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martes, 6 de septiembre de 2016

La Fundación Ana Frank reconoce finalmente que el padre fue el autor de la novela

La transcripción textual del artículo, no necesariamente implica la total coincidencia con las opiniones del autor  y pone la mirada pura y exclusivamente en la historia oculta sobre el libro en sí mismo de manera puntual. Historias Lado B no niega ni desconoce la perpetración del Holocausto contra miles de víctimas.

 Otto y Ana Frank.


El diario de Ana Frank se enfrenta a una disputa legal entre quienes defienden que la obra debe estar libre de derechos de autor a partir de 2016 y el Fondo Anne Frank de Basilea (Suiza), que reclama que los derechos de emisión deben seguir vigentes.
Esta fundación con sede en Suiza, que es la propietaria actual de los derechos de edición de los diarios, reclama que el padre de Ana Frank, Otto Frank, es coautor de estos escritos, por lo que los derechos de autor no expirarían en 2016, informó hoy el periódico neerlandés Volkskrant. La ley vigente en Países Bajos establece que los derechos de autor de una obra expiran 70 años después del fallecimiento del autor, y Ana Frank falleció en marzo de 1945 en el campo de concentración alemán de Bergen-Belsen.

Dado que Otto Frank, hasta ahora considerado solo editor del diario, falleció en 1980, la fundación exige que esta obra siga bajo derechos de autor hasta 2050.


Por su parte, la Fundación Anne Frank, encargada de gestionar la casa museo en Amsterdam donde Ana y su familia se refugiaron durante la Segunda Guerra Mundial, declaró que los derechos de autor expiran el próximo año, según recoge el diario neerlandés.
Un calígrafo pudo comprobar, además, que todo había sido escrito por la misma mano y que, por tanto, no podía ser la de Anne Frank.



Se trata de Minna Becker, perito calígrafo judía, quien afirmó ante el juez, repetidamente, que toda la escritura del diario pertenece a una misma mano (35). Para dilapidar este tema sólo ha hecho falta acceder a las cartas auténticas que Anne Frank escribió de niña a unas amigas, publicadas en los Estados Unidos; la letra de estas cartas sí tiene el aspecto normal de una niña de 10 ó 12 años, lo que no es el caso del “manuscrito original”, que nos revelan a un autor de mayor edad.
La Fundación Anne Frank anunció incluso que ya prepara el lanzamiento de una nueva edición, libre de copyright, de los diarios de Ana Frank, una obra que cuenta con el reconocimiento internacional y está dentro de la lista de patrimonio de laliteratura mundial y documental de la Unesco. Sus diarios, símbolos del horror de la Segunda Guerra Mundial, han sido traducidos a 70 lenguas y vendidos en 100 países diferentes, y han inspirado a ocho producciones cinematográficas.
El Diario de Ana Frank relata la conmovedora historia de Annelies Marie Frank, una joven judía que se ocultaba de los nazis durante la ocupación alemana de Amsterdam. El libro tenía previsto pasar a formar parte del patrimonio cultural libre el uno de enero de 2016, pero algo se lo ha impedido. Ahora resulta que tiene un nuevo autor.
Las leyes europeas prevén que una obra pasa a formar parte del patrimonio público 70 años después de la muerte de su autor. Anna Frank murió en 1945, así que su diario iba a pasar a liberarse el 1 de enero de 2016. A la fundación suiza que gestiona los derechos del libro (y cobra por ello) no le ha gustado esto, así que han encontrado una treta legal para impedirlo.


 Esa treta ha sido nombrar a Otto Frank, padre de Ana, co-autor del diario. Hasta ahora, Otto Frank era solo el editor del libro, la persona encargada de recopilar y publicar los trabajos de su hija. Según lafundación con sede en Basilea, Suiza, el trabajo de Otto Frank a la hora de editar los diarios le hacen merecedor del título de autor, algo que no se había reclamado nunca antes y que resulta muy conveniente para la Fundación. Otto Frank murió en 1980, así que nombrarlo coautor asegura retener los derechos sobre el libro en territorio europeo hasta 2050. El problema no afecta a Estados Unidos, donde los derechos sobre el libro expiran en 2047, 95 años después de su primera publicación.

La maniobra ha generado un problema imprevisto para el Museo de Ana Frank en Amsterdam. La fundación sin ánimo de lucro que gestiona el museo llevaba tiempo preparando ediciones comentadas online del diario que se iban a publicar cuando expirasen los derechos. Maatje Mostart, representante de la casa museo, ha explicado que la publicación de estos trabajos divulgativos gratuitos aún no se ha decidido y siempre se hará de acuerdo a la legalidad. No obstante, Mostart ha rechazado la idea de que ni Otto ni ninguna otra persona puedan ser coautores del diario. El Museo de Ana Frank conserva buena parte de los cuadernos y manuscritos originales de la adolescente.

Juicio esclarecedor
Mayores sospechas nos asaltan, lógicamente, al estudiar el pleito en que se enzarzaron el conocido escritor judío norteamericano Meyer Levin y el padre de Anne Frank. El juicio transcurrió entre 1956 y 1958 ante el County Court House de la ciudad de Nueva York, obteniendo el demandante Meyer Levin un fallo a su favor que condenaba a Otto Frank a abonarle una indemnización de 50.000 dólares de la época por “fraude, violación de contrato y uso ilícito de ideas”; el pleito, que se arregló privadamente después de la sentencia por obvio mutuo interés, versaba sobre la “dramatización escenográfica” y venta del “Diario”. El juez, así mismo judío, era Samuel L. Coleman, quien dictó sentencia en el sentido de que Otto Frank debía pagar a Meyer Levin “por su trabajo en el diario de Anne Frank” (25).

Para cualquier interesado, todo lo referente al caso Levin-Frank está archivado en la Oficina del Condado de Nueva York (N. Y. Country Clerk’s Office) con el número 2241-1956 y también en el New York Supplement II, Serie 170, y 5 II Serie 181 (26). Así pues, la sentencia del juez -y juez judío- en el sentido de que el autor del Diario es Meyer Levin y no la niña, existe (27).

Lo que interesa hacer notar es que de la lectura de la numerosa correspondencia privada de Otto Frank y de Meyer Levin que fue aportada al juicio como prueba de las partes, surge la grave presunción “juris tantum” de que el “Diario” “es substancialmente una falsificación” (28), y que el autor material de esa falsificación fue el igualmente judío Meyer Levin. Levin, en legítima defensa de sus derechos de autor, además de demandar al Sr. Frank por cuatro o cinco millones de dólares por su labor de parafrasear el manuscrito “para el fin que tenía que cumplir…”, pleiteó igualmente contra el productor de cine Kiermit Bloombarden, pues en la película -del mismo título que la obra- aparecen también escenas escritas por él y que no estaban contenidas en el Diario original.

Meyer Levin había sido corresponsal en España durante la guerra civil de 1936 a 1939 y más tarde enviado de la Agencia Telegráfica Judía durante los enfrentamientos con los palestinos entre 1945 y 1946. La Enciclopaedia Judaica le reconoce como “el primer escritor en poner en escena el Diariode Anne Frank (1952)” (Vol. 11, pág. 109).



Un timo moral
Richard Verrall (que publica bajo el nombre literario de Harwood) advierte que la falsedad del mito de Anne Frank va mucho más allá, es muchísimo más profunda que la eventual falsificación del texto. Reside en la “unilateralidad” y en la “recurrencia infinita” del tema: una perfecta aplicación política de la propaganda actual del viejo tema de la niña inocente atrapada por la maldad exclusiva de los otros, pero que triunfa incluso después de muerta. El mito de Anne Frank, por la fuerza de su impacto sobre la sensibilidad colectiva, se convierte no sólo en símbolo de la “inocente” nación judía perseguida, sino más aún y contra todas las reglas de la lógica, en “prueba indiscutible” de la maldad intrínseca, inmedible, de los perseguidores.
Dresde, Alemania 1945. Reconozcámoslo pronto, en efecto, no importa desde un punto de vista humano que el “Diario” de Anne Frank sea una falsificación o no. Esta niña falleció, víctima del tifus -y no en una “cámaras de gas” inexistente en Bergen o convertida en “pastillas de jabón” que se han revelado una falacia, todo hay que decirlo-; y el padecimiento y muerte de cualquier niño es siempre lamentable.
Pero es importante constatar que los posibles sufrimientos de una niña judía de 14 años, en tiempo de guerra, no son más significativos por el “hecho” de que hubiese escrito un diario, que los sufrimientos tanto o más terribles de otros posibles niños judíos; o que las desgracias infinitamente más numerosas de otros niños alemanes, italianos, japoneses, polacos, rusos o de otras nacionalidades que han sufrido horriblemente por muchos otros motivos en esa misma guerra: despedazados, quemados vivos a millones, mutilados o inválidos para toda la vida a causa de los bombardeos masivos de población civil efectuados por los aliados contra ciudades abiertas alemanas; abandonados en medio del caos ante la muerte o desaparición de sus padres; violados, corrompidos por la barbarie de buena parte de las tropas enemigas. Sólo en el Holocausto alemán de Würzburg, durante los últimos días de la guerra, fueron quemadas 5.000 personas, de entre las cuales más de 100 niñas y mujeres se llamaban Anna, convertidas en cenizas durante la noche del 16 de Marzo de 1945.
¿Pero quién se acuerda de tal suma de horrores sufridos por los no judíos? ¿Quién llora por el niño alemán que, en Dresde, junto a otros 250.000 civiles, mujeres y niños principalmente, corre aullando envuelto en el fuego inextinguible del fósforo líquido? ¿Quién por la niña alemana violada varias veces hasta la muerte por una sucesión de bestias animadas a ello por el judío soviético Ilya Ehrenburg? ¿Quién escribe novelas lacrimógenas por los no menos reales e inocentes niños japoneses de Hiroshima y Nagasaki? ¿Quién por los niños de la misma edad de Anne Frank, masacrados en Paracuellos del Jarama, que en su propio país tampoco cuentan con una calle?. Nadie.

