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miércoles, 4 de mayo de 2016

La batalla por el Castillo de Itter y la histórica jornada en que Aliados y Alemanes pelearon en el mismo bando

¿Es posible que el ejército norteamericano y la Wehrmacht alemana hayan participado de una batalla de la Segunda Guerra Mundial como... aliados? La respuesta y la situación dada, seguramente, te llegará a sorprender y -por supuesto- a interesar. Enterate cómo fue uno de los más extraños y no tan difundidos episodios de la mayor contienda bélica que enfrentó la humanidad.

 El Castillo de Itter.


La batalla se libró el 5 de mayo de 1945, justo cinco días después de que Hitler (siempre de acuerdo a la historia oficial) se suicidase en su bunker berlinés, y dos días antes de que el Alto Mando Alemán se rindiera incondicionalmente en Reims, Francia (no obstante, algunos restos del Ejército Centro Alemán seguirían resistiendo hasta el 11 y el 12 mayo). En una apartada colina cerca de Itter, en Austria, se encontraba el castillo medieval bautizado con el mismo nombre. Y sería en la defensa de este castillo donde por primera (y probablemente única) vez en su historia el ejército de los Estados Unidos se encontró defendiendo un castillo medieval. Pero no sólo eso. No es esa precisamente la gran particularidad. Es que en esa oportunidad, el ejército norteamericano contó con la ayuda de prisioneros franceses, miembros de la resistencia austríaca y lo que es más extraño todavía, de soldados alemanes de la mismísima Wehrmacht.

Por el bando de los norteamericanos participaron el 23º Batallón Blindado de la 12ª División bajo el mando del teniente John C. Lee Jr. Los 14 prisioneros eran grandes personalidades, políticos, miembros de la resistencia, sindicalistas e incluso deportistas, encarcelados allí por los nazis tras la invasión de Francia de 1940. Allí estaban los antiguos primeros ministros Edouard Daladier y Paul Reynaud, la hermana mayor de Charles de Gaulle, y el jugador de tenis Jean Borotra, entre otros destacados. Lo curioso del caso es que a su ayuda acudieron soldados antinazis del ejército alemán (quienes posiblemente viendo lo que se avecinaba, decidieron cambiar de bando).
¿Pero contra quién luchaban entonces esos soldados? El "enemigo" era en este caso nada menos que la 17ª División de Granaderos Panzer de las Waffen-SS. El desarrollo de los acontecimientos parece -sin exagerar en lo más mínimo- sacado de una película de Hollywood.

Todo comenzó el 2 de mayo, cuando en el castillo se suicidaba el último comandante de Dachau, Eduard Weiter. Al día siguiente Zvonimir Cuckovic, uno de los prisioneros en el castillo, miembro de la resistencia comunista yugoslava, consiguió escapar llevando un mensaje del comandante de la prisión. Con él llevaba una misiva escrita en inglés que debía entregar al primer americano que lograra encontrar. Se dirigió a Innsbruck, que está a unos 64 kilómetros de allí y esa misma tarde llegó a las afueras de la ciudad donde se encuentró con la avanzadilla de la 103ª División de Infantería norteamericana, informando sobre la existencia del castillo y también de los prisioneros. El 4 de mayo y viendo que Cuckovic no regresaba, el comandante de la prisión Sebastian Wimmer decidió abandonar el castillo seguido de sus hombres de las SS pero los prisioneros lograron tomar el control como así también las armas dejadas por los nazis. El prisionero checo Andreas Krobot llegó hasta la localidad de Wörgl (abandonada por la Wehrmacht pero reocupada por las SS) y contactó finalmente con la resistencia austríaca. Así, logra ver al mayor Josef Gangl, comandante de lo que queda de una unidad de la Wehrmacht que, desobedeciendo las órdenes de retirada, se une -inesperadamente- a la resistencia.

El Capitán Lee y el Mayor Gangl.


Gangl y sus hombres defendieron a los austríacos de las posibles represalias de las fuerzas de las SS, y así se movilizaron calle por calle, puerta a puerta, además de conseguir llegar hasta la pequeña unidad de 4 tanques Sherman, del 23º Batallón Blindado comandado por el capitán Lee que se encontraba estacionado en Kufstein, unos 13 kilómetros al norte de allí, con una gran bandera blanca en busca de ayuda. Lee obtuvo el permiso del cuartel general para acudir en misión de rescate en ayuda de Gangl y lo hace con sólo 14 hombresa su disposición y un tanque que se suman a Gangl y sus diez soldados de artillería alemanes. Una auténtica aventura que podría llevarlos al desastre. A mitad de camino se enfrentaron a un grupo de las SS a las cuales terminaron derrotando. Una vez en el castillo cayeron en la cuenta de que los franceses han organizado la defensa liderados por un oficial de las Waffen-SS que se ha quedado para ayudarles. Lee colocó su tanque Besotten Jenny bloqueando la entrada principal, y a sus hombres en posiciones claramente defensivas, pero a pesar de que ordenó a los prisioneros franceses ocultarse, estos se sumaron valientemente a la defensa. En la mañana del 5 de mayo llegó el ataque de las Waffen-SS con una fuerza de entre 100 y 150 hombres (la defensa consistía en 25 soldados más los prisioneros franceses).

