sobre insospechados personajes de peso que buscaban hacer de la Argentina de entonces la nueva colonia alemana de ultramar, en tanto que también se encargaban de sacar los trapitos al sol de otros protagonistas de menor jerarquía que -de todos modos- nunca dejaron de ser observados.
Los documentos que hablan sobre los verdaderos peces gordos de la organización nazi que contaba con valiosos cómplices y colaboradores del ámbito local quedarán para otra oportunidad, pero en este caso veremos a un curioso personaje que algunos podían ver navegando como si nada por las tranquilas aguas del Río Paraná.

La imagen pertenece a uno de los tantos informes de la mencionada "Comisión Investigadora Parlamentaria de Actividades Antiargentinas" y muestra a un alemán identificado simplemente con el apellido de Heini que se ganaba la vida (al menos oficialmente) como lanchero, un tipo campechano con cara de bonachón.
Lo curioso es que mientras algunos de sus colegas argentinos lucían orgullosos banderines de alguno de los teams del fútbol local, Heini -en cambio- colgaba en la ventana de su pequeña embarcación de madera a motor uno con la Cruz Esvástica Nazi.
Heini (vaya uno a saber con qué gardo de responsabilidades) era otro de los tantos personajes que muy posiblemente fueran operadores y agentes encubiertos integrantes de la Quinta Columna alemana en el exterior.


Marcelo D. García
Historias Lado B 



Fuente de consulta:

jueves, 24 de marzo de 2016

Documento estadounidense revela complicidad de líderes sindicales argentinos con la Dictadura



A 40 años del sangriento golpe militar en la Argentina llevado a cabo el 24 de marzo de 1976, las heridas aún siguen abiertas y en ésto -también- tiene mucho que ver la memoria selectiva y una verdad tergiversada con tufo a saña y doble intencionalidad.
De un lado la criminalidad de quienes se pasaron la Constitución Nacional por el culo haciendo uso y abuso del aparato estatal como herramienta de desmedida represión ilegal; del otro bando los que infundían terror a diestra y siniestra con fines sediciosos (que lo expliquen de otra manera, si no) desde incluso antes de la llegada del gobierno militar y en el medio de todo (siempre al margen del pobre ciudadano común) los cómplices silenciosos que se atrevieron  a ponerse descaradamente la ropa de abnegados resistentes.
Tal el caso de muchos dirigentes sindicales argentinos que hoy se llenan la boca hablando de una valentía que jamás supieron demostrar.

Y para muestra vale un botón, ya que la historia (hay que decirlo) ha sido al menos en este caso muy diferente de como nos la han contado en realidad.
A continuación, el detalle de un documento desclasificado (que expongo completo al final de este post) de la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires, fechado el 29 de marzo de 1976, en donde se informa al Departamento de Estado en Washington sobre la colaboración de los líderes sindicales con la nueva dictadura militar.
De las siete páginas de este dossier (uno de los más reveladores del embajador Robert Hill poniendo a sus superiores al tanto de la nueva situación) se recortan dos líneas que desnudan una "resistencia" que -finalmente- nunca jamás fue tal.
"Many labor leadres have made their peace with the military and are willing to cooperate" (Muchos líderes sindicales hicieron las paces con los militares y están dispuestos a colaborar).
Ni militares ni norteamericanos podían haberlo hecho solos: complicidad.
Más clarito, agréguele agua.
Memoria y nunca más.



La historia del documento: noche y niebla en la Argentina.
Cuarenta y ocho horas después del golpe militar –y tras el informe preliminar enviado desde la embajada en Buenos Aires- se llevó a cabo en Washington una reunión clave en la que William Rogers –Secretario Asistente para Asuntos Hemisféricos- informó personalmente al Secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger y a otros altos funcionarios sobre la situación en la Argentina, oportunidad en la que fue muy preciso al comentar que la Junta Militar haría todos los esfuerzos necesarios para implicar directamente a los Estados Unidos en el proceso recién iniciado pero buscando que la ayuda y el apoyo se dieran, fundamentalmente, en el plano financiero. 
En la reunión Rogers trató de pisar el freno –o al menos poner paños fríos- al creciente interés de Kissinger por dar tal colaboración, advirtiéndole que si bien era partidario del apoyo que los Estados Unidos deberían dar al golpe, al mismo tiempo habría que cuidar las formas y preservar la imagen sobre todo ante la desconfiada mirada internacional ya que –según expresaba- "es esperable una fuerte represión”, agregando que “probablemente corra mucha sangre en la Argentina pronto. Creo que van a tener que entrarle fuerte no sólo a los terroristas sino también a los disidentes de los sindicatos y sus partidos. Pienso pues que el asunto es que no debemos -en este momento- apurarnos a dar una acogida a este régimen, que de aquí a seis meses será considerablemente menos popular con la prensa”