No hay “best sellers” para ellos, no hay “dramatizaciones”, ni 50 ediciones, ni cine, ni teatro, ni bombardeo televisivo, ni campañas en su nombre, ni recogidas de firmas, ni movilizaciones entre los partidos políticos del sistema y sus parlamentarios, ni manifestaciones públicas cincuenta años después, ni nadie que quiera recordarles cambiando el nombre de una calle, por pequeña que esta fuera. ¿Por qué? ¿Tal vez porque no cuentan con un lobby que haga del dolor un negocio sin precedentes? ¿Porque les falta la conveniente orquestación de los “mass-media”, que hacen del sufrimiento ajeno un arma política, con la intención de desarmar moralmente a quienes denuncian semejante hipocresía? ¿O deberíamos ser más atrevidos y decir que, simplemente, porque no son judíos?. Entonces habría que denunciar y perseguir igualmente a aquellos que por dinero o por oscuros intereses políticos y personales hacen, con los niños que han padecido en el pasado, discriminaciones en razón de su raza, religión o ideas políticas de los padres y sólo se acuerdan de unos niños muy concretos y minoritarios, soslayando a los demás. Se trata, sin duda, de un agravio comparativo.

Por Pedro Varela

Nota aclaratoria:
La transcripción textual del artículo, no necesariamente implica la total coincidencia con las opiniones del autor.

Referencias:
(1) y (2) WEBER, Mark: Anne Frank. Publicado en “The Journal of Historical Review” de Mayo/Junio de 1995, pág. 31.
(3) “Daily Telegraph” 24.3.1933 y “Daily Express” de misma fecha.
(4) IRVING, David: Pruebas contra el Holocausto. Conferencia en el Hotel Majestic de Barcelona, el 17 de Noviembre de 1989.
(5) FELDERER, Ditlieb: Il Diario di Anna Frank: una Frode. Edizioni La Sfinge, Via Marchesi, 30, Parma (Italia), 1990, pág. 6.
(6) HARWOOD, Richard (Richard Verrall): ¿Murieron realmente seis millones?. Historical Review Press, Inglaterra, 1977.
(7) Enciclopaedia Judaica, citada en FELDERER, opus. cit. Pág. 14.
(8) BENZ, Wolfgang: “Legenden, Lügen, Vorurteile: Ein Wörterbuch zur Zeitgeschichte”. DTV Deutscher Taschenbuch Verlag. 2ª Edición, 1992 y FELDERER, pág.
13:Enciclopedia Brockhaus, Vol (6-450).
(9) PAZ LOPEZ, María: La niña que contó lo inexplicable. “La Vanguardia” de Barcelona, el Miércoles día 15.3.95, pág. 2 de “Revista”. Según BENZ opus. cit., esta cifra en 1992 era de 16 millones.
(10) BOCHACA, J.: El mito de Anne Frank. Revista Cedade Nº 170 de Marzo de 1989. Págs. 18 a 20.
(11) Anne Frank “Diary” a fake. Publicado en el periódico “Holocaust News” Nº 1, pág. 3, del Centre for Historical Review. P.O. Box 446, London SE23 2LS. Así mismo Enci. Judaica pág. 53 y Felderer op. cit.
(12) Enciclopaedia Judaica, pág. 53. Jerusalén, Israel, 1971-1972.
(13) ROTH, Heinz: Anne Frank’s Tagebuch, ein Schwindel., 1979.
(14) Enciclopaedia Britanica. Citado por Felderer.
(15) BOCHACA, opus cit.
(16) y (17) FELDERER, opus. cit. pág. 13 y pág. 22.(18) BOCHACA, opus cit.
(19) PAZ LOPEZ, opus. cit.
(20) BOCHACA, J.: El mito de Anne Frank. Revista Cedade p.18-20.
(21) BOCHACA, J.: El mito de los seis millones. Ed. Bausp, Barcelona, 1978; pág. 100.
(22) HARWOOD, opus. cit.
(23) BOCHACA, opus. cit. y también FELDERER, opus. cit. p. 14.
(24) Citado por “Kommentare zum Zeitgeschehen”. Folge 269. September 1993, p. 65.
(25), (26), (27) y (28) BOCHACA, J.: El mito de Anne Frank. Revista Cedade. Pág. 18




Fuentes:
https://queleer.com.ve/2016/02/22/la-fundacion-ana-frank-reconoce-finalmente-que-el-padre-fue-autor-de-la-novela/
elclubdeloslibrosperdidos.blogspot.mx



miércoles, 4 de mayo de 2016

La batalla por el Castillo de Itter y la histórica jornada en que Aliados y Alemanes pelearon en el mismo bando

¿Es posible que el ejército norteamericano y la Wehrmacht alemana hayan participado de una batalla de la Segunda Guerra Mundial como... aliados? La respuesta y la situación dada, seguramente, te llegará a sorprender y -por supuesto- a interesar. Enterate cómo fue uno de los más extraños y no tan difundidos episodios de la mayor contienda bélica que enfrentó la humanidad.

 El Castillo de Itter.


La batalla se libró el 5 de mayo de 1945, justo cinco días después de que Hitler (siempre de acuerdo a la historia oficial) se suicidase en su bunker berlinés, y dos días antes de que el Alto Mando Alemán se rindiera incondicionalmente en Reims, Francia (no obstante, algunos restos del Ejército Centro Alemán seguirían resistiendo hasta el 11 y el 12 mayo). En una apartada colina cerca de Itter, en Austria, se encontraba el castillo medieval bautizado con el mismo nombre. Y sería en la defensa de este castillo donde por primera (y probablemente única) vez en su historia el ejército de los Estados Unidos se encontró defendiendo un castillo medieval. Pero no sólo eso. No es esa precisamente la gran particularidad. Es que en esa oportunidad, el ejército norteamericano contó con la ayuda de prisioneros franceses, miembros de la resistencia austríaca y lo que es más extraño todavía, de soldados alemanes de la mismísima Wehrmacht.

Por el bando de los norteamericanos participaron el 23º Batallón Blindado de la 12ª División bajo el mando del teniente John C. Lee Jr. Los 14 prisioneros eran grandes personalidades, políticos, miembros de la resistencia, sindicalistas e incluso deportistas, encarcelados allí por los nazis tras la invasión de Francia de 1940. Allí estaban los antiguos primeros ministros Edouard Daladier y Paul Reynaud, la hermana mayor de Charles de Gaulle, y el jugador de tenis Jean Borotra, entre otros destacados. Lo curioso del caso es que a su ayuda acudieron soldados antinazis del ejército alemán (quienes posiblemente viendo lo que se avecinaba, decidieron cambiar de bando).
¿Pero contra quién luchaban entonces esos soldados? El "enemigo" era en este caso nada menos que la 17ª División de Granaderos Panzer de las Waffen-SS. El desarrollo de los acontecimientos parece -sin exagerar en lo más mínimo- sacado de una película de Hollywood.

Todo comenzó el 2 de mayo, cuando en el castillo se suicidaba el último comandante de Dachau, Eduard Weiter. Al día siguiente Zvonimir Cuckovic, uno de los prisioneros en el castillo, miembro de la resistencia comunista yugoslava, consiguió escapar llevando un mensaje del comandante de la prisión. Con él llevaba una misiva escrita en inglés que debía entregar al primer americano que lograra encontrar. Se dirigió a Innsbruck, que está a unos 64 kilómetros de allí y esa misma tarde llegó a las afueras de la ciudad donde se encuentró con la avanzadilla de la 103ª División de Infantería norteamericana, informando sobre la existencia del castillo y también de los prisioneros. El 4 de mayo y viendo que Cuckovic no regresaba, el comandante de la prisión Sebastian Wimmer decidió abandonar el castillo seguido de sus hombres de las SS pero los prisioneros lograron tomar el control como así también las armas dejadas por los nazis. El prisionero checo Andreas Krobot llegó hasta la localidad de Wörgl (abandonada por la Wehrmacht pero reocupada por las SS) y contactó finalmente con la resistencia austríaca. Así, logra ver al mayor Josef Gangl, comandante de lo que queda de una unidad de la Wehrmacht que, desobedeciendo las órdenes de retirada, se une -inesperadamente- a la resistencia.

El Capitán Lee y el Mayor Gangl.


Gangl y sus hombres defendieron a los austríacos de las posibles represalias de las fuerzas de las SS, y así se movilizaron calle por calle, puerta a puerta, además de conseguir llegar hasta la pequeña unidad de 4 tanques Sherman, del 23º Batallón Blindado comandado por el capitán Lee que se encontraba estacionado en Kufstein, unos 13 kilómetros al norte de allí, con una gran bandera blanca en busca de ayuda. Lee obtuvo el permiso del cuartel general para acudir en misión de rescate en ayuda de Gangl y lo hace con sólo 14 hombresa su disposición y un tanque que se suman a Gangl y sus diez soldados de artillería alemanes. Una auténtica aventura que podría llevarlos al desastre. A mitad de camino se enfrentaron a un grupo de las SS a las cuales terminaron derrotando. Una vez en el castillo cayeron en la cuenta de que los franceses han organizado la defensa liderados por un oficial de las Waffen-SS que se ha quedado para ayudarles. Lee colocó su tanque Besotten Jenny bloqueando la entrada principal, y a sus hombres en posiciones claramente defensivas, pero a pesar de que ordenó a los prisioneros franceses ocultarse, estos se sumaron valientemente a la defensa. En la mañana del 5 de mayo llegó el ataque de las Waffen-SS con una fuerza de entre 100 y 150 hombres (la defensa consistía en 25 soldados más los prisioneros franceses).

El general francés Maxime Weygand (a la derecha) y su esposa abandonando el castillo el 5 de mayo de 1945.



Al llegar la tarde las cosas no iban demasiado bien para los defensores, que habían visto como las SS destruían el tanque. Por fortuna para las 4 de la tarde llegaron los refuerzos del 142º Regimiento de Infantería, que consiguió reducir a los atancantes y hacer más de 100 prisioneros nazis. Gangl murió durante el combate a manos de un francotirador, fue nombrado héroe nacional en Austria e incluso le dedicaron una calle en Wörgl colocándole su nombre.
Esta batalla está considerada la más extraña de toda la Segunda Guerra Mundial, ya que es la única en que soldados aliados y alemanes lucharon juntos contra un enemigo común. Tal vez haya sido, incluso, la fuente de inspiración que luego daría lugar a la famosa película "La Fortaleza" dirigida en 1969 por Sydney Pollack.