El general francés Maxime Weygand (a la derecha) y su esposa abandonando el castillo el 5 de mayo de 1945.



Al llegar la tarde las cosas no iban demasiado bien para los defensores, que habían visto como las SS destruían el tanque. Por fortuna para las 4 de la tarde llegaron los refuerzos del 142º Regimiento de Infantería, que consiguió reducir a los atancantes y hacer más de 100 prisioneros nazis. Gangl murió durante el combate a manos de un francotirador, fue nombrado héroe nacional en Austria e incluso le dedicaron una calle en Wörgl colocándole su nombre.
Esta batalla está considerada la más extraña de toda la Segunda Guerra Mundial, ya que es la única en que soldados aliados y alemanes lucharon juntos contra un enemigo común. Tal vez haya sido, incluso, la fuente de inspiración que luego daría lugar a la famosa película "La Fortaleza" dirigida en 1969 por Sydney Pollack.



Artículo original: http://www.labrujulaverde.com/2015/12/cuando-aliados-y-alemanes-lucharon-juntos-en-la-segunda-guerra-mundial-la-batalla-del-castillo-itter


martes, 6 de mayo de 2014

El milagro de la estatua del General José de San Martín en Boulogne Sur-Mer

 Boulogne Sur-Mer bombardeada en 1944 y la estatua de San Martín "milagrosamente preservada.


A finales de 1944, las bombas de los aviones aliados no dejaban de caer sobre la costera ciudad de Boulogne Sur-Mer, en el norte de la Francia ocupada por los Nazis. La cercanía del famoso Paso de Calais -lugar más cercano entre los territorios de Francia y Gran Bretaña en el Canal de la Mancha- ubicaban a la ciudad en una ruta obligada y la convertían en blanco constante de los incesantes bombardeos aéreos dada la cercana ubicación de un apostadero de U-Boots alemanes. Así las cosas, Boulogne Sur-Mer llegó a soportar estóicamente 487 bombardeos que la dejaron prácticamente en ruinas. Barrios enteros desaparecieron y a lo largo de toda la zona costera no había quedado ladrillo sobre ladrillo.

Vista aérea del bombardeo del apostadero de submarinos en Boulogne Sur-Mer.


Cerca del apostadero naval de submarinos alemanes, a unos doscientos metros del lugar, se emplazaba -y sigue ubicada allí- una estatua ecuestre del General don José de San Martín; el militar argentino y libertador de América que tras un largo exilio pasó a la eternidad el 17 de Agosto de 1850, precisamente allí, en Boulogne Sur-Mer.

 Imágenes actuales de la estatua ecuestre de San Martín en Boulogne Sur-Mer.


Las bombas aliadas cayeron a un lado y al otro del monumento y, sin embargo, apenas unas pocas esquirlas lograrían impactar en su base casi sin dañarla. La magnífica estatua de San Martín, sobrevivió de un modo -que para los pobladores del lugar- resultaba sencillamente inexplicable. No habían pasado previamente los "Hombre Monumentos" norteamericanos por allí preservando obras dignas de toda admiración. Para muchos, tan sólo la providencia o la intervención de algo parecido a un verdadero milagro se había encargado de preservarla de la destrucción. Imágenes posteriores a los bombardeos dan cuenta de lo que muchos llegaron a pensar. No pocos fueron los que creyeron en "El milagro de la estauta del General José de San Martín". Desde entonces, así se lo conoce.


Marcelo García
Historias Lado B


Referencias y bibliografía:
- Sorcaburu, Aníbal E, – El milagro de la estatua de San Martín – Rev. Del Inst. Nac. Sanmartiniano – N.º 17, Sept-Oct. 1947
- Rogelio Alaniz. San Martín en Boulogne Sur Mer en http://www.rogelioalaniz.com.ar/?p=1096

lunes, 22 de julio de 2013

Reinhard Gehlen: de abominable nazi a "honorable" colaborador de la OTAN

Reinhard Gehlen en sus dos versiones: el nazi "malo" y el "buen" oficial de la OTAN.


La historia de Reinhard Gehlen es una de las tantas que bien podrían quedar plasmadas en alguna película de intrigas y misterio. Pero claro, por lo general esas películas se hacen en Hollywwod y ahí es donde la historia se complica demasiado. ¿Cómo contar los hechos de la vida de Reinhard Gehlen sin tergiversar la realidad pasada y sin mancharse las manos con sangre al quedar expuestos como criminales socios protectores de sus atrocidades y excesos? Un dilema que Hollywood no pudo, no puede, ni podrá jamar dilucidar. Por eso la película de Gehlen y la contratación y protección de la que ha gozado de parte de los nefastos Estados Unidos de América, quedará para otra oportunidad...