Kissinger, lejos de plegarse a la postura apaciguadora de Rogers sostuvo que la cuestión argentina era inhertente a los más importantes intereses de los norteamericanos, insistiendo en que “si van a tener (la Junta) alguna oportunidad, van a necesitar ser alentados de nuestra parte (…) porque yo quiero alentarles. No quiero hacerles sentir que están siendo hostigados por los Estados Unidos”, no obstante lo cual, tanto Kissinger como Rogers acordaron dar un encubierto y discreto –pero firme- apoyo de parte de los Estados Unidos, al mismo tiempo que enviaban expresas directivas al embajador Hill para que –pese a un momentáneo y prudente silencio oficial norteamericano- expresara claramente a los golpistas la decisión adoptada manteniéndose en esa postura expectante hasta que los jefes de la Junta terminaran de designar a todos y cada uno de los ministros del nuevo gabinete de facto, pero aguardando con particular expectativa el nombramiento del Ministro de Relaciones Exteriores; un puesto que para las futuras relaciones bilaterales y las negociaciones prontas a entablarse era absolutamente clave, vital y fundamental. 
A propósito de esta designación, en el documento que reproduce los detalles del encuentro entre Kissinger, funcionarios del Departamento de Estado y Rogers; éste último hace referencia a un “fellow” (amigo) al que identifica como Litella (textual del documento) con quien dijo haber trabajado con anterioridad de un modo muy productivo; nombre que luego fue tachado y reemplazado por el de un tal Vanele en el mismo paper. Pero ni uno ni otro fueron finalmente designados para el puesto de Canciller, siendo el elegido –a partir del 30 de marzo- el Contralmirante César Guzzetti, quien rápidamente sabría entablar buenas y cercanas relaciones con Kissinger. 

Sin embargo, pese a la demora en esa designación, el gobierno norteamericano movió la primera ficha y –el 27 de marzo de 1976- el FMI (Fondo Monetario Internacional) hacía sentir la “ayuda de su mano protectora” aprobando en tiempo récord un crédito de 127 millones de dólares destinados al primer financiamiento de la Junta Militar. Tras el encubierto entusiasmo traducido en el apresurado desembolso de semejante millonada, apenas dos días después el embajador Hill se encargaría de allanar aún más el camino de los golpistas informando a las autoridades del Departamento de Estado norteamericano a través de un telegrama extremadamente optimista (también remitido a las representaciones diplomáticas estadounidenses en Asunción, Brasilia, Caracas, La Paz, Lima, Ciudad de México, Montevideo y Santiago) que, a pesar de ser demasiado temprano para hacer certeras predicciones sobre la suerte futura del nuevo gobierno militar, al menos se estaba en perfectas condiciones de asegurar que Videla se encontraba en una inmejorable posición que le permitía mantener a raya a los partidarios de la “línea dura” asegurando al mismo tiempo que “(...) el golpe puede ser ahora definitivamente considerado como moderado (...) no han atacado al peronismo ni a ningún otro partido. Han arrestado a algunos altos funcionarios como Raúl Lastiri, Julio González y Carlos Menem a los que se cree culpables de malversación y abuso de poder (...) pero es claro que no han hecho arrestos masivos. Nadie ha sido puesto contra un paredón (....) La mayoría de los diputados, gobernadores y funcionarios depuestos han sido simplemente enviados a sus casas (...) La actividad política ha sido suspendida temporalmente y los partidos tienen que quitar sus carteles de los locales. Sus organizaciones están intactas y varias de las fuentes de la embajada en los partidos han expresado su esperanza de que se permita volver a cierta actividad política en no más de seis meses (...) Antes del golpe se temía que los militares duros se excedieran en sus órdenes y arbitrariamente asesinaran o arrestaran a sindicalistas, peronistas o izquierdistas que les disgustaran, pero no ha sucedido (...) Muchos líderes sindicales han hecho las paces con los militares y desean colaborar" . 

Hill, entre tanto, concluía diciendo que "este es probablemente el mejor ejecutado y el más civilizado de los golpes en la historia de Argentina. Ha sido único en otros aspectos también. Los Estados Unidos no han sido acusados de estar detrás del mismo, excepto por Nuestra Palabra, el órgano del PCA (Partido Comunista Argentina) (...) Los Estados Unidos, por supuesto, no deben ser identificados muy estrechamente con la Junta pero -en tanto que el nuevo gobierno pueda mantener la línea moderada- el gobierno de Estados Unidos debe alentarlo examinando con ojos positivos cualquier petición de asistencia."