Artículo original: http://www.labrujulaverde.com/2015/12/cuando-aliados-y-alemanes-lucharon-juntos-en-la-segunda-guerra-mundial-la-batalla-del-castillo-itter


sábado, 30 de enero de 2016

El "Ángel de Budapest" que engañó a Hitler y se enfrentó al Generalísimo Franco

Ángel Sanz Briz, el diplomático español que -engañando a Hitler y desoyendo a Franco- 
salvó a miles de judíos del Holocausto.

Ángel Sanz Briz, nacido en Zaragoza el 28 de septiembre de 1910, fue un español que tras estudiar Derecho e ingresar en la Escuela Diplomática, se enroló en las tropas franquistas apenas iniciada la Guerra Civil Española en 1936, tras lo cual -y una vez finalizada la misma tres años después- fue destinado por el gobierno español a Egipto como Encargado de Negocios de la embajada de su país.
Pero en realidad, fue mucho más que sólo eso.
En 1942, a sus 32 años de edad, contrajo matrimonio con Adela Quijano y Secades y recibió su segundo destino como encargado de negocios, pero en esa oportunidad asignado a la embajada española en Hungría, un Estado aliado a las potencias del Eje, en donde -sin embargo- aún no se había llevado a la práctica criminales medidas de exterminio de judíos y otros como las que ya estaban en marcha en toda la Europa ocupada por los nazis.(1)

Pero todo cambió drásticamente en marzo de 1944 cuando la Alemania de Adolf Hitler  invadió Hungría y fue el propio Adolf Eichmann quien se trasladó a la ciudad de Budapest para supervisar personalmente los nuevos  planes de exterminio de la comunidad judía del país, donde fueron asesinados durante el holocausto unos 565.000 judíos por los nazis.(2)
El 25 de junio de ese mismo año, Sanz Briz -poniendo en riesgo su propia vida ante las nuevas autoridades de la ocupación nazi- envió una carta informando secretamente a Madrid de las disposiciones anti-judías; algo de lo que (se supone) no estaba debidamente al tanto el Generalísimo Francisco Franco.
De todos modos, nadie se movió demasiado -excepto él mismo- y en el transcurso de apenas dos meses, unos 500 mil judíos fueron expulsados de sus hogares y deportados. Sin embargo, Sanz Briz no se dio por vencido ni mucho menos.

Así, su trabajo y desempeño como diplomático en Budapest estuvieron clarmente marcados por un profundo análisis de su propia conciencia, dado que -debido la "neutralidad" española en la Guerra-por supuesto que no estaba obligado en lo más mínimo a tomar una iniciativa tan arriesgada y peligrosa como la de refugiar a la mayor cantidad de judíos posibles en sus casas de acogida de la legación española, incluso poniendo dinero de su bolsillo y exponiendo su pellejo. Como las instrucciones recibidas desde Madrid fueron en la mayoría de las veces ambiguas, Ángel Sanz Briz se atrevió a desconocerlas y redoblar la apuesta. De hecho, el alarmante silencio de Madrid equivalía -a todas luces- a un dejar hacer a los nazis ocupantes.
Hitler y Franco, pese a todo, serían burlados.
El "Ángel de Budapest", tal como en adelante se lo conocería, siguió insistiendo a través de correspondencia a Madrid sobre el preocupante estado de cosas. Así, anotó en reiteradas oportunidades a sus superiores que "No obstante, en la nota verbal de referencia no se hace mención al hecho de que entre las 500.000 personas deportadas había un gran número de mujeres, ancianos y niños perfectamente ineptos para el trabajo y sobre cuya suerte corren en este país los rumores más pesimistas" (3), tras lo cual agergaría que "conseguí que el Gobierno húngaro autorizase la protección por parte de España de 200 judíos sefardíes (...) Después la labor fue relativamente fácil, las 200 unidades que me habían sido concedidas las convertí en 200 familias; y las 200 familias se multiplicaron indefinidamente, con el simple procedimiento de no expedir salvoconducto o pasaporte alguno a favor de los judíos que llevase un número superior al 200".

Al final del camino, las vidas de judíos salvados por el "Ángel de Budapest" fueron 5.000.
En cualquier caso, el valiente diplomático siempre obró por cuenta propia, aún sabiendo sobre las posibles posteriores consecuencias.
Años más tarde apareció en Washington un documento, escrito por Sanz Briz en el año 1946, en el que dejó claro que había actuado de motus propio y que siempre y en todos los casos, la respuesta oficial del gobierno de Franco fue la de mirar hacia otro lado y darle vía libre a los nazis. Sobre los posibles motivos por los cuales el Generalísimo jamás se decidió a matarlo ante semejante falta de lealtad y obediencia, el diplomático guardó un profundo e infranqueable silencio hasta el mismísimo final de sus días.
Como fuera, Sanz Briz continuó su carrera diplomática y posteriormente fue destinado a las ciudades de San Francisco y Washington (en Estados Unidos), Lima, Berna, Bayona, Guatemala, La Haya, Bruselas y -finalmente- Pekín.
El 9 de marzo de 1973 Ángel Sanz Briz, su secretaria, Aurora Aranaz, y el catedrático de Filosofía Iñaki Preciado Idoeta, convertido en su traductor personal, abrieron la embajada en Pekín. Sanz Briz a sus 63 años era de los más veteranos del escalafón diplomático y fue el primer embajador español en China. Se presentó como voluntario para aquella plaza por motivos -según él dijo- meramente personales.(4)
En 1976 fue destinado a Roma como embajador de España ante la Santa Sede, donde falleció el 11 de junio de 1980.
Se fue de este mundo sabiendo que todo había valido la pena (incluso el riesgo) y que con la suya, había salvado tantísimas otras vidas más.


Marcelo D. García
Historias Lado B



Referencias:
(1): Lacruz, José. «El ángel de Budapest». El periódico del Estudiante. El Periódico de Aragón. Consultado el 2008.
(2):  El destino de los judíos de Europa - El exterminio de los judíos de Hungría - Yad Vashem.
(3): Sella, Joan (25 de mayo de 2012). RTVE, ed. «Sanz-Briz, El Ángel De Budapest». RTVE. Consultado el 9 de agosto de 2012.
(4): Galarraga, Naiara (10 de marzo de 2013). El País, ed. «El traductor de la China de Mao». Consultado el 5 de abril de 2013.
Artículo consultado:
http://elpais.com/diario/2010/10/03/necrologicas/1286056801_850215.html


domingo, 20 de diciembre de 2015

El "Titanic del aire" que cayó en Rocha trasladaba "oro nazi"

Compartimos en "Historias Lado B" un muy interesante artículo de "El País" de Uruguay en donde -una vez más- se demuestra que las huellas de la Alemania nazi en Uruguay no se agotan en la batalla del Graf Spee o la boda de Josef Mengele en Nueva Helvecia.

Momentos en que "Lionel de Marmier" se preparaba para partir hacia Montevideo.  (Foto: Archivo)


El siniestro aéreo de la pasada semana (El artículo original hace referencia a Marzo de 2015) en Laguna del Sauce (Uruguay) evocó otro accidente ocurrido hace 70 años en la Laguna de Rocha. Allí, el hidroavión francés "Lionel de Marmier" debió hacer un amerizaje de emergencia, el 31 de octubre de 1945, tras la pérdida de uno de sus seis motores.
El imponente hidroavión, conocido en la época como el "Titanic del aire", trasladaba de incógnito, entre una delegación de diplomáticos aliados, a ex funcionarios nazis y lingotes de oro con destino a los lagos del sur de Argentina, reveló a El País el hijo de uno de los rescatistas, José Aldunate.

El padre de Aldunate administraba una estancia ubicada en las cercanías de la Laguna de Rocha. Luego que acuatizó el hidroavión, ayudó a llevar a tierra a algunos de los 46 pasajeros que iban a bordo. Como hablaba fluidamente francés, enseguida entabló amistad con el comandante del vuelo, André Chatel, según contó su hijo.
Chatel le entregó al administrador de la estancia, como obsequio por su ayuda, un elemento de última tecnología que llevaba el hidroavión, y que Aldunate conservó durante décadas en un cofre-fort. Su padre se lo legó en 1974, diciéndole que era "un secreto de Estado".

El vuelo del hidroavión "Lionel de Marmier" fue un acontecimiento en la época, y su accidente en Rocha motivó crónicas internacionales. A bordo, entre los pasajeros, figuraban diplomáticos, intelectuales y cineastas, entre otros. Uno de ellos era el poeta y diplomático brasileño Vinicius de Moraes (de 32 años entonces). También viajaban el ministro adjunto de Uruguay en Washington, Ramón Píriz Coelho, su esposa boliviana Ballón de Píriz, y el hijo de ambos, Ramiro, de 10 años (el único niño a bordo), quien décadas después, fue embajador en Egipto.
Una crónica del experto aeronáutico Juan Maruri, publicada en la página web de Historia y Arqueología Marítima, reseña que el 23 de octubre de 1945, de noche, el hidroavión despegó de Biscarosse (Francia) e hizo escala en Mauritania. Al día siguiente partió hacia Río de Janeiro, donde arribó sin incidentes el 25 de octubre. En la entonces capital brasileña subieron varios pasajeros. También se unió un grupo de periodistas que iba a filmar el vuelo. La investigación de Maruri documenta que el "Lionel de Marmier" —así llamado en honor de un as de la aviación francesa— era un aparato de 57,93 metros de largo y 43,46 de ancho por 5,66 de altura. Pesaba 75 toneladas y alcanzaba una velocidad de crucero de 320 kilómetros por hora. Después de seis horas de vuelo desde Río, el avión llegó a Rocha. Luego de un fuerte estruendo, un motor cayó al vacío. Una de las tres palas de las hélices se introdujo en el fuselaje. El impacto causó la muerte del periodista brasileño del diario OGlobo, Pedro do Amaral Teixeira, y amputó ambas piernas al cineasta francés Georges Emile Ansel, quién falleció en un hospital de Montevideo.