Reinhard Gehlen, nacido el 3 de abril de 1902 en la ciudad de Erfurt, Imperio Alemán, y fallecido el 8 de junio de 1979 en Starnberg, República Federal de Alemania (formal y encubierta continuadora de la Alemania del Tercer Reich), fue un militar alemán que llegó a encumbrarse como Mayor General de la Wehrmacht durante los oscuros y sangrientos días de la segunda guerra mundial. Gehlen no tenía un puesto de poca valía o de poca importancia: era ni más ni menos que el Jefe de Contra-Inteligencia en el Frente Oriental (sobre todo en lo referente a al Rusia comunista) y por lo tanto era poseedor y conocedor de valiosísima información (de un lado y otro de las líneas de batalla y espionaje). La segunda guerra mundial es dentro de su historia casi una anécdota más, ya que sus días y sus actividades no culminaron cuando el ejército Rojo tomó la ciudad de Berlín. Muy por el contrario, su vida estaba adquiriendo un nuevo sentido, una "nueva" dirección y en eso mucho tuvieron que ver los falaces e inescrupulosos Aliados vencedores de la contienda bélica mundial. 
Este militar que supo ser leal de manera indistinta a la vieja República de Weimar, al Tercer Reich y a la República Federal de Alemania tuvo su "segunda" oportunidad en la vida cuando los norteamericanos, siempre tan creativos y entregados a la lucha por los derechos y las libertades del ser humano, idearon la famosa Operación "Paperclip", mediante la cual  se encargaron de conseguir como si nada fuera los servicios de los diferentes y numerosos "especialistas" o "expertos" alemanes (como aún llaman a los criminales de guerra nazis por ellos mismos contratados). De este modo y sin necesidad de cambiar su identidad ni su aspecto físico (dicho sea de paso), Reinhard Gehlen pasó de ser un abominable nazi a comandar una vasta y letal red de espías "Stay-Behind" que accionaba sin escrúpulos contra el verdadero enemigo de los norteamericanos y los británicos (incluso durante los días de la segunda guerra mundial): la Unión Soviética.
Gehlen, viejo zorro como tantos otros, se movió rápido. En marzo de 1945 no necesitó demasiada información para advertir que el final de la guerra estaba a la vuelta de la esquina y fue entonces cuando decidió (junto a un reducido grupo de otros oficiales alemanes) microfilmar todos los datos sobre las "Fremde Heere Ost" (Fuerzas Foráneas del Este) de la Unión Soviética, conservando cuidadosamente toda esa valiosa información en envases herméticos. Gehlen sabía de la importancia de toda esa información sobre los "Rojo comunistas" y enterró esos envases en diferentes lugares de los Alpes en Austria. Aquellos envases eran su gran salvoconducto y fueron su pasaporte inmediato hacia las oficinas de las fuerzas norteamericanas para comenzar con su nueva tarea...

La "pantomima" norteamericana fue completa una vez finalizada la guerra. Gehlen se entregó sin resistencia al C.I.C. (Cuerpo de Contrainteligencia) de los Estados Unidos en la ciudad alemana de Baviera el 22 de mayo de 1945. Fue llevado al campo "Camp King" cerca de Oberursel e interrogado por el capitán John R. Boker. El miltar norteamericano de inmediato comprendió que estaba frente a un personaje más que interesante y necesario para los norteamericanos y de allí en más también se movió con suma rapidez. Como Gehlen le había ofrecido los envases herméticos con toda la información sobre los soviéticos que sólo él sabía donde estaban ocultos, Boker se encargó de quitar de la lista de los detenidos del campo a Gehlen y a varios de sus camaradas alemanes. Una delicadeza de su parte.
Aún el C.I.C. no estaba al tanto de todo ésto, pero no hizo falta mucho esfuerzo para lograr que la plana mayor de Inteligencia norteamericana decidiera "contratar", de algun modo, al nazi.
Todos los elementos de este rompecabezas llegaron a manos del General Walter Bedell Smith, jefe de equipo de Eisenhower. Todo se resolvió de la siguiente manera: el 20 de septiembre de 1945, sin más vueltas y borrando de un plumazo todo su prontuario, Reinhard Gehlen llegó junto a tres de sus camaradas en vuelo directo a los Estados Unidos para comenzar a trabajar para ese país, bajo una total protección y haciendo gala irreverente de una asquerosa impunidad (de ambos lados).