En el telegrama a sus superiores Hill también dejó en claro que los propósitos fundamentales expresados por Videla eran claramente dos. En primer lugar, lograr el completo control de los “Halcones” del ejército partidarios de poner en práctica medidas represivas violentas y extremas y, en segundo término (aunque Hill sostenía que era prioridad de Videla), exterminar a la guerrilla armada definitivamente. Según los informes de situación con los que contaban los norteamericanos, Videla se las arreglaba perfectamente para contener a los simpatizantes de la “mano dura” cosa que le permitía concentrar todo su esfuerzo en redadas y operativos que habían derivado –en muy pocas jornadas después de iniciada la aventura golpista- en la captura y detención de varios jefes guerrilleros. Pese a esas primeras acciones del gobierno, sostenía Hill que la insurgencia armada proseguiría con su plan de “pegar y escapar” tal como quedaba evidenciado con el atentado perpetrado contra un comisario de la policía federal durante esa misma jornada, tras lo cual se sospechaba que los grupos guerrilleros pasarían a una etapa marcada por una tensa espera con la esperanza de que la opinión pública nacional (y posiblemente la del exterior) se volvieran favorables a su causa si era que finalmente los militares se decantaban por implementar un sistema de fuerte y violenta represión contra ellos.

La recomendación de Hill a Washington era que –llegado a esa instancia- el gobierno norteamericano sabría positivamente que había llegado “la hora de actuar”, con lo cual estaba diciendo que la administración de Gerald Ford debería salir en inocultable defensa del gobierno militar. De todos modos, los crecientes problemas con la guerrilla armada no eran los únicos a los que se enfrentaba la Junta, algo de lo que estaban debidamente advertidos y al tanto los norteamericanos. Así, Hill mencionó en su telegrama del 29 de marzo que los contactos de la embajada con el designado ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz, habían sido informados de la grave situación económica con la que se había encontrado la Junta militar. Los norteamericanos, entre tanto, aún aguardaban la presentación de un plan que los convenciera y fuese favorable a sus propios intereses, cosa que fue prometida por el propio Martínez de Hoz. 
Al respecto, también decía Hill que “lo alentador (para los Estados Unidos) además de la conducta del gobierno en sí mismo, ha sido la reacción popular. La mayoría de los argentinos se han alegrado de liberarse del patéticamente incompetente gobierno de la señora de Perón, pero no han salido a las calles ni a aplaudir a los militares ni a abuchear a los Peronistas. Ellos aprueban lo hecho por las Fuerzas Armadas pero, sin embargo, mantienen sus saludables reservas del caso. Se han visto muchos otros gobiernos militares que han comenzado auspiciosamente y luego se han quedado en el camino. Los argentinos esperan que las cosas sean distintas esta vez y dan su apoyo. Pero nadie espera milagros y éste es uno de los más maduros fenómenos que genera este gobierno”

La particular exaltación de “madurez política” de los argentinos (civiles y militares) expresada por Hill, no dejaba de poner la mirada –sin embargo- en lo que sucedía con los trabajadores y los gremios, indicando que, como extraño fenómeno, para el día 25 de marzo (un día después de concretado el golpe) el ausentismo laboral era prácticamente inexistente dado que los dirigentes sindicales (años después embanderados con la supuesta lucha militante contra la Dictadura) “hicieron las paces con los militares y están dispuestos a colaborar” (textual del documento de Hill). 
Por supuesto que también haría referencia a algunas pocas detenciones de gremialistas advirtiendo además que si bien la CGT había sido intervenida, la práctica mayoría de los gremios funcionaba con relativa normalidad pese a lo cual muy posiblemente pronto se darían protestas una vez que el equipo económico presentara su plan de ajuste y austeridad acordado en consonancia con norteamericanos. Sin embargo, no sería necesario presionar demasiado al presidente Gerald Ford para que diera una nueva muestra de velado apoyo estadounidense a la Dictadura argentina: a principios de Abril, el Congreso de los Estados Unidos –dada la presión ejercida por el primer mandatario y su Secretario de Estado, Henry Kissinger- aprobaba una partida de 50 millones de dólares destinada a asistencia militar para los militares que copaban el poder de facto y se aprestaban a desatar una guerra sin precedentes contra la guerrilla armada de izquierda en la Argentina. 

La ayuda también encontraba sus motivaciones en las promesas mediante las cuales el presidente de facto argentino se comprometía a resolver los numerosos inconvenientes a los que se veían enfrentadas varias firmas norteamericanas como Exxon, Chase Manhattan Bank y Standard Electric entre otras, además de involucrarse personalmente en llevar adelante las gestiones que permitieran crear las mejores condiciones para nuevas inversiones de capitales estadounidenses en el país. Pero había más todavía, ya que Hill insistía en la imperiosa necesidad de procurar el apoyo que llevara al éxito de la gestión de Videla dado que, en caso contrario, la izquierda encontraría los huecos por donde colarse para infectar nuevamente a la sociedad argentina, algo claramente contrario a los intereses norteamericanos, para culminar su paper -sin pelos en la lengua y sin medias tintas- sugiriéndole a Kissinger que “debemos –a medida que se afianza la línea moderada del gobierno de Videla- mirar con simpatía cualquier pedido de asistencia directa que nos haga”

El resto es historia tristemente conocida.
Marcelo D. García
Historias Lado B



A continuación podés ver el documento desclasificado completo firmado por el embajador norteamericano Robert Hill bajo el título de "Videla's moderate line prevails" (Prevalece la línea moderada de Videla).
(Hacé click en las imágenes para verlas en tamaño grande)