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martes, 27 de enero de 2015

Rothschild compró la revista Charlie Hebdo pocos días antes del atentado del 7 de enero en París

Jacob Rothschild y otro paso hacia la dominación mundial.


Los atentados perpetrados el pasado 7 de enero de 2015 en la ciudad de París se parecen cada vez más al 11-S. Sin temor a equivocarse, podría decirse que el "modus operandi" es -definitivamente- el mismo. Vale decir que parece ser que detrás de ambos ha estado la misma mano manchada de sangre.
Lo concreto es que una revista económica holandesa, Quote, reveló el dato de la compra de "Charlie Hebdo" -por el clan Rotschild- el 9 de enero, apenas dos días después de los atentados y el diario alemán NeoPresse se hizo eco de la misma noticia unos diez días después. La familia de banqueros Rothschild compró la revista en diciembre del pasado año 2014 al mismo tiempo que el diario "Libération", otro viejo sobreviviente de mayo del '68 que se ha pasado a las filas reaccionarias desde hace mucho tiempo atrás. Si alguien tenía la duda de los motivos por los cuales los últimos números de Charlie Hebdo se estaban lanzando desde la redacción de "Libération", ahí tiene -finalmente- una buena respuesta: porque el propietario es el mismo. Entre tanto, el proceso de adquisición no ha sido pacífico. Se han producido importantes diferencias dentro de la familia de los poderosos banqueros, según cuenta el Barón Philippe de Rothschild en una entrevista que ha sido recientemente publicada por Quote. Edouard Rothschild  no quería comprarla porque eso les hubiera dado un poder político que no quieren (¡?), dice el sobrino a la revista. "No nos queremos mezclar en política", asegura muy suelto de cuerpo y con su mejor cara de piedra Philippe, "o por lo menos no de una manera tan abierta".

La pregunta entonces resulta  inevitable: ¿ha sido el atentado contra la revista otro negocio redondo por parte de los Rothschild? La compraron casi a precio de saldo, poco menos que como una baratija más, porque antes del 7 de enero la revista no generaba nada más que pérdidas. Pero si sólo generaba pérdidas, ¿qué interés particulares tenían estos "filántropos" banqueros por comprar una publicación que prácticamente estaba en la ruina? Es allí cuando entonces aparece el inevitable -y siempre presente- aspecto político que el Barón Philippe pretende falsamente mantener en un segundo plano: lisa y llanamente para continuar con las muchísimas y reiteradas provocaciones de Charlie Hebdo contra los musulmanes (aunque también ofende a otros). Moraleja: Así se pasa de tener tan sólo 60.000 lectores a  un público calculado actualmente en siete millones de personas. Como si fuera poco, caen dos (o varios) pájaros de un tiro ya que, además de la cuestión geopolítica entremezclada en el asunto, el dinero les llueve del cielo, y no sólo del colaboracionista y cómplice Estado francés, sino también procedente de sus muchos nuevos inversores privados tan interesados en el progreso de los Rotschild.

Siendo un poco paranóicos, podríamos llegar a "mal pensar" que los Rothschild están detrás de los atentados y que -una vez más- corren detrás del dinero y los acomodos políticos sin importarles cuántas vidas se pierdan en el camino. ¿Será así?. ¿Ha sido una curiosa casualidad que los Rotschild hayan comprado Charlie Hebdo justo antes de los atentados tal como sucedió el 11-S en Nueva York, donde se compraron las Torres Gemelas poco antes de que éstas fueran derribadas? Llamémos a ésto una inesperada coincidencia...



Fuentes de información y referencia:
http://paginanoticia.blogspot.mx/2015/01/rothschild-compro-la-revista-charlie.html?utm_source=dlvr.it&utm_medium=facebook&m=1

https://blendle.com/i/quote/mensen-blijven-altijd-jaloers/bnl-quote-20141218-22146_mensen_blijven_altijd_jaloers

http://www.neopresse.com/politik/medienbericht-rothschild-familie-uebernahm-charlie-hebdo/

Nota relacionada:
http://historiasladob.blogspot.com.ar/2013/09/rupert-murdoch-y-lord-rothschild-los.html



domingo, 5 de agosto de 2012

Los peligros del actual orden mundial y lo que viene

Armas de destrucción masiva.