Gehlen supo ser tan efectivo como en sus días en el Este de Europa: ni bien llegó a Estados Unidos le reveló a las autoridades que varios integrantes del Office of Strategic Services (OSS) británico eran activos miembros del Partido Comunista (divide y reinarás...) y con esa información en mano Gehlen comenzó a resultar "mucho más simpático" a los ojos norteamericanos. Una vez más, olvidándolo todo, absolutamente todo, los norteamericanos liberaron a Gehlen de su "cautiverio" y de inmediato lo enviaron bajo su supervisión directamente al centro neurálgico de las operaciones en el comienzo de la Guerra Fría. Gehlen regresó a su querida Alemania en junio de 1946. Sin pausa estableció la "Organización de desarrollo industrial del sur de Alemania" que no era otra cosa más que una cubierta norteamericana para desplegar la red de espías del nazi ahora devenido empleado de los Estados Unidos. La "empresita" creció de manera asombrosa y así las cosas contó de inmediato con 350 exagentes de la Inteligencia nazi para que comenzaran a colaborar con Gehlen. Esos 350 agentes secretos, se transformaron en poco tiempo más en 4.000 efectivos encubiertos en su lucha contra el enemigo comunista. El grupo de Gehlen se hacía llamar los "Hombres-V" y eran los ojos y los oídos de la CIA en el escenario europeo de la Guerra Fría. Los "Hombres-V" luego pasaron a ser formalmente los cosnpícuos integrantes de la "Organización Gehlen". Corría el año 1952 y los "expertos" alemanes al servicio de la CIA evolucionaron amparados por tanta impunidad y (no sin algunas denuncias en su contra) llegando a ser conocidos luego como los "Bundesdeutscherjungend", un grupo de militantes de extrema derecha que, armados hasta los dientes por la OTAN (ni más ni menos) tenía como principal y casi excluyente misión asesinar a líderes de la izquierda europea.

Y finalmente llegó el "gran año" para el nazi Reinhard Gehlen: 1955. La nefasta "Organización Gehlen" fue transferida formalmente bajo el ala de la República Federal de Alemania, durante el gobierno del legendario Konrad Adenauer y de esa manera la Alemania Occidental (como ya se ha dicho: la continuadora real de la Alemania del Tercer Reich) oficializaba y "legalizaba" a la casi criminal organización liderada por el nazi. El 1° de abril de 1956 (a más de 10 años de la finalización de la segunda guerra mundial y sabiendo a las claras quién era quién...) se formó el BND ( Bundesnachrichtendienst), el Servicio de Inteligencia de Alemania Federal y el nazi no sólo fue parte importante y vital del mismo, sino que recibió el "premio" que le faltaba (con el amparo de los Aliados libertarios y de su amada Alemania que lo recompensaban...): Reinhard Gehlen se convertía sin más vueltas en el Presidente del BND. Poniéndolo blanco sobre negro. un nazi, empleado de la CIA, armado y entrenado por la OTAN y Presidente del Servicio de Inteligencia de la Alemania Federal...Bingo.
Como tantas otras veces ha sucedido, una vez que la presión (externa) se hacía insostenible, una vez que las apariencias comenzaban a importar y una vez que a los norteamericanos les dejó de resultar de utilidad, Reinhard Gehlen se vio forzado a renunciar a la presidencia del BND (sólo a renunciar y nunca llegando a ser juzgado por nada), cargo que ocupó sin interferencias ni inconvenientes hasta el año 1968. Murió tranquilamente en 1979 a los 77 años de edad. Como hemos dicho: una historia digna de un film que los norteamericanos nunca se atreverían a mostrar...



Bibliografía consultada:
- Peter Kross "Intelligence", Military Heritage, octubre de 2004. pp 26–30.
- E.H. Cookridge "Gehlen: Spy of the Century", 1971
- Burton Hersh "The Old Boys — The American Elite and the Origins of the CIA", 1992
- Heinz Hohne, Hermann Zolling "The General Was a Spy: The Truth About General Gehlen and His   Spy Ring", New York: Bantam Books, 1972.
- "Jagd Gruppen 101 A Clinical insight into West German Death Squad 1945–196"
- Mary Ellen Reese "Gehlen's Organisation"
- Tim Weiner "Legacy of Ashes: The History of the CIA". pp 10–190.
- Gehlen; spy of the century. Por E.H. Cookridge, 1971.
- "David Irving" The Memoirs of General Gehlen.
- La Organización Gehlen, Richard Gehlen, Presses de la Cité et Fayard, 1972.
- Relazione sulla vicenda « Gladio » presentatat dal Presidente del Consiglio dei Ministri (Andreotti) communicata alla Presidenza il 26 febbraio 1991, Senato della Repubblica, X Legislativa, Doc XXVII, n° 6.
- Informe de la Comisión de investigación Parlamentaria encargada de elucidar los hechos en gran parte acontecidos en el departamento militar federal, 1990.
- A. Müller, Gladio, Das Erbe des Kalten Kriesges, 1991 ; El caso Gladio, las redes secretas norteamericanas corazón del terrorismo en Europa, Jean-François Brozzu-Gentile, Albin Michel, 1994. - Ver también el remarcable documental de Allan Francovitch, Gladio, los que llevan el juego, Observer Film Company, 1992.
- John Loftus, The Belarus Secret, 1982. Versión francesa : Horrible secreto, cuando los norteamericanos reclutaban espías nazis. De Gehlen à Klaus Barbie. Plon, 1985.