El comandante Chatel y pasajeros, poco después de arribar. (Foto: Archivo El País)


El "regalo".
Dos semanas más tarde, tras cambiar de lugar un motor y quitar otro para equilibrar las alas, el hidroavión voló hacia Montevideo y luego continuó su ruta hacia Buenos Aires.
Antes de reanudar su viaje tras solucionar la pérdida de uno de motores, Chatel le entregó al padre de José Aldunate un tubo que contenía un chaleco salvavidas de fabricación alemana, con la mejor tecnología de la época.
"El comandante le dijo a mi padre: Le entrego este obsequio con mucho cariño, con mucho peligro. Y cuidado con quién habla sobre lo que contiene el tubo", relató Aldunate.El padre de Aldunate abrió el regalo del comandante francés. Observó que el chaleco salvavidas contenía un tubo de oxígeno insertado en los pliegues, y una boquilla para aspirar oxígeno. En el acople ubicado al lado de la llave de salida del oxígeno, se aprecia claramente, tallado en el hierro, la cruz svástica, según las fotografías brindadas por Aldunate a El País. Otra foto del chaleco muestra al dorso el sello de fábrica: "Schwimmweste (chaleco salvavidas, en alemán). Anferderz FL 30164-2". En la conversación, el comandante francés reveló al padre de Aldunate que el hidroavión trasladaba hacia el sur argentino a varios funcionarios alemanes del recién derrotado Tercer Reich, y un cargamento de oro, aseguró Aldunate. Maruri, ex piloto militar y civil, consultado al respecto por El País, quedó sorprendido por esta historia.
"¡Es imposible lo que me está contando! ¡El hidroavión fue enviado a América por el propio Charles de Gaulle!", héroe de la resistencia en la Segunda Guerra Mundial. Maruri, sin embargo, desconocía la existencia de estos documentos facilitados a El País por Aldunate.
Refugio. Un libro del periodista argentino Abel Basti señala que, después de la finalización de la guerra en 1945, hubo una fuga de jerarcas nazis hacia el sur argentino.
Ayer (Nota: por el 23 de marzo de 2015), el diario Clarín consignó que un equipo de arqueólogos de la Universidad de Buenos Aires (UBA) dijo haber descubierto edificaciones ocultas levantadas para albergar a enviados de Hitler durante la Segunda Guerra Mundial.
Los investigadores encontraron varios objetos que indican que las construcciones se llevaron a cabo hacia la primera mitad de la década de 1940. Entre los hallazgos más trascendentes se cuentan monedas alemanas de entre 1938 y 1944 y porcelana alemana de aproximadamente esos mismos años. Los arqueólogo de la UBA creen que la jerarquía nazi nunca utilizó estos refugios porque cuando llegó a la Argentina se dio cuenta de que podía vivir en las ciudades, sin esconderse.


Artículo original: 
http://www.elpais.com.uy/informacion/titanic-aire-que-cayo-rocha.html



jueves, 3 de septiembre de 2015

Los nuevos aspersores de Auschwitz

Polémicos aspersores refrescantes en el memorial del campo de Auschwitz (Foto: Instagram de Nicola Tkacz)


Europa y el mundo entero ya han sufrido mucho, demasiado, durante el infierno desatado de la Segunda Guerra Mundial y los dolorosos horrores que -de un lado y otro de los bandos beligerantes- se han perpetrado. Muchos años después de tan tremenda tragedia y con las cicatríces aún sin cerrar, la historia parece volver a pasarle factura a la humanbidad asistiendo a un escenario dramático como en el que actualmente se ven obligados actuar miles y miles de emigarntes involuntarios que hueyn de atrocidades similares a las de entonces. Deberíamos haber aprendido, pero sin embargo, somos el único animal que tropieza dos veces (al menos) con la misma piedra. La historia, muchas veces (y ésta no es la excepción) es cíclica y, de tanto en tanto, parece repetirse para nuestra sorpresa.
Europa, por estas horas, experimenta -además de los dramas mencionados- una fortísima ola de calores sofocantes y así dadas las cosdas, no han sido pocos los que han intentado mitigar el mal con algunos remedios que (como tantas otras veces) terminan siendo involuntariamente peores que la misma enfermedad.
Los responsables del Memorial del Campo de Oncentración de Auschwitz, en Polonia, no escapan a las generalidades de esta ley. Puede que su idea haya sido incialmente para aplaudir, pero los efectos han sido -a todas luces- nefastos.

Procurando aliviar el intenso calor que afecta a los miles de turistas que visitan el campo, las autoridades del memorial decidieron colocar en la entrada del histórico recinto un sistema de aspersores de vapor de agua que les de el esperao refresco.
Nadie pudo dejar de sentirse afectado o aludido, sobre todo la gran cantidad de visitantes de origen judío, quienes no esperaron ni un minuto para manifestarse contra la particular iniciativa del museo.
Un reporte de The Jerusalem Post hace referencia a la terrible “conmoción e indignación” por parte de no pocos turistas israelíes de visita en esa zona de Polonia.
Es que la innecesaria similitud de estos modernos aspersores con las tristemente célebres cámaras de gas donde l historia oficial dice que murieron más de un millón de ciudadanos judíos se convirtió en tema de conversación y motivo de dolor y  enojo para quienes vivieron la inolvidable experiencia.

Otros ciudadanos judíos consideraron que el tema se había sobredimensionado. Uno de ellos fue el Gran Rabino Michael Schudrich, quien dijo que el proyecto de la administración local de “garantizar la seguridad a sus visitantes” (dados los insoportables 40 grados centígrados a la sombra) no era para compararlo con las atrociddes de los nazis en otros tiempos. Semejante criterio manifestó Piotr Kadlcik, ex presidente de la Unión de Comunidades Judías Religiosas en Polonia.
"Los alemanes distorsionaron el concepto de ducha como fuente de limpieza y alivio, y lo equipararon con el horror puro. Nosotros no vamos a seguir ese camino", se encargó de apuntar.
Entre tanto, un comunicado oficial aparecido en la página de Facebook del Memorial de Auschwitz intentaba esclarecer el tema, toda vez que no fue a través de duchas que se le dio muerte a más de un millón de judíos, sino mediante “agujeros en el techo o en las paredes” por el cual pasaba el gas Zyklon B, el único causante de tantas muertes. Válida o no, oportuna o fuera de lugar, una cosa como la otra podrían haberse evitado.

Marcelo García


Fuente de información:
https://es-us.noticias.yahoo.com/blogs/el-viralero/pol%C3%A9mica-por-la-instalaci%C3%B3n-de-aspersores-de-vapor-de-agua-en-el-memorial-de-auschwitz-210220395.html


sábado, 25 de julio de 2015

La máscara antigas de "Mickey Mouse" que Walt Disney pensó para un Mundo Maravilloso

 Walt Disney presenta el proyecto de máscara antigas de Mickey ante oficiales del Ejército de los Estados Unidos en 1941.


Durante los oscuros y sanguinarios días de la segunda guerra mundial, de un lado y del otro se tomaron las debidas medidas y precauciones del caso, dando como posible un eventual ataque químico entre los bandos en pugna. En los Estados Unidos -mientras tanto- ya había quienes buscaban no sólamente estar prevenidos, sino también "gracias a la guerra" poder captar un público impensado y sin igual. Así, Walt Disney -el genial creador de tantísimas maravillas animadas- y el fabricante norteamericano Sun Rubber Company crearon -juntos- una curiosa máscara antigás con la cara del ratón Mickey para intentar hacer menos aterradora para los niños la situación de tener que usarla.

Durante el año 1942 (a poco de haber ingresado formalmente los Estados Unidos a la guerra) se llegaron a producir mil de estas máscaras y, finalmente en 1944, la marina norteamericana dio el visto bueno. De hecho, tanto había gustado la idea de  hacer también de la guerra un "Mundo Maravilloso" de Disney- que se planteó la creación de más modelos con la cara de otros personajes de Disney. La máscara era una versión pensada para niños de entre 18 meses y cuatro años. El fin de la guerra, sin embargo, interrumpió el curioso proyecto y apenasunas pocas de estas extrañas piezas sobrevive en la actualidad. Una de ellas puede verse en el museo de armas químicas del ejército en Fuerte McClellan, Alabama. Otra pertenece al museo de la 45 División de infantería y se dice que una tercera es el prototipo de Disney que la compañía custodia en Burbank.

Máscaras con cara felíz y orejitas para los niños norteamericanos.

Uno de los prototipos de máscara conservado en un museo de los Estados Unidos.


Imágenes:  AP, Allison Meier/Atlas Obscura

martes, 7 de abril de 2015

Sobreviviente del Graf Spee festejó sus 95 años en Castelar

La Batalla del Río de la Plata trajo la Segunda Guerra Mundial a las costas de Argentina en 1939. Un marino del buque insignia de la armada alemana contó a Castelar Digital la aventura de su vida. “Era un buque sorpresivo”, relató y recordó su vida en alta mar y qué hacía durante el combate. “No volví a Alemania por amor”, dijo. 
Publicado el 1º de abril de 2015 en: http://www.castelar-digital.com.ar/nota.asp?id=443

Heinz Berger a sus 95 años.


Desde una mesa frente a la estación, y acompañado por su nieto, mira pasar las formaciones del Ferrocarril Sarmiento. Con sus 95 años recién cumplidos, sus ojos claros miran el movimiento de las máquinas desde una mesa de la pizzería Noi, pero su mirada se va en sus recuerdos. Nada se parece Castelar y su paisaje al frío Mar Báltico que moja la ciudad de Kiel, en Alemania, donde se hizo marino hace ya más de siete décadas. Tampoco se asemeja a su pueblo natal, Hof, ni al puerto de Wilhelmshaven, en el Mar del Norte, donde se topó por primera vez, cara a cara, con aquel gigantesco buque que cambiaría para siempre su vida, su historia y la historia de medio mundo.