Con el final de la ya lejana Segunda Guerra Mundial el mundo entero comenzó a asistir a un nuevo orden mundial, bajo el "ala protectora" de los aliados vencedores y con el comienzo de una etapa que duraría muchos años, conocida como la "Guerra fría". Esa situación dejó al mundo postrado ante el "equilibrio del terror" que no era otra cosa más que el empate técnico de fuerzas entre las dos potencias mundiales que de un lado y otro del mundo hacían ostentación de su impresionante poderío militar, incluídos los armamentos nucleares. Ese equilibrio, si bien mantuvo en vilo a la humanidad entera, con atisbos de guerra y enfrentamientos inminentes en más de una oportunidad (recordar la crisis de los misiles en Cuba en los '60), permitió que prosperara de alguna manera la política de la disuación y contención entre los enemigos, léase Estados Unidos y la Unión Soviética. Esa fue la política de las super potencias durante décadas de incertidumbre mundial, con el temor constante de ataques nucleares y una muy posible tercera guerra mundial.  Con el tiempo, los hechos (que no son tan lentos y progresivos como parece) derivaron en un fortalecimiento de la política exterior norteamericana como válida (para ellos) forma de presión a los soviéticos, con el fin de "convencerlos" de la superioridad de Estados Unidos. La Guerra Fría llegaba a su fin en 1989 tras aquel histórico discurso de Ronald Reagan frente al muro de Berlín cerca de la Puerta de Brandemburgo. En aquella jornada Reagan lanzó su frase a Mijail Gorbachov: "Tire esa pared abajo..." le dijo el exvaquero al emblemático líder comunista arrepentido. Y la pared cayó... y el mundo entero aplaudió el comienzo flagrante y formal del nuevo orden mundial.
Es que no muchos se percataron que más allá de los aires libertarios y de respeto por las libertades individuales, lo que en realidad se estaba aplaudiendo era el peligroso nacimiento de un monstruo llamado "Mundo unipolar". Nacía de esa manera y a la vista de todos,sin ser visto, un mundo desequilibrado y en manos, pura y exclusivamente, de una única potencia mundial imperialista y marcadamente dominante: Estados Unidos.

Ronald Reagan: "Señor Gorbachov, tire esta pared abajo..."


Desde aquel histórico 1989 en adelante, lo previsible: un endurecimiento de la política exterior norteamericana y la reafirmación (de su parte) de la creencia de que las acciones intervencionistas de Estados Unidos, no sólo que eran más que justificadas sino que además estaban cargadas de un fuerte contenido moral. Nacía fuera de todas las dudas la "supremacía benevolente" que los norteamericanos pretendían que el resto del mundo entendiera (también a la fuerza). Estados Unidos limpió su camino de enemigos y emprendió una tarea diaria, sin escrúpulos, en pos de dominar mucho más aún. Sus incipientes discursos defendiendo las democracias (tras haber apoyado sistemáticamente a las dictaduras, incluídas las latinoamericanas) y buscando la defensa denodada de la libertad mundial, siguieron con su doble juego de decir una cosa y hacer otra y llegaron hechos como las luchas en Afganistán, por ejemplo.
Tras el fin de la Guerra Fría, Estados Unidos necesitaba imperiosamente un nuevo enemigo y no se conformaba con su rol (autoimpuesto) de rector mundial, de modo tal que para cuando los hechos derivaron en la Operación "Tormenta del Desierto" con su ataque al Iraq invasor de Kuwait, las cosas empezaron a tomar otro caríz...

Masacre contra civiles.