- http://es.wikipedia.org/wiki/Reinhard_Gehlen


lunes, 28 de enero de 2013

Mikhail Gorbachov, Margaret Thatcher y la trama del asesinato de Rudolf Hess en Spandau

El 17 de Agosto de 1987 Rudolf Hess era encontrado ahorcado con una cuerda en su celda de la prisión de Spandau, en Berlín. La extraña muerte de aquel solitario nazi preso desde 1946 en la cárcel bajo custodia de los Aliados se vio rodeada de varios sucesos (como mínimo) inquietantes. Los cambios de guardia en la prisión, la "visita" de agentes de la CIA, el SAS, la idea de Gorbachov, el comentario al presidente de Alemania, la comunicación con Ronald Reagan y... un "oportuno" llamado a Margaret Thatcher. "Suicidaron" a Hess. ¿Por qué? Aquí la historia...

Mikhail Gorbachov, Rudolf Hess (preso en Spandau) y Margaret Thatcher.


Breve introducción sobre Rudolf Hess:
Cuando Rudolf Hess culminó el famoso "vuelo de la paz" estrellando su avión en suelo escocés el 10 de Mayo de 1941, nunca (jamás) pudo imaginar cómo sería el final de su vida muchos años después. Siempre creyó fervientemente que el relato de su vida culminaría de manera sensiblemente distinta. La historia del viaje que Hess, lugarteniente de Adolf Hitler, hizo hacia Inglaterra en plena Segunda Guerra Mundial es uno de los más grandes enigmas de todos los tiempos. Los intentos de negociar la paz directamente con Winston Churchill y pasar a la historia como el nazi que lograba "darle aire" a Hitler en el frente occidental para que pudiera desplegar su maquinaria bélica en el frente opuesto con la "Operación Barbarroja", o sea la invasión alemana a la Unión Soviética, no parecía para Hess algo descabellado. Sin embargo, víctima de una red de espionaje y (tal vez) de sus propios errores y una buena dosis de ingenuidad, Hess, se eyectó de su avión de combate y cayó en paracaídas en territorio enemigo para ser capturado y nunca más recuperar la libertad. Desde aquel día de 1941 hasta 1945, Rudolf Hess estuvo encarcelado por los británicos y cuando la guerra llegó a su final (oficialmente); se sentó en el banquillo de los acusados en la farsa los juicios de Nüremberg, siendo condenado a cadena perpetua.


 Mikhail Gorbachov y Richard von Weizsäcker

Prisión de Spandau (Berlín, Alemania)


La idea inesperada de Mikhail Gorbachov:
Todavía no había acabado la Tercera Guerra Mundial Guerra Fría, cuando Mikhail Gorbachov, el líder de la Unión Soviética, concibió una idea que podría haber generado una conmoción de ribetes inusitados a nivel mundial. Como golpe propagandístico audaz y muy inteligente de su parte, Gorbachov planeaba liberar a Rudolf Hess de la prisión de Spandau en 1987 y para lograrlo debía ir tejiendo una trama que le permitiera hacerlo sin inconvenientes cuando los carceleros a cargo fueran precisamente los soviéticos. Cabe recordar que la prisión de Spandau era custodiada en diferentes turnos por militares de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y la Unión Soviética, distribuyendo de mamera equitativa los turnos de guardia de la prisión y sus internos. En 1987 Rudolf Hess era el único preso alojado en Spandau, tras la liberación de Albert Speer en 1966 lo cual daba al presidio un aspecto casi fantasmal con un interno consumido por los años y una artrosis que apenas si lo dejaba caminar por los espaciosos jardines de la cárcel. Un ejército de soldados Aliados custodiaba los sombríos días de Hess en el presidio alemán y así las cosas Gorbachov debía "arreglar"  la liberación del nazi para el momento en que la guardia estuviera en manos de los suyos.
El plan resultaría impecable para la propaganda rusa: uno de los nazis más emblemáticos, un enemigo acérrimo del comunismo, liberado por sus propios enemigos en un gesto de buena voluntad y (en definitiva) de acercamiento entre las partes. Gorbachov quedaría en la historia como un ferviente defensor de los derechos humanos y sería recordado por todos los tiempos como un símbolo inequívoco de paz en la Tierra. Los norteamericanos no lo hubieran podido hacer. No les interesaba tampoco (y ni que hablar de los ingleses). La idea inesperada de Gorbachov era, sin más vueltas, inmejorable.