Heinz Berger cuenta en un castellano aprendido cómo fue su vida a bordo del “Panzerschiff” Admiral Graf Spee. Reconoce que es uno de los últimos sobrevivientes de aquel buque que fue la nave insignia de la marina alemana durante la década del 30 y que, con el país europeo bajo dominio nazi y envuelto en los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en un dolor de cabeza para la armada británica.
El 'acorazado de bolsillo' Admiral Graf Spee es uno de los buques más famosos de la historia moderna. Se trató de un acorazado liviano fabricado bajo las estrictas normas que tras la Primera Guerra Mundial no le permitían a Alemania tener buques pesados. Por lo que se trató de un barco rápido pero con artillería pesada, para ser más poderoso que cualquier barco más lento que él y más rápido que cualquiera que lo superase en el calibre de sus armas. La Segunda Guerra Mundial comenzó en septiembre de 1939 y desde Argentina se la veía lejana, ajena y europea. Pero en diciembre del mismo año la guerra se presentó frente a las cosas de Buenos Aires. La llamada Batalla del Río de la Plata enfrentó al Graf Spee con tres cruceros británicos en medio del río que separa a Argentina y Uruguay y frente a la mirada de miles de testigos que frenaron su vida para presenciar el espectáculo del horror de la guerra.
“El barco era inmenso, sorpresivo, sorprendente. Este era el más potente en aquel momento. Había dos más, el gemelo y el primero de todos. Eran los más poderosos de la flota. El Deutschland, el Admiral Scheer, y el Graf Spee, todos de diez mil toneladas, anteriormente eran todos de seis mil toneladas, este era de diez mil, era una novedad asombrosa para Alemania cuando surgieron estos”, explicó Heinz Berger a Castelar Digital.



Heinz Berger, de niño, junto a su familia en Alemania.


Heinz era mecánico. Estaba terminando la escuela secundaria y trabajando en una fábrica en Zwickau cuando decidió ingresar en la marina. Su decisión fue clara, no quería ser soldado de infantería y estaba pronto a llegar a la edad en la que debía cumplir con el servicio militar obligatorio y no tendría la oportunidad de elegir en qué fuerza desempeñarse. Nunca imaginó que su elección lo alejaría de su familia por tantos años y lo llevaría a radicarse a miles de kilómetros de distancia, en otro continente, con otro idioma y con una historia increíble que años más tarde le contaría a sus nietos. “Yo era mecánico. Tenía estudios en eso, y antes de ir al ejército, prefería terminar de mecánico en el servicio técnico del Mar Báltico. Fueron primero ocho días bajo control médico, después podías partir a la compañía y empezaba el reclutamiento. Con todo, con arma y todo, era bastante duro. Era un cuartel grande, varias divisiones, cerca de Suiza. Fueron seis meses de instrucción en tierra. Al final había que hacer una demostración de todo a los que estaban a cargo de nosotros antes de partir, cada uno tenía su destino. A mi me sorprendió, porque había elegido ir a la parte sur, a Kiel, pero y me destinaron al Graf Spee que tenía puerto en Wilhelmshaven, en Mar del Norte. No había más que decir, ese era mi destino”, explicó Berger.
Ingresó directo al escalafón técnico con la misión de atender y mantener las bombas centrífugas que filtraban y alimentaban de agua pura a los motores diésel del barco. Bajo cubierta, su tarea era fundamental para el buen funcionamiento de las máquinas. En alta mar, en turnos rotativos de cuatro horas, las máquinas debían ser atendidas las 24 horas. En las situaciones de combate, y si no estaba en uno de sus turnos con las máquinas centrífugas, no había descanso y se desempeñaba en el abastecimiento de los cañones principales del buque, con un calibre de 280 milímetros. “El primer encuentro con mi puesto fue muy bueno, me gustó mucho.  Muy lindo, una linda sección. Muy tranquilo, porque más arriba, tocaba trabajar con los motores diésel, un ruido espantoso. Atender la bomba, era un lindo servicio. Limpiaban el agua para los motores, era mi especialidad”.

El Graf Spee deja atrás el puerto de Montevideo.



El Graf Spee era el buque insignia de la armada alemana por lo que también fue un embajador marítimo en los años previos de la guerra. Participó en la coronación del Rey Jorge VI del Reino Unido en mayo de 1937 y repatrió las tropas alemanas de la Legión Cóndor tras la Guerra Civil Española. “En el barco fuimos haciendo pequeñas maniobras en el Mar del Norte. Y nos llamaron al primer viaje largo, era llevar el barco nuestro a buscar la legión cóndor. Había que traerlos hasta Hamburgo. Fue mi primera campaña. No desembarcamos en España. Era un viaje tranquilo no podía ser atacado, no había peligros”.
“El viaje más interesante fue una campaña a Ceuta. Lo que más he disfrutado fue hacer Mar del Norte, Lisboa, sur de España, estrecho de Gibraltar. Fue impresionante el estrecho, se ve España de un lado, África del otro. La gente venía a visitar el barco. En Ceuta hicimos excursiones a pie, recuerdo mucha gente con turbante”, rememoró el marino.
Al regreso del viaje a África Heinz tuvo la oportunidad de ver a sus padres. Fueron pocos días en los que le permitieron regresar a su casa. Sin poder avisar llegó de noche. Recuerda como si fuera hoy que de madrugada arrojó bolas de nieve a las ventanas de la casa para despertar a sus padres y así poder saludarlos. Fue la última vez que regresó a su casa, su próximo hogar lo tendría en América.

Zafarrancho de combate.
Tras los viajes de campaña, la paz se terminó en Europa y -con Alemania bajo dominio Nazi- comenzaron las batallas. “Estábamos en el Mar del Norte haciendo maniobras y nos llamaron a puerto, a dique seco. Pasamos la noche picando el casco y pintando, sacando óxido. Y al otro día cargando municiones. Partimos sin destino y sin poder tomar contacto con los familiares. Mis padres tenían comunicación con el comando de la marina, pero no personalmente, se había terminado el vínculo directo con la familia. El 21 de agosto del 39, nos sacaron a las 7 de la noche, despacito, el Graf Spee salió de puerto, poca gente en tierra nos dijo chau. Sólo la banda musical. Con una canción de despedida. Nosotros lentamente nos fuimos despidiendo… partir sin destino era un aviso. Pero nuestro pensamiento era otro, si el barco deja tres meses el puerto natal, recibíamos dinero extra. Si estabas tres meses fuera de la patria. Nosotros teníamos la esperanza de cobrar… los tres meses se hicieron mucho mas…”, remarcó Heinz, y continuó, “salimos el 21 de agosto y el 3 de septiembre, Inglaterra declaró la guerra a Alemania. El capitán ordenó que toda la tripulación vaya a popa, vino el comandante y nos dijo; ‘estamos en guerra con Inglaterra, y nuestra misión es atacar toda la marina mercante inglesa’. ¡Mire qué noticia! Cuando uno es joven lo toma a la ligera… no lo festejamos, algo nos imaginábamos por el cargamento y la partida turbia, pero lo tomamos a la ligera. Tener una misión generó la imagen de fuerza. No era contra barcos de guerra, que son muy peligrosos, sino contra los mercantes”. El buque no viajaba solo. Con él, pero a mucha distancia, sin verse uno del otro, navegaba el carguero Altmark con la misión de abastecer de agua, aceite, combustible y víveres al Spee. No llevaba munición y sólo se acercaba en momentos pre pactados. Bajo el mando de capitán Hans Langsdorff, el Graf Spee recorrió el Océano Atlántico de Norte a Sur, se internó en el Índico y regresó al Atlántico. En su recorrido interceptó, tomó, atacó o torpedeó a una docena de buques mercantes sin matar a ningún marino enemigo. El procedimiento era común en todos los casos, se le advertía al buque interceptado, por radio, con señales de luces o con banderas, cuáles eran los fines del buque, o se le disparaba por delante de su trayectoria para que se detuviera. Si el buque no transmitía por radio el ataque o su posición, el Graf Spee se acercaba y salvaba a la tripulación. Para acercarse, el Spee se valió de distintos camuflajes: desde pinturas especiales en el casco que mostraban espuma en su proa, para dar la falsa imagen de velocidad, como también la construcción en madera y tela de más chimeneas, otros cañones o hasta la utilización de banderas de otras naciones. Era un verdadero corsario. Al generar la confusión lograba acercarse hasta la distancia letal de sus cañones. Los buques atacados no tenían alternativa y se entregaban. “Estuve siempre bajo cubierta, no subía arriba para nada. Te enterabas  lo que pasaba arriba, pero no lo tomábamos muy en serio. No teníamos mucha conciencia, éramos jóvenes, no tomábamos con angustia esto”, explico Heinz de aquellos momentos de combate. Tras la captura las tripulaciones eran transferidas al Altmark y se tomaban también las provisiones de los buques antes de hundirlos.

 Tras varios meses de derrotero el Spee mostraba en sus motores las consecuencias del uso continuo. “La misión era más de tres meses, el barco necesitaba urgentemente la reparación general, los motores ya estaban gastados, habían trabajado demasiado. El comandante pensaba pasar Navidad en Alemania. Pero esto era muy peligroso y muy difícil. Los ingleses sabían que había un buque alemán, no sabían quién era, pero lo sabían porque habían desaparecido 12 buques mercantes”.
Con la proa al norte, buscando dejar el atlántico sur con la intención de acercarse a Alemania, el buque atravesó las rutas mercantes que unían el puerto de Buenos Aires con Gran Bretaña, una de las rutas que más abasteció a Inglaterra por fuera de sus colonias o países de la Commonwealth. En la distancia divisó tres columnas de humo, que representaban tres buques. “Nosotros pensamos que era un convoy (varios buques de carga navegando juntos), les hicimos señas pero ellos no contestaban, hubo que tirar uno de 28 (cañón principal) para frenarlos. Para ellos fue una sorpresa. Porque estaba todo oscuro”. Los tres buques pertenecían a la armada británica y tenían la misión de encontrar al buque alemán y destruirlo. Se trataba de los cruceros ligeros HMS Ajax y HMS Achilles y el crucero pesado HMS Exeter.




 El Graf Spee en llamas.