George Bush (padre) anunció muy suelto de cuerpo en 1993 que "un nuevo orden mundial había comenzado" y en nada estaba mintiendo. Los planes libertarios norteamericanos para sacar del poder a Saddam Hussein quedaron en la nada y así fue que el tirano mesopotámico siguió aferrado a su sillón mientras los norteamericanos ya se habían encargado de dar los primeros pasos para crear ese nuevo enemigo que tanto deseaban y necesitaban. Ese nuevo orden mundial se transformó definitvamente en "desorden mundial" el 11 de septiembre de 2001 con el tremendo ataque a las torres gemelas del World Trade Center de Nueva York, en pleno corazón de los negocios norteamericanos... Sobre las responsabilidades de los atentados y sobre las historias y las tramas secretas (por no decir conspiraciones internas), ya se ha hablado demasiado, pero lo concreto es que George W. Bush decidió "culminar" lo empezado por su padre y creyó que lo que tenía ante sí era lo mejor para convalidar una presidencia signada por el fraude en complicidad con la corte suprema de Estados Unidos. Es cierto que los norteamericanos creen (efectivamente lo creen) que un presidente en guerra sube de inmediato su imagen y eso, a Bush, no se le escapó. Los métodos para lograr sus objetivos expansionistas fueron algo inusuales hasta entonces. George W. Bush, fiel a su ideología neoconservadora extrema, le dejó claro al mundo que en la lucha contra el terrorismo (el nuevo enemigo creado) o se estaba con ellos (los norteamericanos) o se estaba en contra. Ahí sí, aquel 11S fatal, acababa de nacer el "nuevo orden mundial" al que asistimos hoy en día. La palabra "musulmán" pasó a ser considerada un estigma que unificaba bajo la sospecha de ser terrorista a unas 100 millones de personas en este planeta. Era el nacimento de un nuevo choque de civilizaciones, una nueva cruzada de los fieles contra los infieles, una lucha contra el "Eje del mal", tal como describió Bush a los países "terroristas" (que los hay, por supuesto) y a los "Estados Canallas" (aquellos que se prestaban al "juego" del terrorismo internacional y les facilitaban armas de destrucción masiva. Era el fin de muchas cosas: el fin de la unipolaridad mundial (ostentada por Estados Unidos hasta entonces), el fin del apego a los organismos internacionales y finalmente el fin de la diplomacia.

¿Qué había de diferente entre esta bipolaridad mundial y la anterior? Durante la Guerra Fría, el equilibrio entre Estados Unidos y la Unión Soviética se basaba principalmente en el instinto de preservación de los dos bandos. La intimidación "blanda" de exhibir sus armas nucleares apuntándose los unos a los otros, hacía que se supiera que cualquiera de los dos bandos podía sucumbir y, en definitiva, desaparecer. Pero el "nuevo" orden mundial tras el 11S aportaba unos cuantos elementos mucho más inquietantes para todos: En primer lugar el enemigo elegido ya no era reconocible con facilidad. Al Qaeda, la red terrorista encabezada por el exsocio de Estados Unidos, Bin Laden, no sólo era una facción extrema y radical, sino que además era ya una filosofía, un modo de pensar, casi una religión, con lo cual el enemigo no estaba circunscripto a un territorio o bajo una bandera identificable, sino que podía estar en cualquier lado. En segundo (y no menos importante) lugar, esos "Estados Canallas" (Irán, Pakistán, Corea del Norte, China, etc.) podían proveer a los grupos terroristas de armas nucleares o de otro tipo de armas de destrucción masiva, por lo cual a partir de entonces el "bando más débil" podía contar con armamento igual al de los Estados Unidos y sus aliados. Finalmente, un punto en el que no hay que dejar de prestar atención: el hecho de que para "el terrorismo internacional" morir por la causa es sinónimo de victoria absoluta, por lo que la bipolaridad se daba entre enemigos de los cuales uno (por lo menos) no tenía miedo de morir o simplemente desaparecer...

Armas en poder de un enemigo casi invisible.


Bush sacó a relucir su mejor expresión neoconservadora y dejó las cosas en claro: Ante la negativa del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para que se produzcan ataques sobre Afganistan e Iraq, el presidente norteamericano hizo oídos sordos y se embarcó en la campaña bélica más desordenada y complicada en la que se hayan metido los norteamericanos. Bush se valió de las naciones "dispuestas" a ayudarlo (España, Polonia e Italia) ante la negativa inicial de sus aliados históricos para hacerlo. Estados Unidos invadió Afganistan y luego Iraq, creyendo en este último caso, que la guerra sería concreta, certera y sobre todo corta. Nada de eso sucedió. Bush cometió el peor error estratégico de su historia y no tuvo en cuenta que la guerra se extendería ya que muchos iraquíes no querían ese cambio de sistema de gobierno "a la fuerza" que les proponían y así las cosas los insurgentes comenzaron a aparecer a cada paso que se daba...