Alemania se entera del plan:
Richard von Weizsäcker era desde 1984 (y lo fue hasta 1994) el presidente de la República Federal de Alemania (la Alemania Occidental "compartida" por los Aliados) y para ese mismo 1987 tenía prevista una visita oficial a la Unión Soviética, por lo cual las comunicaciones diplomáticas entres los dos países estaban a la orden del día. En una de aquellas comunicaciones, Gorbachov le informó a Weizsäcker sobre su idea para liberar a Hess y dar un golpe de escena que nadie podría llegar a imaginar. La noticia no cayó en saco roto y, de inmediato, Richard von Weizsäcker se convertía en un nuevo protagonista de este increíble thriller histórico...

Rudolf Hess en Spandau, Ronald Reagan y Richard von Weizsäcker.


Un llamado urgente a Estados Unidos:
Richard von Weizsäcker demoró tan sólo cuatro minutos en levantar un teléfono y conseguir comunicación directa con Ronald Reagan, presidente de los Estados Unidos de América. Acababa de recibir información confidencial, de primera mano, de boca de su propio ideólogo y las consecuencias podrían llegar a ser tremendas para los Aliados y, muy en particular, para los ingleses. Había que avisarle a Margaret Thatcher...


El "honor" británico en peligro:
Ronald Reagan no dejó pasar mucho más tiempo y casi tan rápido como cortó al teléfono con su par de Alemania Occidental, se contactó con la "Dama de Hierro", Margaret Thatcher, Primer Ministro de Gran Bretaña. La misma escena que se había venido dando durante la Segunda Guerra Mundial se repetía unos cuantos años después en otro escenario pero con situaciones similares. Estados Unidos y Gran Bretaña unidos (lógico y comprensible) contra su "verdadero enemigo": la Unión Soviética. Así como en 1945 norteamericanos, ingleses y franceses "dejaron" entrar solos a los rusos en Berlín para que "no encontraran" a Adolf Hitler (dada la red de protección también por ellos orquestada para la huída del tirano alemán); ahora no podían dejar que los soviéticos pasaran a la historia como los emblemas indiscutidos de la paz y los derechos humanos. Había que entrar en acción...

Prisión de Spandau y Margaret Thatcher.

Rudolf Hess en Spandau.


Hay que matar a Rudolf Hess:
Mikhail Gorbachov, ajeno a toda esa serie de comunicaciones entre los líderes de Alemania, Estados Unidos y Gran Bretaña, seguía adelante con su idea de liberar a Hess y para eso había elegido una fecha dentro del mes de Julio de 1987. Las guardias rotativas de Spandau permitirían que durante las jornadas de custodia a cargo de los soviéticos la liberación se llevara a cabo sin inconvenientes. El plan original de liberar a Hess durante Julio de 1987 súbita e inesperadamente fue modificado y se eligió como fecha de liberación la de Noviembre (fines de mes) del mismo año. La noticia de la libertad de Hess llegaría casi como un regalo de Navidad de la nación atea y, entonces, el puñal clavado en la espalda del mundo occidental sería todavía más filoso...
A sus 93 años Hess, si bien estaba muy desgastado físicamente y su complicada artrosis apenas si le posibilitaba movilizarse con mucha dificultad, tenía una memoria frondosa e intacta, por lo cual podía relatar con todo lujo de detalles todos y cada uno de los hechos de su vida incluyendo por supuesto la detención en Inglaterra desde 1941 hasta 1945 y los maltratos y torturas a las que había sido sometido por los británicos. Pero Hess podía hablar de cosas mucho más complicadas y comprometedoras (para Inglaterra) y por eso había que "silenciarlo" de alguna manera. 

Hess hablaría, sin dudarlo, de las negociaciones de paz que él mismo estaba entablando secretamente con los británicos en 1941. Churchill había dado directivas muy concretas al respecto y sus órdenes no daban lugar a dudas ni vacilaciones: había que engañar a Hess para que caiga en una trampa, hacerle perder tiempo a él y a Hitler para que se les viniera el invierno encima y la Alemania nazi se viera obligada a atacar en dos frentes simultáneamente (cosa que la debilitaría). Hitler no quería mantener dos frentes de guerra y por eso deseaba una paz (aunque sea ficticia y endeble) con Gran Bretaña. Hess, a sabiendas de eso, ideo su plan de paz y su famoso vuelo hasta Inglaterra. El tema crucial era en definitiva la mentirosa tratativa de paz generada por Churchill a través de una complicada red de espionaje, por lo cual (y a raíz de lo acordado en diferentes tratados) al mentir en medio de "gestiones de paz", Churchill era co-responsable de las consecuencias derivadas de los conflictos que esa mentira pudiera haber provocado. Dicho ésto, sólo resta decir que dadas sus engañosas tratativas de paz Churchill colaboró concretamente (entre otras cosas) para que el ataque alemán a Inglaterra fuera posible y para que en definitiva a Hitler "se le soltara nuevamente la cadena" e invadiera Rusia. De esta manera Churchill era co-responsable de (por lo menos) 20.000.000 de muertes en territorio soviético (además de las víctimas británicas). Dicho de manera mucho más simple: Churchill debió haber sido juzgado como criminal de guerra al finalizar la Segunda Guerra Mundial, cosa que (obviamente) no sucedió. Hess no se iba a quedar con la boca cerrada y al ser liberado estaría encendiendo otra vez la hoguera. Churchill sería ubicado en la historia en el lugar merecido y eso no iba a ser permitido.
Si Gorbachov planeaba liberarlo iba a ser muy difícil hacer que el nazi no hablara... Rudolf Hess debía morir.