“El Graf Spee tiró primero, y respondió el Ajax pero con una bomba de ejercicio, sin explosivo. Fue tanta la sorpresa para ellos, no le dimos tiempo de cambiar la munición. Ahí nos dimos cuenta de que eran buques de guerra y empezó la contestación. En el siguiente disparo la torre principal de Exeter fue completamente destruida. Nosotros bajo cubierta no vimos nada, escuchamos los truenos, los cañonazos. Pero lo tomamos a la ligera, queríamos que terminara rápido. Era una cosa, no de angustia, no pensábamos en que íbamos a morir. Nada así. La angustia fue después cuando vimos compañeros nuestros que estaban heridos; Tuve un compañero que perdió el brazo, porque con el retroceso del barco con un cañonazo se cerró una puerta y le apretó el brazo, perdió el brazo. Cuando el Spee disparaba tenía un retroceso de un metro el barco completo. Eran esas emociones, no lo que pasaba arriba”. La Batalla del Río de la Plata comenzó al amanecer y se desarrolló por casi dos horas. Los buques británicos buscaron horquillar al alemán que se defendió con todos su cañones. En la batalla el Spee recibió alrededor de 70 impactos y habían muerto una treintena de tripulantes. Desde el bando inglés el escenario era peor. El Exeter y el Achilles habían sido silenciados y no volvieron a combatir. Con muertos y severos daños necesitaron tras la batalla más de un año de reparaciones en las Islas Malvinas para volver a navegar.

Los nazis, la trampa de Montevideo y Enrique.
Aún con sus cañones apuntando a los buques ingleses, el Spee se internó en el Río de la Plata dejando tras de si una nube de humo para enmascararse. Previendo un ataque con torpedos y ante la imposibilidad de dirigirse a Buenos Aires por la poca profundidad de los canales del puerto, el Capitán Langsdorff se decidió por la capital uruguaya. “Montevideo era una trampa. Pero ellos nos encerraron, nos tiraron torpedos, nosotros los esquivamos. El comandante estaba herido, estaba ligeramente herido en el brazo por la esquirla de una bomba. Montevideo fue una trampa, no nos daban el tiempo suficiente para reparar el buque, solo 72 horas. Pero más días para reparar era también más tiempo para que la flota británica se rearmara. Había más acorazados que podían llegar al Rio de la Plata. El capitán tuvo que decidir, él era responsable  de todo. Alemania le respondió mal y lo tomó como un cobarde. Una injusticia”, recordó Heinz.

En Uruguay, el buque pidió herramientas y materiales para realizar las reparaciones de emergencia, pero las autoridades uruguayas se ampararon en su neutralidad y no le brindaron ayuda. Tras el gobierno uruguayo se encontraba el inglés que presionaba para que el Spee sea empujado nuevamente al mar y al combate. Desde Alemania se le ordenó a Langsdorff combatir hasta las últimas consecuencias. Orden que el capitán no obedeció. “Había fanáticos en el barco. Cuando llegaron los nazis a Alemania al principio todos eramos optimistas y estábamos emocionados, pero al poco tiempo nos dimos cuenta de que Alemania iba a terminar mal. Los nazis lo trataron de cobarde al Capitán que fue un padre para nosotros. En Montevideo enterramos a nuestros muertos y mientras los marineros que desembarcaron los saludaban con el saludo nazi, él hizo el saludo militar”, destacó el marino.

El Spee no estaba en condiciones de volver al combate. Sus 1600 tripulantes estaban condenados a una muerte segura si el barco enfrentaba nuevamente a los buques ingleses. El capitán debió tomar una difícil decisión: “Uno de los disparos del Ajax cayó donde estaba la máquina de purificación del aceite. Ese fue un problema. Teníamos aceite limpio para solo 8 horas. Y muy poca munición disponible, fue el motivo por el que no pudo hacer frente otra vez. El Altmark no transportaba munición, solo agua y aceite. La primera medida que tomó Langsdorff fue destruir todos los instrumentos y artefactos secretos que traíamos, a mazazos. Con las herramientas con los que trabajábamos. Tenía máquina “Enigma”, radar, había muchas cosas especiales. El funcionamiento de la torre que guiaba los tres cañones juntos. Además se sabía que si el barco no podía combatir se lo iba a hundir. Estaba el Tacoma en Montevideo, un buque mercante. Ahí estuvimos hasta que el barco reventó. Habían preparado todo. Un grupo voluntario había puesto explosivos... todo el mundo estaba en silencio. Solamente nosotros sabíamos, todos pensaban que cuando el Graf Spee levantara anclas empezaría la batalla nuevamente, solo nosotros sabíamos que no sucedería”.

En el atardecer del 17 de diciembre el Admiral Graf Spee levó anclas y lentamente se alejó del puerto de Montevideo. Una multitud se amontonó en la orilla para presenciar lo que esperaban sea un combate naval clásico. En Buenos Aires la expectativa era la misma, pero nada así sucedió. En medio del río el buque se detuvo. El capitán y sus oficiales, que habían comandado el buque hasta allí se retiraron del lugar en lanchas provenientes de Argentina y minutos después el Graf Spee explotó. 20000 personas presenciaron cómo el acero alemán voló por los aires mientras la superestructura del buque lentamente se perdía en las aguas turbias del río.  “Estaba en el Tacoma cuando explotó el Graf Spee, fue impresionante. Sabíamos que nos quedábamos en Argentina internados, ya estábamos informados. Era por tiempo indeterminado”.

Heinz Berger en Argentina, 2015.


Langsdorff negoció con las autoridades argentinas la internación de sus más de mil marinos. Primero en el hotel de inmigrantes en el puerto de Buenos Aires. Luego en colonias repartidas por todo el país. “Langsdorff nos reunió en el patio del hotel de inmigrantes y nos explicó qué pasaría con nosotros. Nos dijo que había conseguido nuestro asilo. Que estábamos a salvo. Que ya no podía hacer nada más por nosotros pero que estábamos a salvo. Esa misma noche se suicidó”. El comandante, cumpliendo el mito que reza que el capitán debe correr el mismo destino que su barco, se envolvió en una bandera alemana y se disparó en la cabeza.

Tras tres meses en el hotel de inmigrantes, Heinz fue trasladado a una colonia en la provincia de San Juan junto con 50 colegas. Alrededor de mil marinos, entrenados y recién salidos de la mayor guerra conocida eran una población a temer por cualquier país, Argentina prefirió separarlos en grupos reducidos. “Vivíamos en un campamento. Todos los días caminábamos varios kilómetros hasta un boliche donde escuchábamos la radio que por onda corta nos traía noticias de Alemania. Mi nombre es Heinz, pero en inglés lo más parecido es Henry, por lo que acá me pusieron Enrique. Inglaterra nos quería repatriar, o llevar como prisioneros de guerra. Algunos de mis compañeros se casaron para que no los repatriaran, pero los llevaron igual. Inglaterra decidía todo, los separaron igual. Yo conocí a una mujer, tenía trabajo, no quise volver a Alemania. No volví por amor, ya tenía otra vida aquí”, finalizó Heinz.
Su nueva vida en Argentina lo llevó a casarse, a tener una hija, a escaparse del campamento donde estaba con sus compañeros cuando llegó la orden de repatriación, a ser prófugo recorriendo otras provincias, trabajando escondido y perdiendo en este derrotero su uniforme y sus recuerdos del Graf Spee. A 75 años de su llegada a Argentina sigue reuniéndose con otros sobrevivientes  de la Batalla del Río de la Plata y con otros compatriotas que llegaron también en aquella época. Es posible cruzarlo en la estación de Castelar, en la ciudad donde viven su hija y nietos, aquí mismo festejó sus 95 años rodeados de afectos.

Entrevista: Gabriel E. Colonna y Leandro Fernandez Vivas
Redacción: Leandro Fernandez Vivas
Fotos: Gabriel E. Colonna, Eleonora Colonna, Libro Historia en imágenes del acorazado alemán Admiral Graf Spee.

http://www.castelar-digital.com.ar


Marcelo García -de Historias Lado B- juntoa Heinz Berger 
durante el homenaje al Capitán Hans Langsdorff en Buenos Aires, 21 de diciembre de 2014.



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domingo, 4 de enero de 2015

La perfecta niña nazi que era judía

Portada de la mayor revista familiar nazi 'Sonne ins Haus' con Hessy Taft.


Hessy Taft, una profesora estadounidense de origen judío de 80 años de edad, finalmente ha contado su increíble historia en recientes declaraciones al diario alemán 'Bild'. Cuando Hessy nació, pasó a ser una bebé modelo del III Reich: su foto, por entonces, ganó un concurso y  fue elegida para ser la imagen perfecta de lo que debería ser un bebé "ario" por el mismísimo ministro de propaganda nazi, Joseph Goebbels.
Al relatar su historia, Hessy Taft dijo entre el asombro y el terror: "Ahora puedo reírme de ello. Pero si los nazis hubieran sabido quién era en realidad, no estaría viva".
Sus padres, Jacob and Polin Levinson, se mudaron a Berlin desde su originaria Letonia en el año 1928 intentando encontrar un mejor destino como cantantes de música clásica, pero, una vez llegados al poder los nazis ya no pudieron seguir cantando, sencillamente por ser judíos.

Hessy nació en 1934, y con apenas 6 meses de vida, su madre la llevó a lo de un fotógrafo de moda, llamado Hans Ballin, para que le hiciera unas buenas fotografías. Fue ese mismo fotógrafo quien decidió finalmente enviar la foto de la niña al concurso de las niñas arias más lindas, aún a sabiendas de que ella era judía. Su posterior confesión, no podía heber sido más elocuente de sus intenciones y propósitos: "Quise ridiculizar a los nazis", diría Ballin un tiempo después. Y vaya si lo hizo.
La foto de Hessy apareció en la portada de la mayor revista familiar nazi 'Sonne ins Haus' en su edición del 24 de enero  de 1935, difundiénose luego en forma de postales que intentaban ilustrar a la población sobre cómo debería ser una "perfecta niña aria". Los padres de la niña quedaron tan aterrados que dejaron de salir con ella a la calle para que nadie la reconociera y, lógicamente, protegerla.

Hessy Taft: Hoy y ayer.