Al día de hoy, Estados Unidos ha conseguido en parte lo que deseaba: se ha quitado del medio a su gran enemigo, la U.R.S.S., ha quedado al mando de un mundo que estuvo desequilibrado durante largo tiempo, se ha generado un nuevo enemigo (el terrorismo internacional) y ha logrado que la nueva paridad de fuerzas (Grupos terroristas que pueden llegar a ostentar el mismo nivel de armamento que la gran potencia mundial) motive una nueva política expansionista rabiosa y radical con la que ya no se hace necesaria la diplomacia (de hecho ¿con quién se va a negociar si el nuevo enemigo no es fácilmente identificable?). Conclusión: asistimos nuevamente a un mundo "bipolar" (Estados Unidos vs. grupos terroristas / estados canallas), equilibrado en capacidad de armamentos, pero totalmente desequilibrado a la hora de tener en cuenta el valor y el sentido que se le da a la vida y la supervivencia de un lado y otro del "campo de batalla".

Tras todo ésto, la historia de siempre: una gran crisis económica y financiera a nivel mundial, las grandes potencias endeudadas a límites insospechados, ajustes, aprietes, desempleo generalizado, descrédito por los organismos internacionales (Estados Unidos lo practica desde hace décadas...), ausencia de la necesidad de las negociaciones diplomáticas y el caldo de cultivo perfecto para "barajar y dar de nuevo"... o lo que es igual, el muy posible inicio de una nueva conflagración mundial en poco tiempo más. Con un ingrediente alarmante: uno de los bandos considera la "desaparición física" como el equivalente de victoria...

Marcelo García
"Historias Lado B"

martes, 20 de marzo de 2012

Martin Luther King y su último discurso contra... Coca-Cola

Martin Luther King durante su último discurso en Memphis.

El 3 de abril de 1968, Martin Luther King Jr. daba el último discurso de su vida en el principal centro de reunión de la "Iglesia de Dios en Cristo", Mason Temple (Memphis, Estados Unidos). El pastor estadounidense de la Iglesia Bautista llevaba adelante en los Estados Unidos una labor crucial al frente del Movimiento por los Derechos Civiles para los afroamericanos, además de expresarse en reiteradas oportunidades en contra de la guerra de Vietnam, la pobreza y la desigualdad fundamentalmente.
Martin Luther King Jr. no se desentendía de nada y no le importaba ser "políticamente incorrecto" llegando hasta el fondo mismo de los problemas que aquejaban por entonces a la racista sociedad norteamericana.

Entre los varios problemas que oprimían a los negros en los Estados Unidos estaban el trato, las condiciones de trabajo y las políticas de contratación de los mismos en la fábrica de Coca-Cola en Memphis (Sólo por nombrar uno...). Los trabajadores negros de la planta recibían un trato totalmente distinto al de los blancos y sus derechos, por supuesto, eran prácticamente inexistentes comparados con los de los "norteamericanos puros".

Esa noche, la del 3 de abril, en un pasaje de su (a la postre) último discurso, dedicó precisamente unos párrafos al gigante de la bebida efervescente.
Dijo en un momento Luther King:
"Y así, como resultado de ésto, te pedimos esta noche, salir y decirle a tus vecinos que no compren Coca-Cola en Memphis. Díles no comprar la leche Sealtes. Díles que no compren - ¿Cuál es el otro pan?... Wonder Bread. ¿Y cuál es la otra compañía de pan, Jesse (N. de R.: Jesse Jackson)? Diles de no a comprar el pan de Hart. Como Jesse Jackson ha dicho que, hasta ahora, sólo los pordioseros han estado sintiendo el dolor, ahora debemos redistribuir el dolor. Estamos eligiendo a estas empresas porque no han sido justas en sus políticas de contratación, y las estamos eligiendo porque pueden iniciar el proceso de decir, que van a apoyar las necesidades y los derechos de estos hombres que están en huelga". 

Martin Luther King se había metido con uno de los emblemas del poder norteamericano establecido. Al día siguiente, 4 de abril de 1968, mientras se encontraba en un balcón del Lorraine Motel, lugar en donde se hospedaba, un balazo terminó con su vida a las 18:01 hs. de aquella conmovedora jornada.
Las últimas palabras de Martin Luther King mientras agonizaba en el suelo fueron dirigidas al músico Ben Branch, quien iba a presentarse esa misma noche en una reunión a la que también asistiría King: "Ben, prepárate para tocar "Precious Lord, Take My Hand" (Señor, toma mi mano) en la reunión de esta noche. "Tócala de la manera más hermosa".

El poder real de los Estados Unidos tenía (según su criterio) a partir de ese momento un problema menos.