Rudolf Hess en Spandau.


"Suicidan" a Rudolf Hess:
La muerte de Rudolf Hess a manos de los ingleses hubiese sido algo muy burdo (son tan delicados y detallistas los británicos...) y evidente, por lo tanto Margaret Thatcher recurrió a "mano de obra" norteamericana. Los soldados norteamericanos tendrían a su cargo el "cuidado" de Spandau en Agosto de 1987 y entonces la ocasión era más que propicia para que agentes de la CIA (Central Intelligence Agency) realizaran una inesperada visita a la prisión. Como los ingleses, además, son desconfiados (incluso de sus propios cómplices y secuaces) decidieron que "la Reina tendría ojos también dentro de Spandau" y enviaron a dos miembros del SAS (Special Air Service) para que "colaboraran" con sus amigos norteamericanos en la difícil tarea de "suicidar" a Hess. La entrada a Spandau de los agentes de la CIA norteamericana y el SAS británico se produjo entre la noche del 15 de Agosto y la madrugada del 16 de Agosto de 1987.
El lunes 17 de Agosto mientras Hess apenas si caminaba por los jardines de la prisión, los agentes se acercaron y pasaron una cuerda alrededor de su cuello con una sola y obvia intención: asesinarlo. Increíblemente Hess no murió en ese instante por lo cual fue llevado al interior de Spandau. Mientras era "asistido" Hess logró esbozar unas pocas y últimas palabras. Estaba identificando (ante un soldado norteamericano ajenos al "operativo") como únicos responsables del primer intento de asesinato contra su persona a los dos agentes del SAS británico.

Unas horas después era encontrado ahorcado en su celda. Una cuerda colgada del techo apretaba su cuello quebrado y sus débiles manos y endebles brazos carcomidos por la artrosis pendían inertes al costado de su frío cuerpo. Aquel viejo nazi de 93 años, increíblemente, había decidido suicidarse tras largos 41 años de prisión. Por las dudas de que "no pudiera con su cometido"... ingleses y norteamericanos colaboraron y haciendo gala de una filantropía humanitaria sin precedentes..."lo suicidaron" antes...

La historia oficial, sin embargo, dice que Rudolf Hess, de 93 años, con artrosis y grandes dificultades para movilizarse, había decidido subir hasta el techo de su celda, pasar una cuerda por un tirante y colgarse para cometer suicidio.

Richard Warren, el soldado norteamericano al que Hess les "marcó" a los agentes del SAS que había atentado contra su vida, había prometido escribir un libro relatando la historia, pero... lamentablemente un tiempo después decidió cambiar sus planes y se arrojó desde un piso 22.

lunes, 9 de julio de 2012

La masacre que los aliados provocaron en Dresden

POCAS COSAS PUEDEN EXPLICARSE DE UNA GUERRA, PERO SI HUBO UNA ACCION REALMENTE INEXPLICABLE SUCEDIDA DURANTE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, ESA FUE LA TREMENDA Y DESCARNADA MASACRE EN LA CIUDAD DE DRESDEN, ALEMANIA ORIENTAL, A MANOS DE LOS ALIADOS. UNA CIUDAD SIN VALOR ESTRATEGICO ALGUNO, UNA POBLACIÓN CIVIL CON MILES DE REFUGIADOS, ENFERMOS Y DESVALIDOS, QUE FUE ARRASADA POR LOS ALIADOS CUMPLIENDO UNA PROMESA HECHA A STALIN. CON UNA ADVERTENCIA OCULTA...

Cadáveres apilados tras la masacre en Dresden.


La ciudad alemana de Dresden no significaba nada desde el punto de vista estratégico /  militar durante la segunda guerra mundial. Esta localidad ubicada en la Alemania oriental era conocida con anterioridad a la contienda bélica, como una ciudad  dedicada a la producción de fina porcelana y una vez que la guerra estalló pasó a ser reconocida como una auténtica ciudad de desvalidos. No había tampoco fuerzas militares del Tercer Reich apostadas en la ciudad, ni siquiera para su defensa, sin embargo los aliados decidieron arrasarla por completo provocando su total destrucción y dando una espantosa muerte a su población civil.
Todo había comenzado en la cumbre realizada en Yalta entre los líderes del nuevo orden mundial en febrero de 1945. La guerra estaba llegando al final de manera inexorable. La Alemania nazi ya no era una amenaza, sus ejércitos estaban diezmados y sus fábricas destruídas o desmanteladas, sin embargo Stalin pidió a Roosevelt y Churchill (vaya uno a saber los motivos) la destrucción total de la ciudad de Dresden y, ni lerdos ni perezosos aquellos accedieron a su pedido.