Tres años después, en 1938, Jacob Levinson fue detenido, pero afortunadamente, luego fue liberado y junto a su familia se trasladó a Letonia, recalando finalmente en París. Tras la ocupación nazi de Francia, lograron escapar a Cuba para llegar, tras tantas penurias, a los Estados Unidos en 1949. Hessy Taft reside allí actualmente y trabaja dando clases de química en la Universidad de San Juan, en Nueva York.
La perfecta niña nazi que -en realidad- era judía, es la viva imagen de uno de los más grandes engaños perpetrados contra el III Reich. Y nadie los obligó -como tantas otras cosas- a hacerlo.



domingo, 21 de diciembre de 2014

Un recordatorio especial a 75 años de la muerte de Hans Langsdorff en Buenos Aires

EXCLUSIVO. En un emotivo e histórico acto recordatorio, se conmemoraron los 75 años de la heróica muerte del Capitán de Navío Hans Langsdorff, comandante del acorazado de bolsillo alemán "Admiral Graf Spee". El homenaje se llevó a cabo en el Cementerio Alemán de la ciudad de Buenos Aires el domingo 21 de diciembre de 2014. 
"Historias Lado B" estuvo allí.

Homenaje al Capitán Hans Langsdorff en el Cementerio Alemán de Buenos Aires.


El domingo 21 de diciembre de 2014 tuvo lugar el recordatorio por el 75º aniversario de la muerte del Capitán Hans Wilhelm Langsdorff, llevado a cabo en el Cementerio Alemán de Buenos Aires, donde reposan los restos del marino alemán protagonista excluyente de la legendaria Batalla del Río de la Plata. Pasaron 75 años desde que Langsdorff -aquel lejano diciembre de 1939- se quitara la vida cumpliendo al pie de la letra con los viejos códigos navales y las leyes no escritas de la guerra, vale decir, esgrimiendo caballerescas cuestiones de honor. Tras una larga batalla que culminó frente a las costas de Montevideo, el acorazado de bolsillo "Admiral Graf Spee" sería autohundido por Langsdorff, evitando no sólo entregar su buque al enemigo británico, sino -fundamentalmente- impidiendo la pérdida de miles de vidas humanas de su propia tripulación y de las naves inglesas - los HMS Ajax, Achilles y Exeter- que lo enfrentaban y lo rodeaban. Ese es el gran legado de Langsdorff en esta historia y ésto no debe confundirse con posturas políticas o incluso con simpatía o antipatías por determinadas ideologías que -incluso el Capitán y sus enemigos- pudieran profesar. La grandeza de Langsdorff se centra en la preservación de las vidas humanas, las propias y -también- las del enemigo. Es que -aunque resulte extraño sostenerelo- se tenían códigos de guerra, convenidos y aceptados por los bandos beligerantes, que definitivamente son propios de otros tiempos.

Discurso inicial de homenaje al Capitán Hans Langsdorff en el Cementerio Alemán de Buenos Aires.

Un exaviador de la Royal Air Force y el Agregado Naval británico, dejan una ofrenda 
en la tumba del Capitán Hans Langsdorff en el Cementerio Alemán de Buenos Aires.


La ceremonia llevada a cabo en Buenos Aires fue -en cierta medida- un regreso a esos tiempos pasados, una romántica vuelta atrás. Allí, en el "Deutscher Friedhof" de Buenos Aires, no sólo se encontraban presentes familiares y descendientes de Langsdorff -entre ellos, su propia hija, la señora Inge Nedden- sino que además se acercaron al mausoleo a rendirle honores, quienes en 1939 fueron sus propios oponentes en la batalla. No se trata aquí de hacer apologías -nada más lejos de mi intención-, ni plantear cecanía con determinadas ideologías de un bando o del otro. Se trata de rescatar la caballerosidad, los códigos que hoy se han perdido dadas las características de la guerra moderna, el respeto a pesar de las diferencias, la camaradería expresada entre caballeros que tan sólo -ocasionalmente- se encontraban en bandos enfrentados defendiendo un ideal. No sólo alemanes se acercaron a rendir emotivo homenaje a Hans Langsdorff, viejos camaradas de batallas marinas, quienes escaparon de aquella tragedia, como por ejemplo el último sobreviviente de la batalla en la Argentina, Walter Heinz Berger.

Marcelo García, de Historias Lado B, junto a Walter Heinz Berger, marinero sobreviviente del Graf Spee.

Foto principal: Inge Nedden, hija de Hans Langsdorff, deja una ofrenda en la tumba de su padre
Foto pequeña: Marcelo García, de Historias Lado B, junto a Inge Nedden en el homenaje a Hans Langsdorff.


Lo fuerte y emocionante del acto llevado a cabo en Buenos Aires, es que se contó con la bienvenida presencia de un exaviador de la Royal Air Force y un marino neocelandés que también cumplía funciones a bordo de uno de los navíos ingleses durante la épica batalla naval. A ellos se unió un representante de la marina francesa y un conjunto de gaiteros escoceses. Así, los viejos enemigos, dejaron de serlo. Al sonar el toque de clarín para dar lugar a un respetuoso minuto de silencio, todos demostraron -dando forma a una memorable historia lado b- que la guerra también puede derivar en un indestructible acto de respeto y amor, sincero y fraterno que sea capaz de perdurar en el tiempo.
Tras una cruenta batalla, la guerra se transformó -este 21 de diciembre de 2014- en silencio, memoria, un puente hacia el futuro, deseos de reconciliación, plegarias por todos los muesrtos de la guerra y las víctimas del Holocausto, miradas con ojos humedecidos, apretones de manos y un abrazo que terminó de sellar la tan ansiada y buscada paz.

Marcelo D. García
Historias Lado B



Nota relacionada:

Un agradecimiento especial a Carlos Engels.

miércoles, 4 de junio de 2014

La odisea de los argentinos judíos en la Segunda Guerra

Consecuencias inesperadas de un cambio de política. Por orden de Adolf Eichmann, cuarenta ciudadanos de la Argentina fueron arrestados en Francia después de que el país abandonó la neutralidad; veinte de ellos fueron deportados y otros veinte sobrevivieron. La decisión recrudeció el enfrentamiento entre las dos líneas predominantes dentro del nazismo
Por María Oliveira-Cézar  | Para LA NACION

Las hermanas Hélène y Suzanne Moncarz, de 8 y 11 años, hijas del matrimonio de argentinos 
Salomón y Nehama Moncarz, deportadas en el convoy 68.. Foto: Archivo 


París.- Desde 1939 hasta 1944 el importante disenso sobre la neutralidad de la Argentina frente a la Segunda Guerra Mundial no había logrado cambiar la posición tradicional del país. Tanto los gobiernos civiles de los presidentes Roberto M. Ortiz y de Ramón Castillo como el del general Pedro Pablo Ramírez, instalado en el poder por la logia militar del GOU en junio de 1943, estaban decididos a defenderla. Y el GOU nombró a Ramírez al darse cuenta, en menos de tres días, del error cometido con su primer candidato, el general Arturo Rawson, un aliadófilo que hubiera podido terminar con la neutralidad. La inmensa mayoría de la población urbana, que era la que pesaba en la opinión pública, se sentía muy implicada en el conflicto por sus cercanos orígenes europeos, que fueron caldo de cultivo de las ideas fascistas, falangistas y nazis, apoyadas por el nacionalismo católico vernáculo y los sectores pro germánicos de los cuadros militares, así como de las que auspiciaban al liberalismo británico y el republicanismo francés y español, ya con cierta antigüedad en los sectores ilustrados y en los amplios sectores medios que ellos habían educado.

Si bien Ortiz, Castillo y Ramírez sostenían ideologías e implementaron políticas diferentes, cuando no opuestas entre sí, los tres coincidían en mantener la neutralidad. La diferencia principal era que la neutralidad de Ortiz no era favorable al Eje, como lo fueron la de Castillo y aún más la de Ramírez. No cabe duda de que la neutralidad permitía el desarrollo interno, continuar el estrecho vínculo económico con Gran Bretaña y a la vez mantener la buena relación con Alemania, y en particular no ceder ante la fuerte presión de Estados Unidos para que la Argentina integrara el sistema panamericano que ellos dirigían. Pero el difícil equilibrio se rompió cuando a las evidentes actividades antiargentinas del nazismo en el país se sumaron las pruebas del espionaje, con el fallido y torpe intento de compra clandestina de armamento a Alemania en momentos en que Brasil se hacía fuerte con las armas que Estados Unidos nos negaba por nuestra posición internacional.

Ante el escándalo público, Ramírez se vio obligado a romper las relaciones con el Eje. Fue el 26 de enero de 1944. Probablemente se consideraron las eventuales implicancias políticas, internacionales, económicas y muchas otras. Pero nadie consideró que la ruptura resultaría dramática para más de un centenar de judíos que residían en la Europa ocupada por el nazismo y que habían pasado ya más de tres años de la guerra protegidos de la deportación por su estatuto de ciudadanos de país neutral. Y a los que nadie les avisó.