Dresden, ciudad al margen de la guerra, destruída por los aliados.


El 13 de febrero de 1945 las fuerzas aliadas arremetieron a sangre y fuego contra la población civil de Dresden con una ferocidad y una brutalidad que muy difícilmente sean olvidadas. En aquella fatídica jornada los aliados arrojaron sobre Dresden 4.000 toneladas de bombas de las más potentes y diferentes dispositivos incendiarios que se encargaron de consumir y dejar reducida a la nada misma a gran parte de la ciudad y darle muerte a unas 22.700 personas (algunos informes llegaron a hablar de casi 35.000 víctimas), entre ellas niños, inválidos, enfermos, refugiados de distintos lugares e incluso unos 26.000 prisioneros de guerra del bando aliado. Fue una masacre nunca vista hasta entonces y que resulta comparable con otras similares como los bombardeos de Hamburgo (con 40.000 víctimas mortales) o bien Hiroshima (provocando la muerte a unas 100.000 personas), casualmente todas ciudades integrantes del Eje.

Stalin se había encaprichado hasta la médula con la destrucción de Alemania, sobre todo en su cara oriental, y Dresden le ofreció un suculento bocado para saciar su apetito destructivo. Pero la destrucción de la ciudad alemana y la muerte de su población civil, no sólo fueron una promesa hacia Stalin, sino que representó el paradigma de la destrucción más absoluta y los horrores de la guerra sobre los inocentes. Y había más... La precisión y efectividad de la misión debía servir para darle una lección al propio Stalin y demostrar el poderío de Estados Unidos e Inglaterra, que eran los reales enemigos de la Rusia comunista de aquel entonces. A las 22:09 horas de aquel 13 de febrero, los primeros 9 aviones mosquito ingleses rompieron el silencio de la noche sobre Dresden y delimitaron con marcadores rojos los extremos de la ciudad. A las 22:15 horas surgieron de entre la densa oscuridad los 245 bombarderos Lancaster ingleses que comenzaron con la  infame tarea de hacer desaparecer una población entera. Para las 22:30 horas casi todo había acabado. Las llamas se divisaban desde 150 kilómetros de distancia, mientras que los pilotos de combate comenzaban a preguntarse tibiamente: ¿Por qué diablos hemos hecho ésto?...

Muerte y destrucción en Dresden.


Los altos mandos aliados trataron de explicar lo inexplicable: allí, según ellos (y sólamente ellos) estaban emplazados el Cuartel General del Ejército alemán y el de la Gestapo, además de ser (la cuidad) el centro neurálgico de la producción de armamentos y gas venenoso (algo que nunca nadie encontró y que hace recordar a lo sucedido con las "famosas" armas químicas de Saddam Hussein...).

La nefasta faena fue rematad a la 1:30 de la mañana del 14 de febrero. Mientras los grupos médicos y socorristas trataban infructuosamente de rescatar sobrevivientes de entre los miles de fallecidos, una nueva oleda de 550 aviones ingleses, precedidos por aviones iluminadores con bengalas, dejaron caer 650.000 bombas incendiarias sobre las ruinas (ya incendiadas) de Dresden, llegando (cual deidades guerreras) para juzgar a vivos y a muertos.
Fueron 1.477, 7 toneladas de bombas explosivas, 529 bombas de 2 toneladas, una bomba de 4 toneladas y como si fuera poco, 650.000 bombas incendiarias (1.181,6 toneladas de estos explosivos), todo lanzado desde 1.400 aviones de combate. Si alguna vez se puede graficar el horror de la guerra con un ejemplo, el de la destrucción total de la ciudad de Dresden y su población civil debería estar encabezando la lista.

Destrucción del casco histórico de Dresden.


Sin embargo el infierno estaba por liberarse nuevamente y así las cosas a las 12:12 horas del 14 de febrero de 1945 los aliados propinaron otro golpe de gracia a la ciudad con un nuevo ataque con 1.350 Fortalezas Volantes y aviones Liberators. Ya nada quedaba por destruír. Ya nadie quedaba por ser muerto, pero los norteamericanos remataron la jornada (dejaron hacer el "primer trabajo" a los ingleses) con su infernal lluvia de 474,5 toneladas de explosivos y 296,5 toneladas de bombas incendiarias...

Todo el poderío mortal de Estados Unidos y Gran Bretaña actuando de manera conjunta le acababa de quedar claro al mundo entero. A Stalin, esa era la primordial intención, también...