Los hermanos Eddy y Elena Szabasohn, deportados a Auschwitz. Ambas fotos pertenecen al libro 
French Children of the Holocaust, de Serge Klarsfeld. La primera aparece en la página 1038 de la obra 
y la segunda, en la página 1263.. Foto: Archivo 


Nadie podía avisarles porque -al menos en Francia- los diplomáticos argentinos se enteraron de la ruptura por la radio, varias horas antes de que les llegaran los cables oficiales de la Cancillería. Y ellos mismos pasaron unos días sin saber a qué atenerse sobre su situación personal, ya que sólo una semana después Alemania les permitió seguir residiendo en sus domicilios privados hasta que se organizara su salida conjunta de los territorios ocupados para ir a un lugar neutral como Lisboa, donde serían canjeados por los diplomáticos alemanes y franceses en puesto en la Argentina. Tan complejo fue aquel canje que recién se iniciaría seis meses después de lo previsto. Los que estaban en Francia, que incluían a catorce mujeres y cuatro niños pequeños, saldrían en tren de París el 30 de julio, se reunirían en Friburgo con los que estaban en Alemania, Rumania, Bulgaria y Hungría, y atravesarían toda Alemania para arribar a un país neutral ya sin riesgo de bombardeos. Pasaron por Dinamarca y el 18 de septiembre llegaron a Gotemburgo, donde el centenar de diplomáticos y sus familiares pasaron todo un otoño y un invierno sin poder salir de la pequeña pero acogedora ciudad sueca, hasta que el 14 de marzo de 1945 fueron embarcados con destino a Portugal. Hicieron escala en Liverpool, donde no se les permitió bajar a tierra pero sí recibir a bordo a los colegas argentinos en Inglaterra. Después de dos semanas de navegar en aguas minadas, el 28 de marzo desembarcaron por fin en Lisboa, donde se les confiscarían los documentos hasta el momento del canje. Entretanto, para poder entrar en la futura ONU la Argentina acababa de declarar la guerra al Japón y a Alemania, cuando ya estaba casi ganada por los aliados. El 7 de mayo embarcaron en el Cabo de Hornos, que los dejaría en Buenos Aires el 17 de junio de 1945. El canje había durado casi exactamente un año, durante el cual los diplomáticos no sólo no gozaban de libertad sino que estaban expuestos a los peligros de la guerra sin ninguna capacidad de decisión y la mayoría de ellos con serios apuros económicos. El gobierno había decidido que cada funcionario costease sus gastos con sus sueldos, lo que era imposible porque por la enorme afluencia de refugiados no había lugar en ningún lado que no fuera lujoso. Y a ello se sumó el desasosiego de varias partidas anunciadas, preparadas y anuladas sin que se supiesen las razones, siempre con el temor infundado de que por algún motivo el canje no se hiciese y fuesen internados en alguno de los campos. Entre los funcionarios en Francia más activos en la organización de la vida cotidiana del grupo de rehenes argentinos durante aquel último año de la guerra se contaban Alberto Agüero, encargado de Negocios; Ramón L. de Oliveira Cézar, cónsul general; Horacio Olazábal, cónsul en París, y Alberto Saubidet, cónsul en Lyon. Pero estos inconvenientes vividos por nuestros diplomáticos a raíz de la ruptura son totalmente irrisorios frente a lo que ella haría sufrir a los judíos argentinos en territorios ocupados por el nazismo.

Como todos los judíos bajo el nazismo y el régimen de Vichy, los argentinos que vivían en Francia fueron registrados en el fichero organizado por la policía y gendarmería francesas, luego discriminados, expulsados de sus empleos en la administración pública. Incluso sus bienes fueron "arianizados", o sea, intervenidos, puestos bajo control de un individuo no judío y generalmente liquidados. Perdieron gran parte de sus libertades y derechos, pero los judíos de países neutrales no eran "deportables", o sea no estaban destinados al exterminio. Por eso era imprescindible registrarse en un consulado de su país. Además, sus condiciones de vida presentaban mejoras esenciales respecto de las de los judíos en general, sobre todo en el caso de los argentinos, ciudadanos del país neutral que el canciller Joachim von Ribbentrop privilegiaba. Si bien la mayoría de los funcionarios actuantes en Francia obedecía las normas ministeriales secretas que ordenaban denegar los pedidos de ingreso al país de judíos extranjeros, casi todos intentaron ayudar en lo posible a los que eran argentinos.

Buena parte de los cónsules actuantes en Francia trataron de defender las vidas y los bienes de los judíos argentinos, logrando que a los de su circunscripción no se les aplicara algunas de las exigencias y prohibiciones impuestas por Alemania o por Vichy, como llevar la estrella de David, frecuentar colegios públicos, jardines y espectáculos, obtener los mismos vales de raciones alimenticias que tenían los "arios", comprar a cualquier hora sin limitarse al corto horario reservado a los judíos, viajar en cualquier vagón del subte, salir de los límites de la aglomeración de su domicilio. Multiplicaron las atestaciones de nacionalidad, pegaron documentos de protección en sus casas y negocios, impidiendo así que fueran incluidos en las listas de personas por arrestar en las redadas; gestionaron por sus mercaderías bloqueadas e intervinieron contra la "arianización" de sus bienes con administradores franceses, proponiendo a argentinos que los administrarían sin liquidarlos. Inclusive lograron sacar de Drancy y de otros campos franceses a judíos argentinos detenidos por causas particulares o en controles callejeros.

Pero para intentar salvarlos había que saber que habían sido arrestados, y en ciertos casos las víctimas no pudieron comunicarlo a los consulados. Además, hay que tener en cuenta que hubo argentinos con doble nacionalidad que no se dieron a conocer como tales, que no se matricularon en ningún consulado, tal vez creyendo que su ciudadanía francesa los protegería de modo más eficaz, y cuyos nombres aparecieron al liberarse Francia en las listas nazis de deportación, seguidos de un lugar de nacimiento en la Argentina. Sólo entonces se supo que eran connacionales. De los nueve argentinos deportados y asesinados antes de la ruptura sólo uno de ellos, Jacob Yourowski, había contactado un consulado. Pero él fue arrestado con otros dos hombres cuando intentaba cruzar a España con papeles falsos, y los tres fueron deportados enseguida. Aunque los cónsules se hubieran enterado a tiempo no hubiesen podido hacer nada por él dado que tal hecho era considerado acto de resistencia, por lo tanto, "terrorista" e insalvable para los nazis y milicianos. Ninguna de estas personas fue deportada como argentina.

Al día siguiente de la ruptura Adolf Eichmann telegrafió de Berlín a los jefes SS y SD de Francia y de Bélgica la orden de arresto inmediato y deportación de todos los judíos argentinos residentes en sus jurisdicciones. Eichmann era subordinado de Heinrich Himmler, jefe supremo de los SS y de una de sus secciones, la Gestapo. La orden de Eichmann era la represalia directa a la inconcebible e inesperada ruptura argentina. La línea militar más dura y terrible del régimen nazi era reacia a cualquier negociación que pudiera impedir el asesinato de judíos o militantes antinazis, considerados todos enemigos que debían ser aniquilados. Es decir, en total oposición a la actitud de Ribbentrop y de los miembros de su embajada en París, quienes sin dejar un ápice de su nazismo mantenían amistosa relación con los argentinos, en particular con los del Consulado General y su entorno parisino, aun al precio de otorgar a los judíos argentinos concesiones que no se hacían a los judíos de los otros países neutrales. Esta relación la mantuvieron después de la ruptura, conscientes de preservar así los importantes intereses alemanes en la Argentina, y a la vez esos contactos cuyas buenas relaciones con los aliados les podrían ser útiles. Quién sabe si también, a sabiendas de la debacle militar del Reich pero sin jamás reconocerla, no preservaban un eventual refugio para después de su derrota.

La oposición entre estas dos líneas nazis aparece claramente con sus diferentes reacciones ante los judíos argentinos, eslabón más frágil que muy a su pesar estuvo en la primera trinchera de esa confrontación. Para cumplir con la orden de Eichmann fueron arrestados 40 argentinos, una treintena en París y sus alrededores en la primera y única redada dirigida contra argentinos, entre el 28 y 29 de enero, y los restantes fueron detenidos entre marzo y mayo en el interior del país, en Limoges, Marsella, Montecarlo, Nancy... A pedido oficioso del Consulado General a los consejeros de la embajada alemana, éstos pidieron el 1° de febrero al teniente coronel SS Heinz Röthke, antiguo jefe del campo de Drancy y superior del actual, el capitán Aloïs Brunner, que les entregaran la lista de los argentinos arrestados en Drancy. Röthke transmitió la orden al campo y el suboficial SS Weissl le contestó el 2 de febrero con una lista falsa de trece personas, omitiendo deliberadamente a las otras once que seguían allí, ya que un pequeño grupo había sido liberado por error horas después de su arresto. Jamás Weissl hubiera tomado esa iniciativa sin la orden explícita de Brunner, y tal vez el mismo Röthke había planeado este modo de obedecer a la vez la voluntad de sus propios mandos militares SS deportando a un grupo de argentinos, y la de los diplomáticos de Ribbentrop en París, permitiendo la supervivencia del otro grupo. Los once argentinos deportados por esa artera maniobra de los SS fueron Isaías Wulfman y su mujer Fajga; Salomón Moncarz, su mujer Nechama y sus hijas Suzanne y Hélène, de 11 y 7 años; Rebecca Benzonana; Elena Szabasohn; Henry Jerusalmy y su mujer Raquel, y Jaime Finkelstein. El único y paupérrimo consuelo es que no hayan podido ni siquiera imaginar que el responsable directo de su martirio obtendría luego refugio en su país.

El telegrama de Eichmann que ordena la detención de judíos argentinos. Foto: Archivo


Esas once personas no fueron alistadas porque los SS ya habían decidido deportarlas en el Convoy 68 del 10 de febrero, y de ese modo evitaron la intervención directa en favor de ellas de su propia embajada, que para quedar bien con los funcionarios argentinos hizo trasladar a las personas reconocidas como arrestadas a diversas dependencias de la Fundación Rothschild (el hospital, hospicio y orfelinato con ese nombre), anexadas administrativamente al campo de Drancy. Estar en Rothschild solía evitar la deportación, y el mejor trato que allí recibían les daba grandes posibilidades de sobrevivir. Con excepción de Pablo/Paul Recht, que fue igual deportado como francés por tener la doble nacionalidad, todos los de la lista falsa sobrevivieron, como algunos de los otros que arrestaron luego y fueron también remitidos a ese hospital por la misma doble intercesión que ya había funcionado. Como balance final, de los 40 argentinos judíos arrestados en Francia después de la ruptura, 20 fueron deportados y 20 sobrevivieron. Si sumamos a los deportados antes del 26 de enero de 1944 se llega a un total de 29 deportados judíos. No contabilizamos aquí a los 12 argentinos no judíos deportados por resistentes o por eventuales militancias izquierdistas.

El último 10 de febrero, en el 70° aniversario de esa primera deportación de argentinos como tales formamos una pequeña delegación de compatriotas para homenajearlos en el Mémorial de la Shoah de París, durante la ceremonia de lectura de sus nombres junto a la evocación de los 1.500 deportados en aquel Convoy 68 del 10 de febrero de 1944, organizada y conducida por Serge y Beate Klarsfeld.


María Oliveira-Cézar es una historiadora argentina residente en Francia
Viernes 11 de abril de 2014 | Publicado en edición impresa